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Sección: Editoriales / Golpe a golpe

Dirigentes cuestionados

Humberto Moreira Valdez ninguna necesidad tiene de írsele a la yugular a Felipe Calderón Hinojosa ni al secretario de Gobernación (Francisco Blake Mora)...

Por: Juan Sánchez-Mendoza 11/01/2011 | Actualizada a las 08:08h
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+ Moreira Valdez hace mal en usar un lenguaje ordinario
+ ¿Quiénes han llevado al tricolor a la debacle nacional?
+ Hay hartazgo hacia el PAN, pero igual hacia el priísmo
+ Lupita se va del tricolor porque es una “gallina” jugada
 
Humberto Moreira Valdez ninguna necesidad tiene de írsele a la yugular a Felipe Calderón Hinojosa ni al secretario de Gobernación (Francisco Blake Mora), para confirmar su popularidad política y fortaleza con que habrá de relevar a Beatriz Paredes Rangel en la dirigencia nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI).
 
Sin embargo el ex gobernador de Coahuila ha caído en lo ordinario, al espetar que el tricolor regresará a Los Pinos (en el 2012) para sacar de ahí a las tepocatas y víboras prietas, en clara remembranza a lo dicho (en otras circunstancias) por Vicente Fox Quesada.
 
Por si fuera poco, su virtual antecesora igual se ha envalentonado e ido de la boca, aunque la nomenclatura priísta y la sociedad en conjunto saben que sus desplantes actuales obedecen a un intento de ser tomada en cuenta como aspirante a la candidatura presidencial del PRI, que con su relevo estaría reservada a Enrique Peña Nieto, pese a los embates de Manlio Fabio Beltrones Rivera y de ella misma.
 
Lo cuestionable de este asunto, es que Moreira Valdez de una u otra forma sorprende con la estridencia de sus declaraciones, pues se supone que él, a diferencia de quienes en el cargo lo antecedieron, es un político moderno que en la práctica se ha ganado el derecho de ser el guía del PRI, sin recurrir a la descalificación, bravuconadas ni mucho menos a la ofensa.
En fin, la modificación en su manera de actuar la dictan quienes se creen eruditos en materia política, sin considerar que la altanería tanto como la arrogancia son males que pierden a cualquier individuo.
 
Y no lo digo en abono del señor de Los Pinos ni de sus colaboradores más cercanos, sino por el hecho de que Humberto no tiene ninguna necesidad de modificar su discurso.
Hasta ahora.
 
Dirigentes partidistas
 
Desde su fundación (4 de marzo de 1929), al Partido Revolucionario Institucional –antes llamado Partido Nacional Revolucionario (PNR) y luego Partido de la Revolución Mexicana (PRM)--, lo han presidido cuatro mujeres (incluyendo a Beatriz Paredes Rangel) y 41 varones, durante el ejercicio constitucional de 14 jefes del Ejecutivo Federal.
 
Pero fuera de Manuel Pérez Treviño, Emilio Portes Gil y Mariano Palacios Alcocer, ningún otro dirigente pudo repetir en el cargo; o sostenerse en él más de tres años, por estar sujetos a los caprichos del presidente en turno –según el caso--, hasta que la llamada gran familia revolucionaria fue echada de Palacio Nacional.
 
En los albores de diciembre de 1928, el Comité Organizador del naciente partido firmó un manifiesto donde Plutarco Elías Calles hizo un llamado a todas las organizaciones políticas de la República Mexicana para unirse y formar el PNR.
 
Tres meses después quedó integrado. Y su asamblea constitutiva acordó cumplir cabalmente con la no reelección y la continuidad de los programas de gobierno, sustentados en sus principios básicos, que son: 1) desarrollo económico, 2) justicia social, 3) reforma agraria, 4) protección de los derechos de los trabajadores, 5) educación gratuita para todos, 6) disciplina de las fuerzas armadas al poder civil, 7) libertad política, y 8) defensa de nuestra soberanía.
 
Los victimarios
 
Sin embargo todo lo ahí plasmado quedaría en buenos deseos por la ambición desmedida de poder de los mandatarios emanados de sus filas, y, lo que es peor, por la dependencia que desde entonces (y hasta el 2000) esa organización política tuvo del Presidente de la República en funciones, hasta el día que la residencia oficial de Los Pinos tuvo inquilino antagónico al tricolor.
 
De ahí que como el PNR, PRM y PRI, el otrora llamado partido oficial no haya procurado renovar sus cuadros, fortalecer su dirigencia, ser autónomo, abrirse a la democracia, luchar por el cumplimiento de sus principios básicos, e incluso exigirle cuentas al primer mandatario de la Nación en turno, aun cuando éstos siempre mostraron proclividad a posesionarse de lo que no era suyo.
 
La falta de autenticidad política, la carencia de líderes naturales al frente del partido, el sometimiento, la sumisión, y el hecho de que la mayoría de sus dirigentes fueran improvisados, igual contribuyeron a que el presidente en funciones no tomara en serio al membrete, hasta el grado de cambiar cuando quisiera y le viniera en gana al Comité Ejecutivo Nacional (CEN).
 
Por ello no debe extrañarnos que Ernesto Zedillo Ponce de León haya utilizado a siete de sus golpeadores para debilitar aún más al vapuleado PRI; a siete de sus mercenarios que le hicieron el favor de casi hacer agonizar a la organización tricolor, como pago a quien lo impuso en Los Pinos y que, como él, nunca fuera militante convencido ni priísta de pura cepa.
 
Obviamente cuando hablo de esos oscuros personajes me refiero a Carlos Salinas de Gortari y a los ahora llamados “dinosaurios” María de los Ángeles Moreno Uriegas, Santiago Oñate Laborde, Humberto Roque Villanueva, Juan S. Millán Lizárraga, Mariano Palacios Alcocer, José Antonio González Fernández y Dulce María Sauri Riancho.
 
Inicio de la debacle
 
Cuando el Partido Revolucionario Institucional inició su derrumbe, recuérdese bien, en la Presidencia de la República despachaba Luis Echeverría Álvarez. Y en el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) Manuel Sánchez Vite, quien al ser nombrado candidato al gobierno de Hidalgo cedió la posición a Jesús Reyes Heroles –por cierto uno de los contados ideólogos que ha tenido el tricolor--, y éste, a su vez, fue reemplazado por Porfirio Muñoz Ledo.
Con José López Portillo como jefe del Ejecutivo Federal, arribaron a la presidencia del Comité Ejecutivo Nacional priísta Carlos Sansores Pérez, Gustavo Carvajal Moreno, Javier García Paniagua y Pedro Ojeda Paullada.
 
Pero sólo para tener presencia política, antes de irse al gobierno de Campeche, el primero; a la Secretaría de la Reforma Agraria (SRA), el segundo; a su casa, el jalisciense hijo del general Marcelino García Barragán; y a la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STyPS), el último.
 
Miguel de la Madrid Hurtado fue un presidente gris, pero más coherente en su distanciamiento con el PRI, donde habilitó para desatenderse de éste a Jorge de la Vega Domínguez, quien dejó que la estructura operara a su libre albedrío para no dar problemas al señor de Los Pinos. Fue cuando se despacharon con la cuchara grande Irma Cué de Duarte, Humberto Lugo Gil y Manuel Garza González.
 
Carlos Salinas de Gortari utilizó a Luis Donaldo Colosio Murrieta, Rafael Rodríguez Barrera, Genaro Borrego Estrada, Fernando Ortiz Arana e Ignacio Pichardo Pagaza.
En sus respectivos casos todos atendieron la instrucción presidencial, aunque el sonorense “pintó su raya” siendo candidato a Presidencia de la República, y eso le costó la vida, “porque el poder omnímodo de Los Pinos no permite la rebelión”, dicen los analistas políticos.
 
Los contrarios
 
Durante el régimen presidencial de Vicente Fox Quesada, Roberto Madrazo Pintado logró su cometido de presidir al PRI –obvio, dividiendo aún más  la estructura--, e incluso logró imponer a su sucesor: Mariano Palacios Alcocer, quien fue obligado a convocar a elecciones para ser reemplazado merced a su tibieza política y moral.
 
La asunción de Beatriz como dirigente nacional del PRI no fue (tampoco) garantía de nada, pero sí invitó a la reflexión por su cercanía con Felipe Calderón Hinojosa y la sumisión que guarda hacia Madrazo.
 
De cualquier forma el desgaste natural que ha sufrido el PRI no ha podido ser capitalizado por otras organizaciones, ni por el mismo Partido Acción Nacional (PAN), por lo que su recuperación política, admítase o no, se daría más temprano que tarde, como lo comprueba el hecho de que al PRI no se le aparezca obstáculo alguno para retornar a la residencia oficial de Los Pinos.
 
Se hace camino al andar
 
*** La remoción de Germán Almaraz Smer, como tesorero de la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT), hace suponer que en nuestra alma mater igual hay una cacería de brujas.
*** El hecho de que Anastasia Guadalupe Flores Valdés rehusara continuar como dirigente estatal del PRI y jefa de la Junta de Coordinación Política del Congreso Estatal, me lleva a suponer que el relevo ya ha sido negociado allá en donde hacen nido las águilas.
*** Y ella, como buena “gallina” jugada en el quehacer político, ha optado por no entrometerse en la disputa por el liderazgo, ya que de esta forma evitaría pagar por pecados no cometidos por ella.
*** Por hoy evito abordar, criticar y analizar otros temas locales.
*** Ya ve Usted que la censura está a todo lo que da.
 
Em@il:
jusam_gg@hotmail.com
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Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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