El desarrollo de cualquier municipalidad sólo puede alcanzar el éxito cuando el jefe de la comuna logra trabajar en armonía con el Gobernador; es decir...
Por: Juan Sánchez-Mendoza06/01/2011 | Actualizada a las 08:27h
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+ Egidio los toma en cuenta y extiende su mano amiga + Canseco Gómez está presto a apoyarlos… ¡en todo! + Miles niños de la calle que los Reyes Magos olvidan + González Salum toca fibras sociales harto sensibles El desarrollo de cualquier
municipalidad sólo puede alcanzar el éxito cuando el jefe de la comuna logra
trabajar en armonía con el Gobernador; es decir, en una misma frecuencia y de
manera coordinada, observando (así) un claro objetivo de sumar esfuerzos
orientados al beneficio colectivo. La sana relación entre el
alcalde y el titular del Poder Ejecutivo (estatal), por tanto, resulta básica
si acaso (el edil) pretende impulsar proyectos de interés social; y más cuando
es obligación suya procurar congruencia entre sus promesas de campaña y su
quehacer en la administración pública municipal. Por una razón muy simple: la
credibilidad se gana en los hechos, con obras y una adecuada prestación de
servicios públicos. Y no sólo con discursos o buenas intenciones. De ahí que el mandatario
tamaulipeco extienda su mano amiga a los 43 presidentes municipales de la
entidad, a fin de que éstos, como él, procuren satisfacer las expectativas de
sus gobernados, aunque haya alcaldes que confundan el gesto y desde ahora se
sientan intocables por el hecho de aparecer en fotos con el Gobernador. Bajo esa tesitura vemos que
Egidio Torre Cantú no para de animar el trabajo de los alcaldes --sin distingo
de partido, raza, credo ni ideología--; y como bien lo advierte el secretario
General de Gobierno, Morelos Jaime Canseco Gómez, ninguno de los presidentes
municipales ha pedido apoyo emergente para enfrentar los primeros compromisos
de sus administraciones, pero en cuanto lo hagan el Gobierno estatal habrá de
atender sus planteamientos. Por otra parte, durante la
gira de trabajo que en breve realice por toda la geografía estatal, Egidio
Torre Cantú seguramente habrá de respaldar a los ediles con su presencia y
también marcar el estilo de lo que es y será su mandato. Una de sus premisas es ejercer
una gestión cercana a la gente y de visión municipalista. Y así le consta al
conglomerado que puebla la entidad. Reyes olvidadizos Esta fecha es una de las más
esperadas por millones de niños, pues con la celebración del Día de los Reyes
Magos reciben múltiples regalos. Sin embargo hay otros miles de
niños, los de la calle, que más que un juguete procuran su sobrevivencia. Cuando se aborda el tema de
esos menores indigentes, regularmente caemos en el error de generalizar
nuestros conceptos. Y es que no atinamos a
razonar, siquiera, las diferencias de identidad que existen entre ellos mismos;
como tampoco hemos sido capaces de entender que, frente ante esta sociedad a la
que pertenecen y que los rechaza cotidianamente, su número crece y se
multiplica dando vida a un fenómeno que ya ha rebasado incluso a las
autoridades encargadas de su rehabilitación tanto educativa como familiar. Los menores de edad que en la
calle buscan techo y comida –ya no amor, pues ésta es una palabra ajena a su
vocabulario; y menos un regalo de Reyes--, en gran porcentaje son niños y en
menor estadística adolescentes emanados de estratos sociales con mayor carencia
económica, cuya personalidad individualista y deformación emocional los orilla
a incorporarse a clanes delictivos en sus comunidades, al tiempo que les impide
cualquier intento unipersonal de reincorporarse a su familia y a la sociedad,
por la simple y sencilla razón de que nada de ello les interesa. El medio ambiente en que
nacen, crecen y se desarrollan (por un lado) y la descomposición de sus hogares
(por el otro) hacen que los niños de la calle se rebelen ante las normas
establecidas; que adopten estereotipos de protesta extra estatales y se liguen
a doctrinas encontradas a través de frases filosóficas y símbolos que, que en
fondo, nunca logran comprender. Definición social A los menores que en la calle
fincan sus esperanzas de vida, la sociedad misma los ha definido como seres
inferiores, conformistas, ladrones, homicidas, drogadictos, bravucones,
alcohólicos, deshumanizados, irrespetuosos y abusivos… cuando menos. Pero ellos, en lo particular,
se autodefinen como huercos marginados, activos, cuya energía está dirigida a
la acción, a la aventura, al peligro. Es decir, les gusta el riesgo, la
incertidumbre y viven amenazados por la muerte. Su educación la obtienen en la
calle, broncas y uno que otro “pasón”; en los atracos, redadas, torturas
sicológicas y físicas, y en el sexo. Algunos estudiosos de este
fenómeno han dicho: son niños y adolescentes desubicados tanto familiar como
emocionalmente; su reacción es natural, ya que no se les han brindado espacios
suficientes donde poder reencontrarse; igual carecen de guías morales para poder
entender el lado bueno de la vida. No son malos, sino rebeldes. Sin embargo esos menores
marginados, a decir de algunos terapeutas consultados para este análisis, son
seres humanos resentidos socialmente; están descorazonados, desprotegidos; su
preparación académica y laboral es mínima regularmente; no entienden más leyes
que las de la propia calle; son entrones inconscientes al peligro y al daño que
puedan causar; desobligados, vagos por naturaleza; atracadores, traicioneros y
mercenarios, aunque sólo lo hagan por diversión, el diario sustento o bien un
“churrito” de marihuana, el “flexo” o un poco de solvente. Sin estas características,
aseguran quienes del tema dicen saber, no podría entenderse el ingreso de un
niño o adolescente a las cuadrillas que operan en la calle y que tanto han
proliferado en Tamaulipas en los últimos tiempos. En lo particular, no obstante,
creo que el surgimiento de los niños de la calle es consecuencia de factores
todavía más profundos. Y enseguida ofrezco mi muy
particular punto de vista. La proliferación En diferentes municipios de la
entidad estatal se ha detectado que los niños de la calle cada día son más y
que en muchos casos son de extracción clase mediera; menores que abandonaron
sus hogares por la descomposición familiar, en tanto que los surgidos de las
clases bajas son resultado de la pobreza, la marginación, la desintegración de
sus familias y la falta de identidad. Por tanto, nos encontramos con
que los niños que en la calle viven son consecuencia de los siguientes factores:
a) problemas sicológicos, b) situación socioeconómica, y c) emigración. En el primer caso (y sin
pretender encasillarlos), podríamos ubicar a los menores de edad que en la
calle limpian parabrisas y carrocerías, venden chicles, tragan petróleo, hacen
malabares y posas sus espaldas sobre vidrios despedazados; en el segundo, a los
jovenzuelos que no conocen otro ambiente que el de los cinturones de miseria;
y, en el tercero, a los que abandonan sus lugares de origen para establecerse
en conglomerados carentes de servicios públicos. Estos últimos, al emigrar
directa o familiarmente del campo hacia la ciudad, por su misma naturaleza
tratan de romper con sus raíces y se incorporan a un mundo desconocido donde
son presa fácil de los manipuladores sociales que, en la mayoría de los casos,
los utilizan como carne de cañón. La población rural que se
integra al ecosistema citadino, da por imitar burdamente a la comunidad donde
le toca convivir; olvida los valores morales que le inculcaron allá en el campo
y se somete a las directrices que le marca la propia calle. En cuanto a los menores de
edad que en la calle acrecientan el fenómeno en comento, ellos mismos han dicho
que nada se le puede exigir a un huerco que ha sido educado a golpes; que vive
en zonas donde la muerte prevalece y prácticamente no existe la vida; donde hay
una sociedad podrida que apesta con todo y su agua potable, pues ellos han
vivido ahí, exactamente, donde el hambre y la ignorancia no ofrecen ninguna
expectativa de vida. Sobre todo porque en las zonas
con mayor marginación social (que regularmente ni siquiera conocen los
funcionarios públicos), habitan menores que como guía social sólo conocen la
violencia, el robo y la miseria. En cuanto a valores morales,
ellos mismos han respondido así a preguntas de sociólogos: “¿El amor?, ¿qué es
eso? De ahí esta humilde petición:
si Usted hoy se cruza con los niños de la calle, en pleno Día de Reyes, cuando
menos regáleles una sonrisa. Y Dios habrá de reconocer su
gesto. Reducción salarial En su primer pronunciamiento
como alcalde de Victoria, Miguel González Salum habló de austeridad en el
manejo de los recursos municipales; reducción de sueldos a los funcionarios y
anunció un programa de bacheo. Acciones como éstas son las
que en verdad impactan de manera positiva en la sociedad; y más por estar
encaminadas a sortear la crisis financiera del ayuntamiento. Incluso alientan
el enorme potencial de desarrollo que posee la capital del estado. Así lo entiende González Salum
–un hombre acostumbrado a los retos--, quien sabe (y bien) que el Gobernador
Egidio Torre Cantú no escatimará apoyos para el desarrollo de Victoria; y menos
cuando estos se orienten a satisfacer necesidades sociales en materia de
servicios públicos como la limpia, la recolección de basura, el alumbrado de
vialidades, la reencarpetación de calles y avenidas y la conservación de los
espacios de esparcimiento (jardines, áreas verdes y andadores) principalmente. Merced a lo anterior, debo
reconocer que el jefe del Ejecutivo estatal, tanto como el alcalde victorense,
de inicio sudan la camiseta de un mismo equipo; y se les percibe dispuestos a
de la mano acelerar el paso en un firme piso. Es probable, sin embargo, que
en este esfuerzo algunos empleados de confianza del ayuntamiento se queden
cachando moscas y tengan que abandonar el barco, en virtud a que no entienden
la jugada y carecen de cualidades para hacer equipo. Y hasta donde sé algunos
“reservas” que se mantienen en la banca, fieles a su egoísmo, apuestan a la
zancadilla pa’ entrar a su relevo, pues visten la camiseta a la fuerza, no por
convicción. Miguel también lo sabe, por
supuesto. Em@il: jusam_gg@hotmail.com golpeagolpe@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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