Por: Juan Sánchez-Mendoza14/12/2010 | Actualizada a las 22:28h
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Legisladores se la juegan contra pueblo
tamaulipeco Aprobar al vapor cuentas públicas, anima
sospechas El ‘Año de Hidalgo’, triste realidad en
ayuntamientos Los aumentos en cascada se resentirían hasta
enero La inmoralidad es un vicio
generado por alteración mental. Una fuga para quien no sabe admitir sus propios
yerros. La salida fácil que conduce al olvido cuando ya no existe vergüenza. Ni
pudor. Menos dignidad. Antaño era costumbre que la
política fuera práctica de hombres. Y que como hombres se respondiera, con
argumentos sólidos, a los cuestionamientos públicos generados por las fallas,
omisiones e incluso aquellos provocados indirectamente. Pero esto no ocurre hoy, ¡qué
va!, porque la política se ha prostituido; porque el ejercicio legislativo ha
caído en otras manos, donde el pundonor y la honestidad no tienen valor alguno. De ahí que haya legisladores
que se tornen cínicos cuando no pueden ni quieren responder a la verdad con la
verdad, o al menos con verdades relativas. La insolente actitud de esos
representantes populares, por tanto, no me extraña, pero sí atrapa mi atención
su postura asumida de cara a la revisión de más de 200 cuentas públicas. Esto, para quienes gustan del
análisis objetivo, asoma una clara connivencia encaminada a perdonar a los
alcaldes que al amparo de sus cargos desviaron recursos públicos, cuando en
casos determinados comprobado está que se “bañaron” con lo que no era ni es de
su propiedad. ¿Año de Hidalgo? Aunque el tiempo
ya está encima, con voluntad todo se puede. Y se lo digo
porque es voluntad lo que se requiere pa’ evitar que la (“alta”) burocracia
adscrita a los 43 ayuntamientos se apropie de bienes públicos en el ocaso de su
ejercicio constitucional –como se acostumbra en cada transición, cuya etapa se
ha dado en llamar “el año de Hidalgo”, por aquello de que tizne a la suya quien
deje algo--, por lo que bien haría la autoridad competente al disponer se
levante un inventario del equipo de cómputo, vehículos, mobiliario y otras
propiedades que tanto le han costado al pueblo. Esto quiere decir
que habiendo voluntad ni siquiera una silla se perdería, y además aún está a
tiempo de obligar a quienes ya se van a entregar puntualmente los bienes que
son de todos los tamaulipecos. Asumiendo esta
actitud, los responsables de salvaguardar el Estado de Derecho prácticamente
marcarían un alto a la voracidad de la burocracia, pues durante muchos años, al
término de cualquier régimen político-administrativo, los mandos superiores y
medios se robaron cuanto estuvo a su alcance, mientras los empleados de menor
nivel también cometieron actos de pillaje, aunque a menor escala, sin
importarles el daño causado a las instancias de Gobierno. En un
reconocimiento serio del costumbrismo político, se sabe que quienes se van se
“auto indemnizan” con televisiones, cuadros, papelería, máquinas de escribir,
fotocopiadoras, etcétera, porque su máxima era (¿y es?) el mentado “año de
Hidalgo”. Al respecto,
valdría la pena que los trabajos concernientes a la entrega de cada
administración se realizaran de acuerdo a la ley, para garantizar que los
espacios físicos que recibirán los que vienen se encuentren remodelados y
modernizados; instalaciones de servicio con tecnología de punta y oficinas
públicas renovadas en su totalidad. De lo contrario se
descubrirían claramente los despojos al estrenarse los ediles en la
administración municipal. Los pescadores “A río revuelto, ganancia de
pescadores”, reza un refrán popular para indicar que en las revueltas y
desórdenes suelen sacar utilidad los que saben aprovecharlas. Refiero la cita porque es
elocuente para describir los problemas que al final del período reglamentario
registran los ayuntamientos, y porque hasta hoy (inclusive) nadie quiere asumir
la responsabilidad de exigirle cuentas a los alcaldes, síndicos, regidores y
funcionarios administrativos que están a punto de concluir su período. En principio pareciera que el
desorden ha surgido porque se ha dado paso a la democracia y ésta permite que
en el cambio de poderes se admitan como ciertas las cuentas presentadas por los
que se van, pero la realidades otra, más
amarga, a tal grado que ahora hay funcionarios municipales que se sienten con
derecho a saquear lo que nunca construyeron. Pero mientras se decide si el
alto mando está o no dispuesto a tolerar la atrocidad, surgen acelerados que
tratan de cubrir sus malos manejos del erario y que pujan y empujan para que
nadie ose investigarlos. Agresión federal Incrementar el precio de los
productos y/o artículos que consume la población mexicana no es la mejor
fórmula para enfrentar la crisis económica. Pero esto no lo entienden el
señor de Los Pinos ni sus panegiristas que en el Congreso de la Unión sacaron
avante reformas lesivas a la economía familiar. De cualquier forma el golpe
duro que en plena época decembrina se propina a la sociedad, quizá no se
entienda hasta una vez transcurrida la euforia navideña y del año nuevo. Pero con todo y eso habrá
tiempo para que el Gobierno Federal saque en conclusión que nuevamente se
equivoca. Sobre todo cuando el actual
Presidente no se ve. Ni se siente. Navidad blanca 2010 En la campaña de prevención de
accidentes correspondiente a la temporada navideña del 2010 –que Eugenio Hernández
Flores tanto promueve, aun cuando está en el ocaso de su administración--,
según me informan participan más de cinco mil elementos de las tres instancias
de Gobierno. Con ello se busca evitar el
mayor número de defunciones provocadas por el furor decembrino, que, por
cierto, en años anteriores ha registrado bajos índices merced al auxilio que a
la comunidad tamaulipeca y a los vacacionistas prestan los distintos grupos
altruistas a través de las Organizaciones No Gubernamentales (ONG’s), frente a
la incapacidad que muestran los burócratas de Protección Civil. Breviario cultural Ahora que el tema del campo se
ha puesto tan de boga –merced a la estupidez de funcionarios federales al decir
que los campesinos no enfrentan crisis económica alguna--, vale la pena
recordar que Tamaulipas destaca en la lucha agraria porque merced a los abusos
contra los hombres del campo aquí se dio el primer reparto agrario, concretado
por el general Alberto Carrera Torres, nacido en el municipio de Bustamante. Para quienes ignoran el hecho,
permítanme explicar que Carrera Torres fue un revolucionario que expidió, el 4
de marzo de 1913, en Cerritos, San Luis Potosí, la Ley Ejecutiva del Reparto de
Tierras, que está considerada como la primera ley agraria de la nación. Cuatro meses después, el
general Lucio Blanco Fuentes --nacido en Villa de Nadadores, Coahuila--,
habiendo ocupado Matamoros, repartió las tierras de la hacienda Los Borregos a
sus soldados, cuando ésta era propiedad de Félix Díaz, sobrino del entonces
Presidente. El antecedente sirve para
ubicar a Tamaulipas como bastión de la lucha agraria. Y es que los movimientos
campesinos encabezados por hombres nacidos en tierras cuerudas o avecindados en
sus pueblos --como el propio Lucio Blanco--, hablan de la entidad como
semillero de acciones revolucionarias. Así lo prueba el hecho de que
en Tamaulipas se haya dado el primer reparto agrario amparado en la ley
expedida por Carrera Torres, que se basó en el contacto directo del general con
el campesinado. Este era el reclamo nacional ante la manga ancha que el
dictador Porfirio Díaz les diera a los terratenientes y a la misma iglesia
católica, que mantenían con prestanombres lo que les habían quitado las leyes
de Reforma. Por eso y más harta risa me
provocan las puntadas de los funcionarios responsables de la actividad
agropecuaria a nivel nacional, quienes suponen que los campesinos ya son ricos. ¿Acaso lo habrán dicho en su
sano juicio… o, por considerar que el grueso de los ejidatarios, jornaleros,
ganaderos, etcétera, como ellos heredaron grandes extensiones de tierra que sus
antecesores se adjudicaron mediante trampas, engaños y despojos? Em@il: jusam_gg@hotmail.comgolpeagolpe@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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