El protagonismo es característica inherente de los sujetos obsesionados en mostrarse como las personas más calificadas...
Por: Juan Sánchez-Mendoza01/02/2010 | Actualizada a las 22:52h
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Creen que sólo ellos podrían
lograr las candidaturas
Poseedores de ‘chocolates’
delinquen a sus anchas
La chatarra que mal utilizan
no la quiere ni Hacienda
Calderón simplemente acepta 30
millones de pobres
El protagonismo es característica inherente
de los sujetos obsesionados en mostrarse como las personas más calificadas y
necesarias para desempeñar cierta actividad --independientemente de que posean
o no méritos que así lo justifiquen--, y esa misma actitud protagónica los hace
sentirse dueños absolutos de la verdad. Pero el protagonismo también es una
enfermedad que padecen los que no pueden ni quieren reconocer más talento que
el suyo, por estar casados con su misma persona y enamorados, hasta el
paroxismo, de sus atributos y cualidades. Hago esta referencia porque cuando un ser
protagónico está cierto de que la posición anhelada no le será concedida padece
una doble crisis moral, pues mientras sopesa irse a la oposición o abandonar
por completo su carrera política (como militante efectivo de algún partido)
para refugiarse en el ostracismo, se plantea a sí mismo la oportunidad de
sabotear a quienes cree enemigos, por el simple hecho de que estos se niegan a
secundarlo en la satisfacción de su voracidad. Un claro ejemplo lo podemos observar en las
filas del Partido Revolucionario Institucional (PRI), donde muchos aspirantes a
las candidaturas a diputados locales y alcaldes se creen con méritos
suficientes para adjudicarse los primeros lugares en los roles que ya elabora
Ricardo “El Negro” Gamundi Rosas. Otros le apuestan a la imposición, y
algunos más son los que empujan y pujan por rescatar del ostracismo a ciertos
emisarios del pasado, pues en ellos fincan sus anhelos y probabilidades. De cualquier forma habrá berrinches en
cuanto más cercana esté la fecha de definir las candidaturas. O sea, entre
febrero y marzo del 2010. Los “chocolates” La permanencia de vehículos extranjeros en
territorio nacional no es asunto privativo de Tamaulipas. Se da en casi todas las entidades del país,
aunque registra mayores índices en los estados fronterizos con la Unión
Americana: Tamaulipas, Baja California, Sonora, Chihuahua, Coahuila y Nuevo
León. Refiero lo anterior porque según
estimaciones de la propia Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHyCP), a
lo largo y ancho de la República Mexicana (1’ 972, 547 kilómetros cuadrados)
circulan alrededor de y un millón 750 mil vehículos “chocolates” irregulares
(entre camionetas, camiones y automóviles), y en el caso particular de
Tamaulipas, se maneja una cantidad superior a las 350 mil unidades. Estas cifras, sin embargo, no han podido
corroborarse porque las autoridades fiscales, como de costumbre, se muestran
indolentes para levantar un censo que nos permita conocer con mayor precisión
de cuántos vehículos irregulares estamos hablando; su procedencia, su verdadera
situación legal, y, por supuesto, en manos de quien están esos automotores que
no han sido decomisados aun cuando su presencia en el país es ilícita. Lo peor del caso es que la mayor
parte de sus poseedores no sabe manejar y menos conoce el reglamento vial, por
lo que cotidianamente provocan accidentes sangrientos y su chatarra abandonada
n el lugar de los hechos. Sé de casos concretos en que conductores de
“chocolates” han atropellado motociclistas y peatones, se han impactado con
casas-habitación y comercios, además de otros vehículos de procedencia nacional
y modelos recientes, y en lugar de responder por su falta de pericia ante el
volante, lo menos que hacen es lloriquear si irresponsabilidad en busca de la
conmiseración humana que los saque del problema en que ellos mismos
ocasionaron, aunque lo más grave es que enseguida de la colisión los poseedores
de esos “chocolates” abandonan la unidad y como viles cobardes huyen de la zona
para no pagar sus delito. A muchos los puede ver en los
estacionamientos de los centros comerciales, pues suelen circular en sentido
contrario, usar los cajones destinados a los minusválidos y mujeres embarazadas
y barrer con la mira a los transeúntes que osan cruzarse en su camino. Sólo los inspectores de Hacienda no los
ven. ¿Pa’ no infraccionarlos o, de plano, evitar
decomisarles la chatarra que por ley debe recogérseles por ser evasores
fiscales sorprendidos in fraganti?, pregunto, pues cotidianamente crecen y se
multiplican los percances provocados por tenedores de “chocolates”. Los pobres de Calderón Según el señor de Los Pinos, México ya alcanzó los 30 millones de
pobres.
Sin embargo hay otras cifras, también oficiales, que reconocen que en
México hay 54 millones de personas que sufren
pobreza moderada y 21 millones sobreviven de milagro en asentamientos urbanos y
rurales. Pero hasta la fecha no existe ningún
programa institucional que brinde resultados efectivos contra la miseria, que
es uno de los males sociales que al paso del tiempo se ha vuelto crónico. La desigualdad entre los segmentos
poblacionales es notable. Por una parte se encuentra la minoría que
vive las mieles del primer mundo y la civilización, y en la base piramidal se
localizan ejércitos de pobres que no alcanzan a satisfacer sus necesidades
elementales de vestido, vivienda, empleo y alimentación. En el mejor de los casos –y de acuerdo a
informes del Banco Mundial--, las personas pobres en forma moderada viven con
menos de dos dólares al día; algo así como 26 pesos. Por décadas --y pese a las buenas
intenciones de los hombres y mujeres que arriban al poder y se comprometen a
combatir este flagelo--, el fenómeno continúa y eventualmente se agudiza. La visión asistencial de los gobiernos
emanados del PRI y la terquedad de la ultraderecha --representada en el PAN--,
de ver en cada familia un potencial núcleo de empresarios --sin considerar las
condiciones culturales de la gente--, se han convertido en esquemas obsoletos
que no atacan el problema de raíz. El crecimiento poblacional --de 20 millones
de habitantes que éramos en 1940 pasó a más de 106 millones en 2010--, aunado
al abandono de la rectoría del Estado de importantes áreas de apoyo social, la
restricción presupuestal hacia el combate a la pobreza y la falta de vocación
social de los gobiernos neoliberales, se suman al fracaso para combatir la
miseria. Igual que los rezagos sociales como el desempleo, el empleo inestable
y el consecuente deterioro del poder adquisitivo. Por eso no hay quien le crea a Felipe
Calderón Hinojosa su desgastado discurso de que mero acaba con la pobreza. E-m@il jusam_gg@hotmail.com golpeagolpe@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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