Por: Juan Sánchez-Mendoza01/12/2010 | Actualizada a las 22:35h
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El gusto por los reflectores, la perdición de
Calderón Hombres y mujeres se aprovechan del buen hombre Consulta Mitofsky exhibe baja calificación del
pueblo “El Peje” no dio nota; sólo repitió el veredicto
popular Es lamentable, pero Felipe
Calderón Hinojosa ha perdido la credibilidad a tal grado que difícilmente
habría en México quien le guarde respeto. Pero más penoso resulta el
desgaste que ha causado a la figura presidencial y a la institución, merced a
su ambivalencia, vulnerabilidad y desaciertos exhibidos en los cuatro años de
su régimen. La locuacidad del señor de Los
Pinos es otro de sus problemas, pues suele hablar a la ligera y sólo por el
placer de ganar reflectores. Como estadista no da el ancho,
pero a él poco le importa cuando se trata de atrapar la atención. Hasta hace un mes el
Presidente sólo enfrentaba dos graves conflictos: 1) que la Cámara de Diputados
aprobara el presupuesto de Egresos de la Federación sin castigarlo de más, y 2)
hacer que los miles de soldados, marinos y policías federales que participan en
la lucha contra la delincuencia organizada, acrecentaran su actividad para
recuperar el clima de armonía y bienestar social. Terquedad del michoacano Hace días, charlando con un
grupo de amigos, coincidimos en que ya de nada vale “pegarle” a Felipe Calderón
Hinojosa, puesto que su régimen está en plena descomposición y él da la
apariencia de que lo único que desea es que ya termine su pesadilla –de ser
Presidente, claro está--, tomando en consideración que desde el primer año de
su régimen fueron sus propios compañeros del Partido Acción Nacional (PAN)
quienes filtraron la versión de que podría “enfermarse” y ser sustituido. Igual hubo el consenso de que
el país entraría en grave riesgo si acaso Calderón decidiera “tirar la toalla”,
hablando en términos figurados, ya que entonces se daría la posibilidad de que
las fuerzas armadas tomaran el control del país en perjuicio de la sociedad
civil, así es que acordamos, para bien de todos, dejarlo en paz –ello nos
habría ahorrado miles de toneladas de papel, tinta, desvelos, enojos y horas
nalga sentados frente a la computadora--, al menos hasta el 2011 cuando se calentara
aún más el ambiente en torno a la sucesión adelantada. Pero, ¡oh!, desilusión, el
propio Felipe provoca que se le siga criticando. Y vaya que tiene capacidad de
jalar los reflectores hacia su persona. De tratarse de una luminaria
del espectáculo, la estrategia publicitaria sería sencillamente práctica y
exitosa, pero no cuando se trata de la persona que “dirige” el destino del
país. Lea usted: ahora saca a
relucir la palabra “acelerados”, aludiendo a todos aquellos que quieren ver
“cambios en México de la noche a la mañana” --supongo que se refiere a los
membretes opositores a su gobierno y partido, que, dicho sea de paso,
constituyen la gran mayoría de compatriotas--; e hizo un parangón de su régimen
con los edificios, al decir que (el futuro) se está construyendo desde los
cimientos hasta las paredes, pilares, columnas y, lo más importante, se está
integrando el recurso humano a las trasformaciones profundas. “En este gobierno sí se ha
avanzado y hay confianza”, ha declarado. Y esas sus palabras, entonces,
reflejan que alguien debe estar equivocado; o cambiar de lentes para ver los
“grandes logros” que pregona el señor de Los Pinos, aunque sinceramente dudo
que millones de mexicanos sean miopes, en razón de no ver la realidad con los
ojos de Felipe. Ahí tiene Usted, por ejemplo,
la encuesta más reciente de Consulta Mitofsky, que otorga a Calderón Hinojosa
apenas un 54.2 por ciento de aprobación, según la opinión de los mexicanos
consultados para esa medición. Población pacifista Cierto es que no hay una
revuelta ciudadana que refleje realmente la animadversión hacia el régimen
presidencial. Pero en el fondo es porque la
gente guarda mesura, con paciencia de monje, merced a su espíritu pacifista y
la fe y esperanza que aún tiene para acceder a un mejor futuro. No porque
sienta que los beneficios llegan en cascada a su menguada economía --que éste,
como los gobiernos anteriores se han encargado de agravar--, o por temor, sino
porque ya está visto que la violencia sólo engendra más violencia. Para darnos cuenta del
descontento común, baste citar que cotidianamente sigue encareciéndose el costo
de la vida gracias al aumento de los productos y servicios. Aquí un ejemplo: la Comisión
Federal de Electricidad (CFE), sin decir “agua va”, incrementó sus tarifas
hasta en un 30% con relación a lo que cobraba en meses anteriores. En este caso no estamos
hablando de partidos políticos ni de pleitos entre “grillos”, de aceleres o
desaceleres; simple y llanamente de un golpe a la economía popular que se urdió
en el más alto nivel del Gobierno Federal, sin guardar la menor consideración
hacia la sociedad. La referencia no habla
precisamente de los aciertos de un buen gobierno; por el contrario, es una
señal inequívoca de que hay serios problemas de diversa índole que no ha sabido
resolver el régimen calderonista, y, como siempre ocurre, éste deja caer todo
el peso de su mediocridad sobre la espalda del pueblo. ¿Acaso Felipe y compañía, en
su oportunidad, no aseguraron que los logros macroeconómicos sí repercutirían,
en el período inmediato, en la microeconomía (es decir, en los hogares)? Ésta fue una vacilada más del
grupo de aventureros y aprendices de brujo que siguen en pañales con respecto
al manejo de los asuntos públicos, no así de la perversidad y perversión con
que se conducen. Hay que subrayar, también, que
si México no ha entrado en un desorden generalizado o en el autoritarismo
totalitario, es gracias a las sólidas instituciones que se han creado a lo
largo de la historia: el Congreso de la Unión, el Ejército Mexicano, los
gobiernos estatales autónomos (aunque federados), y uno que otro partido
político, entre otras. Pero esto no lo reconoce ni de
chiste el actual mandatario, quien está empeñado en asegurar que a partir de su
gobierno México inició su real transformación. Empero, la percepción
generalizada es que Felipe falta a la verdad. Compromiso fallido En la charla que sostuve con
un grupo de analistas políticos –le comenté de ella líneas arriba--, igual
coincidimos en que Calderón Hinojosa es un buen hombre, si acaso algo distraído
y evasivo por las tardes, pero en el fondo carece de malicia. No así quienes lo asesoran
–sean hombres o mujeres, que para el caso da lo mismo--, pues demostrado está
que al menos quienes se han ido de su lado, como otros que permanecen “dándole
cuerda”, lo han utilizado en beneficio personal o se han valido de su inocencia
para descomponer las cosas todavía más y sacar provecho de la situación. Por lo tanto, reconozco que he
violado el pacto. ¿Cuál pacto? ¡Hombre!, pues el que hicimos de no ocuparnos
más de Felipe, sino hasta el año próximo. Como desagravio prometo que
los sábados y domingos futuros que le restan al 2010 no criticaré al
Presidente. Si fallo, que el lector me sancione. Se hace camino al andar *** Durante su estancia en
Ciudad Victoria, Andrés Manuel López Obrador no hizo gran aportación mediática,
pues se concretó a repetir lo que millones de mexicanos opinan cotidianamente
del señor de Los Pinos: que el caos que sufre el país es el resultado del
fracaso del régimen presidencial. *** Cerca de dos decenas de
ayuntamientos empiezan a resentir el mal manejo administrativo de los alcaldes,
pues sin los empréstitos contemplados ni el auxilio del Gobierno estatal, es
casi imposible que cubran el gasto corriente del mes en curso. *** Por eso advierto que
habría manifestaciones sonoras en los municipios donde al personal ya se le
conculca el pago de dos quincenas, compensación, aguinaldo y bonos. Em@il: jusam_gg@hotmail.comgolpeagolpe@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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