Por: Juan Sánchez-Mendoza30/11/2010 | Actualizada a las 22:34h
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Sociedad civil está cansada del alto cobro por el servicio Durante años se ha exigido una reclasificación de tarifas A la Federación no le interesa sangrar más a mexicanos En pleno diciembre habría convulsión crediticia bancaria A lo largo de muchos años la
sociedad civil, de manera organizada, ha exigido por distintos canales que la
Comisión Federal de Electricidad (CFE) reconsidere sus tarifas porque éstas
son, desde cualquier punto de vista, un claro atentado contra la economía
familiar. Acá en Tamaulipas, desde el
inicio de su régimen y hasta la fecha, el propio gobernador Eugenio Hernández
Flores ha encabezado acciones en defensa de los millones de usuarios que
pueblan la geografía estatal, pues convencido está del agravio. Incluso, cuando Vicente Fox
Quesada aún despachaba en Los Pinos y en gira de trabajo visitó Reynosa para
inaugurar las nuevas instalaciones de la aduana, el mandatario estatal
públicamente le pidió que interviniera ante la CFE, a fin de que ese organismo
aplicara una reclasificación estricta de sus tarifas, sustentada en mediciones
correctas de las altas temperaturas que se registran durante todo el año,
merced a los cambios climatológicos derivados por el calentamiento global. Esto ocurrió casi al finalizar
el período constitucional del segundo marido de Marta María Sahagún Jiménez,
por lo que al guanajuatense poco le importó empeñar su palabra de gestionar una
reducción a las tarifas eléctricas y menos le interesó que se siguiera
sangrando a un pueblo tan nacionalista y trabajador, como es el tamaulipeco. Hago esta referencia porque
los anales periodísticos consigan puntualmente el compromiso incumplido, como
también dan cuenta de los intentos que Enrique Cárdenas del Avellano y Álvaro
Villanueva Perales, cuando despacharon en la presidencia municipal de Victoria,
realizaron para que la CFE reclasificara el cobro de sus servicios. Por su parte, la sociedad
civil ha ganado la calle e incluso se ha manifestado en las instalaciones de la
CFE –al menos aquí, en el llamado corazón de Tamaulipas--, demandando un freno
a tanto abuso, aunque sin encontrar respuesta favorable a su queja porque el
tabulador lo diseñan allá en el centro del país algunos burócratas insensibles
e inhumanos, que por cierto no pagan ni un centavo por el servicio que les es
otorgado como una “prestación laboral” y se carga a la cuenta de los millones
de consumidores. Reintento frustrado El comentario de hoy surge
porque hace aproximadamente un año el pleno de la LX Legislatura del Congreso
local acordó retomar la batalla por la reclasificación de las tarifas
eléctricas. Para ello creó una comisión
especial –propuesta y encabezada por el extinto Enrique Blackmore Smer--, e
integrada (también) por María Guadalupe Soto Reyes, José Manuel Abdala de la
Fuente, Cuitláhuac Ortega Maldonado, María de la Luz Martínez Covarrubias, José
Raúl Bocanegra Alonso y Juan Carlos Alberto Olivares Guerrero, a fin de exigir
a Felipe Calderón Hinojosa que personalmente atendiera esta demanda ciudadana. En principio la Comisión
trabajó arduamente, exhortándo a las autoridades correspondientes a que
gestionaran ante la CFE soluciones viables en lo técnico y en lo económico,
tendientes a reclasificar las tarifas domésticas en Tamaulipas merced al cobro
excesivo que bimestralmente se presenta en la entidad, pero ante el rechazo y
apatía del Gobierno Federal para atender el asunto, dicho proyecto fue
desmoronándose y tras la muerte de mi amigo Blackmore ninguno de los otros
integrantes ha vuelto a tocar el tema. Y eso que la Comisión Federal
de Electricidad sigue aplicando una estructura tarifaria compleja, inequitativa
y desproporcionada --que lejos de coadyuvar a la economía familiar la daña
todavía más--, y hoy se observan cambios desmedidos y considerables al
incrementarse las tarifas por cualquier variación que se presente en el consumo
de energía. Atentado en carne propia Esta lucha que ya no le
interesa a quienes aún forman parte de la Comisión Legislativa del Congreso
local, podría retomarla el presidente de la Junta de Coordinación Política,
Felipe Garza Narváez, quien tendría todo el apoyo ciudadano y el mío hasta
donde tope, pues de los 800 pesos que bimestralmente pagaba por el servicio, la
tarifa en tan sólo dos meses me fue duplicada, dos meses más tarde triplicada y
en el último período tuve que pagar casi $10,000.00 (diez mil pesos), a la
fuerza y sin descuento alguno, pues negándome a cubrirlos me hubieran dejado en
la penumbra porque hasta eso, cuando algún usuario se niega a pagar, no
simplemente le cortan el suministro, sino que se llevan el medidor y
desconectan el cableado. Hay muchos otros casos
ilustrativos que no me dejan mentir –miles o quizá millones--, por lo que
considero necesario insistir en la batalla. Total, los usuarios nada
perdemos y sí tenemos mucho por ganar, aunque nuestro coraje desquitemos con
recordatorios maternales a las autoridades de la CFE, que tal vez por ello nos
castiguen sin razón por su orfandad. Contracción crediticia En pleno diciembre y ante la
insolvencia económica que padecen miles de tarjetahabientes, hay bancos que
instrumentan nuevos programas para recuperar la cartera vencida y ejecutan una
contracción crediticia. Sin embargo ninguna de estas
medidas es la panacea que alivie el grave problema que padecen las
instituciones bancarias y menos quienes gustan utilizar el llamado “dinero de
plástico”. De ahí que diversos bancos, en
los últimos días, hayan dado en enviar citatorios a sus clientes para exigirles
que en un plazo no mayor a dos quincenas liquiden totalmente los intereses
generados por sus adeudos, ofreciéndoles “la oportunidad” de pagar en “abonos
chiquitos” el crédito total. Claro, siempre y cuando cumplan con el pago
puntual de nuevos recargos. Tal es el caso de Banamex, que
en escaso un mes trasladó a cerca del 50 por ciento de sus “clientes problema”
(que cayeron en la cartera vencida) a bufetes especialistas en cobros
extrajudiciales, para que mediante el terror traten de recuperar al menos el
capital y una parte mínima de intereses moratorios, so pena de boletinarlos en
el Buró de Crédito, que, por cierto, en breve podría iniciar una recapitulación
en su sistema operativo. La misma táctica, aunque a
menor escala, la practican Bancomer, HSBC (antes Bital), Banorte,
Santander-Serfín y otros, que no están dispuestos a perdonarle la vida a la
“gallina de los huevos de oro”. O sea, a sus tarjetahabientes. Por esa misma causa la emisión
de nuevas tarjetas de crédito se ha desplomado. Y es decisión de los principales
bancos desincentivar a los usuarios comunes, castigando el uso de este servicio
con la aplicación de tasas de interés onerosas. Esto de acuerdo con informes
que celosamente guardan el Banco de México y la Comisión Nacional Bancaria. Motivos del endeudamiento La necesidad de contar con
recursos líquidos es apremiante para los particulares, y de ahí se han agarrado
las instituciones bancarias que tan sólo por el servicio de disposición en
efectivo llegan a cobrar una comisión promedio que muchas veces rebasa el nueve
por ciento; y al mismo tiempo ejercen una política más agresiva para
contrarrestar la cartera vencida al limitar el otorgamiento de tarjetas a
solamente los cuentahabientes ricos. Otro de los efectos que
resienten las personas que pretenden obtener tarjetas de crédito, es la
condicionante del ingreso. Hasta hace un año, quien
percibía un ingreso mensual de dos salarios mínimos era sujeto de crédito. Pero
actualmente sólo la gente que compruebe percibir entradas mayores a los doce
salarios mínimos puede aspirar a una tarjeta. Es aberrante esa disposición
de la usura institucionalizada. Y así lo reconoce la Asociación Mexicana de
Tarjetahabientes, a quien le resulta paradójico que mientras las autoridades de
los organismos crediticios (expresamente las del Banco de México y de la
Comisión Nacional Bancaria) realizan encuentros emergentes para ofrecer una
serie de mecanismos que permitan a los bancos mantener sus niveles de
capitalización y reestructurar su deuda, estos se nieguen a bajar sus tasas de
interés y a la emisión de nuevos créditos. En el primer caso --según
advierte la Asociación Mexicana de Tarjetahabientes--, los bancos han ofrecido
congelar los pagos mensuales, disminuir la amortización del capital e
incrementar el pago de intereses de acuerdo con los niveles que alcancen los
rendimientos. Pero ninguna de estas tres
medidas garantiza ningún beneficio adicional para los usuarios. Por el contrario, con este
tipo de programas la banca sólo busca mantener “amarrados” a los clientes por
mucho más tiempo del estipulado en los contratos --cuando existen--, a fin de
obligarlos mediante todos los recursos legales y extrajudiciales a pagar
elevadas tasas de interés. Tan es así que actualmente
algunas instituciones, al negociar con sus deudores, se muestran harto
“generosas”, hasta el grado de ofrecerles un año más de plazo para el pago del
capital, siempre y cuando en tiempo y forma liquiden los intereses. Más se nota la embestida
contra los tarjetahabientes cuando éstos rehúsan firmar tratos leoninos –les
llaman contratos de renegociación de la deuda--, pues a cambio las
instituciones bancarias, a través de abogados externos, promueven juicios
ejecutivos mercantiles para recuperar el dinero y en su acometida muchas veces
dejan en la calle a quienes otrora contrataron créditos. Em@il: jusam_gg@hotmail.comgolpeagolpe@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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