Admitámoslo o no, en toda manifestación de poder hay cortesanos y éste es uno de los inevitables patrones de conducta que llegan hasta nuestros días, aquí en Tamaulipas...
Por: Juan Sánchez-Mendoza24/11/2010 | Actualizada a las 09:19h
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Admitámoslo o no, en toda
manifestación de poder hay cortesanos.
Y éste es uno de los
inevitables patrones de conducta que llegan hasta nuestros días, aquí en
Tamaulipas.
En la antigüedad la Corte se
reunía en torno al soberano y cumplía diversas funciones, entre otras las de
divertirlo, a la vez que se mantenía subordinada a la nobleza y cercana al
gobernante.
Y también servía para
glorificar al monarca, que se rodeaba de un microcosmos obligado a complacerlo.
Justamente en éste contexto,
los cortesanos se volvían fundamentales en el séquito, merced a que dominaban
la manipulación y hacían que el rey se sintiera más real, situando en esa
tesitura al conjunto.
Eran (y son) los cortesanos
auténticos magos de la apariencia, pues tenían (y tienen) conciencia plena que
en el espacio en el que se movían (y se mueven) las cosas se juzgaba (y se
juzga), por lo que parecía ser y no por lo que realmente era, logrando
manipular las decisiones más impactantes de su monarca.
Y es que los grandes
cortesanos fueron amables y amos de la palabra.
Nunca hablaron más de lo
estrictamente necesario y sacaban el mayor beneficio tanto de un cumplido como
de un insulto velado.
Se les consideraba expertos en
la acumulación de influencias.
Especies de magos en el manejo
de las relaciones y los asuntos públicos.
La gente buscaba su presencia
porque sabían cómo agradar, aunque no recurrieran a la lisonja servil, ni
cayeran en la vulgaridad de llegar a la humillación.
El resultado era que el gran
cortesano se convertía en el favorito del rey y gozaba de todos los beneficios
de tal posición.
Hoy en día, pese a que a la
vida cortesana se le considera como una reliquia del pasado, la verdad es que
hay muchas expresiones que nos remiten a este ambiente, cargado de formas y
cumplidos, en donde la amabilidad y la cortesía son instrumentos del poder, en
tanto que impactan sensiblemente en la naturaleza humana.
Perfiles como el descrito se
perciben por doquier; en la humanidad de personajes que dejan discurrir su
talento y tratan de sorprender al gobernador electo.
Ello debiera alertar a los
hombres que manejan el poder, a efecto de que el relevo sexenal no sucumba ante
el encanto de los modernos cortesanos, que están prestos a sacar ventaja de su
cercanía con quien ya determina el rumbo de una entidad con hambre y sed de
justicia social.
Sobre todo cuando los tiempos
actuales demandan ejercer una política de nuevo tipo, donde los modernos
manipuladores y expertos en el arte de la seducción están condenados al
fracaso, so pena de que se ejerza un liderazgo débil y proclive a la adulación.
Y no creo que Egidio Torre
Cantú lo admita.
No porque él ya ha dejado en
claro la identidad de su equipo.
Es decir, los alcaldes,
relegando a segundo nivel al gabinete que habrá de acompañarlo en su travesía
en los próximos seis años.
Pero de que los modernos
cortesanos se mueven frenéticos en torno suyo, ni duda cabe. Y ya empiezan a
revolotear zalameros en derredor del jefe, a fin de tejer una red de influencia
que les permita ejercer poder por el poder mismo.
Calderón y Fox, frente a
frente
El domingo próximo Vicente Fox
Quesada y Felipe Calderón Hinojosa se verán las caras, frente a frente (o tal
vez de reojo), en un evento con que la Presidencia de la República habrá de
festejar los diez años del acceso albiceleste al Poder Ejecutivo Federal.
Obvio es que ese
acontecimiento no ocurrió el día 28 de noviembre, sino el 1 de diciembre del
año 2000, pero el señor de Los Pinos decidió conmemorar anticipadamente la
fecha (en un día inhábil), a fin de que al Auditorio Nacional (con cupo para
nueve mil 600 personas) llegue lo más granado de su partido.
Eso nada tiene de
extraordinario… bien lo sé.
Pero la concentración sí
podría resultar interesante por la grilla que seguramente habrá de desatarse en
torno a tres temas concretos:
1) El reencuentro de Vicente y
Felipe;
2) La sucesión presidencial
adelantada; y
3) El relevo de José César
Nava Vázquez como dirigente nacional del albiceleste.
La agenda del evento aún no ha
sido pulida y eso mismo provoca ya los comentarios más diversos, tanto como la
interrogante de que si esta vez el señor de Los Pinos invitará a Martha María
Sahagún Jiménez, Manuel de Jesús Espino Barrientos, Santiago Creel Miranda,
Fernando Francisco Gómez-Mont Urueta y a todos los panistas que en Durango,
Michoacán, Tamaulipas, Yucatán, Oaxaca, Zacatecas y otras entidades de la
República Mexicana renunciaron a su militancia, merced a la clara imposición de
candidatos provenientes de otros partidos políticos y/o por el desaseo con que
se gobierna al PAN.
Cara a cara
Vicente Fox Quesada es un
personaje bravucón y lenguaraz, imprudente e impulsivo, por lo que descarto su
inasistencia al evento.
Por el contrario, seguro estoy
que haría una reaparición pública estridente y sustanciosa para los medios de
comunicación masiva, con todo y la advertencia (que pudiera exigirle su segunda
esposa) de no responder a preguntas capciosas.
Es decir, a interrogantes de
doble filo.
Pero igual vaticino que desde
ahora no está dispuesto a que Felipe le gane los reflectores el domingo
venidero, pues él (y con todo derecho) bien podría reclamar el reconocimiento
histórico de haber echado de Los Pinos al Partido Revolucionario Institucional
(PRI) –después de siete décadas de haber usufructuado el Poder Ejecutivo
Federal en México--, aunque en realidad el pueblo mexicano haya sufragado (en
julio del 2000) en contra del tricolor y no a favor del albiceleste, que es por
cierto una actitud ciudadana que hasta nuestros días nadie ha podido explicar
en su real dimensión.
De cualquier modo, Fox es
quien estrenó la alternancia en el poder federal y por supuesto el titiritero
que movió todos los hilos a su alcance para despojar (en el 2006) del triunfo
electoral a Andrés Manuel López Obrador en beneficio de Felipe Calderón
Hinojosa, cuyo acceso a la Presidencia de la República sigue siendo harto
cuestionado.
Y más por la intromisión de
Vicente en asuntos que ya no son de su incumbencia, pero que claramente exhiben
su desacuerdo con el actual señor de Los Pinos.
Para tener una idea más
concreta de la confrontación entre ambos, basta referir que Vicente, luego de
que Acción Nacional sufrió la derrota más estrepitosa de su historia en el
terreno electoral (2009), culpó a Felipe del resultado, bajo el argumento de
que “si se va a gobernar, hay que hacerlo bien y hay que tener éxito y
resultados, porque la gente juzga y en las urnas se expresa”.
Sucesivamente dio en fustigar
la política social de Calderón Hinojosa, su estrategia para enfrentar a la
delincuencia organizada, las alianzas interpartidistas alentadas desde la
residencia oficial de Los Pinos y hasta por declarar culpables a quienes no lo
son por su manera de gobernar.
En respuesta, Felipe le
estregó a Vicente que el crimen organizado ha alcanzado tales niveles por las
muchas equivocaciones de Fox.
Desde entonces la
confrontación entre el guanajuatense y el michoacano han subido de intensidad,
por lo que su reencuentro del domingo próximo en el Auditorio Nacional se
advierte de pronóstico reservado; y eso seguramente ya lo tienen contemplado
quienes al señor de Los Pinos le organizan tal evento.
En fin, así Calderón quiere
festejar los diez años del PAN en el Palacio Nacional.
Se hace camino al andar
Emotiva despedida tuvo Eugenio Hernández Flores en Veracruz, por parte de sus
homólogos que forman parte de la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago).
No podría haber sido de otra forma, ya que el mandatario que a punto está de
concluir su gestión sólo aportó planteamientos sensatos en beneficio de quienes
menos tienen y logró un auténtico liderazgo en ese cuerpo colegiado que en
Veracruz reconoció su participación.
El Congreso del Estado, cuyo presidente de la Junta de Coordinación Política es
el diputado Felipe Garza Narváez, ya está listo para recibir el sexto y último
informe del gobernador Eugenio Hernández Flores, bajo un clima de cordialidad y
empatía.
Dicho acontecimiento, sólo
para recordarlo, se llevará a cabo el domingo próximo.
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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