Por: Juan Sánchez-Mendoza21/11/2010 | Actualizada a las 22:30h
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Los ayuntamientos ya no tendrán preventivos El Gobierno estatal contaría con policía única EU tiene errónea apreciación de sus viciosos Poseedores de “chocolates”, grave problema Aún no hay fecha definida para que el Congreso de
la Unión reforme por enésima vez la Constitución Política de México (en lo que
toca a los artículos 21, 73 y 115), a fin de que la seguridad pública municipal
no sea más responsabilidad de los ayuntamientos, sino trabajo exclusivo de un
mando único policial subsidiario. De cualquier forma considere Usted como inminente
la creación del organismo, que ya tiene un presupuesto millonario para el
ejercicio fiscal 2011, aprobado en el Palacio Legislativo de San Lázaro. Y eso que ni nueva corporación hay todavía. No obstante ése “detallito”, se presume que la
medida vendría a coadyuvar al saneamiento de las corporaciones federales,
estatales y municipales, cuya corrupción tanto ha exhibido la delincuencia
organizada en los meses más recientes, y, por consiguiente, derivaría en la
creación de un organismo presuntamente autónomo. De cualquier forma y hasta donde sé, la Secretaría
de Seguridad Pública (SSP) prepara un proyecto encaminado a “limpiar” las
corporaciones policíacas que en Tamaulipas operan. En principio podrían aplicarse exámenes de
evaluación a todos los efectivos de la Policía Estatal Preventiva (PEP),
policías preventivas municipales, Policía Rural, Policía Integral y al personal
de los centros de readaptación social, a fin de relevar a los malos elementos
que (se compruebe) mantengan cualquier roce con el hampa. La medida, por donde quiera vérsele, resulta sana,
pues marcaría el inicio de un verdadero combate a la corrupción policial, y,
por consiguiente, daría un nuevo golpe a la delincuencia que tanto daño causa a
la sociedad en los más de dos mil municipios que existen en la República
Mexicana. Con acciones como la aquí consignada, el gobernador
Eugenio Hernández Flores (igual) confirmaría que en Tamaulipas se ejerce
realmente una cruzada contra los transgresores de la ley; y que en tierra
cueruda no hay impunidad ni se encubre a nadie. Por si fuera poco, sé que el mandatario ha dado
instrucciones de combatir frontal, eficaz e incansablemente toda conducta
delictiva; erradicar la inmunidad; aplicar las estrategias planteadas para con
ellas elevar los niveles de seguridad; y que todos los cuerpos policiales, sin
distingo de ninguna índole, brinden el apoyo necesario a las instancias
federales en la realización de su trabajo contra la delincuencia organizada. Agresión yanqui La arrogancia con la cual Estados Unidos pretende
calificar la actuación de México en la lucha contra el narcotráfico, merece el
rechazo y la desaprobación unánime de nuestro pueblo y las autoridades
gubernamentales y legislativas, cuando menos, porque el trasiego de drogas
encuentra su origen precisamente en la enorme demanda de estupefacientes que
cotidianamente reclaman los viciosos allende el Río Bravo. Sin embargo el costo social y las consecuencias de
la “ley del narcomercado” y su solución pretenden endosarla a nuestro país, que
injustamente sufre problemas en materia de seguridad pública, criminalidad,
violencia y hasta desprestigio. Además resulta totalmente reprobable
identificar con las instituciones a los servidores públicos que de manera
individual sucumben ante la tentación de ganancias fáciles provenientes del
narcotráfico. El pueblo de México, por fortuna, se ha convertido
en el “pararrayos” que evita una mayor oferta de drogas para el ávido mercado
norteamericano. Véanse si no las estadísticas sobre los cientos de
toneladas de enervantes decomisados, destruidos e incinerados en los últimos
años; y compárense con el consumo doméstico. Más todavía: de manera dolosa el gobierno gringo ha
encontrado en las acusaciones sin fundamento un rico filón para presionar a
México porque está interesado de que sometamos nuestra soberanía a los dictados
de sus corporaciones policíacas como la DEA, CIA y FBI. ¿Y qué hace al respecto el Gobierno Federal? El poder de la información Una sociedad bien informada, como la nuestra, poco
caso hace a las injurias de quienes anhelan el poder que les está negado. Ya por no confiar en la oposición, o porque simple
y llanamente no está dispuesta a dejarse engañar, otra vez, con acusaciones
simplonas producidas al calor de la impotencia. Por ello esta ciudadanía bien informada, en lo
sucesivo, podría dar real sustento a la política y restarle poder a las
camarillas, a la filtración, al rumor y otros instrumentos de política arcaica. Los tamaulipecos ya no deseamos confusión. Todos merecemos estar enterados del alcance y los
objetivos de la acción gubernamental y de las acciones partidistas, para
enseguida dar lugar a interpretaciones responsables que remonten nuestra dañada
credibilidad. No para continuar confundidos, ni ser de nuevo
presa fácil del oportunismo que por siempre ha caracterizado a quienes son
oposición, al menos en el estado. Si usted ha observado en los últimos días a los
diputados de los partidos Acción Nacional (PAN) y de la Revolución Democrática
(PRD), o de sus testaferros, arlequines, corifeos y panegiristas, de inmediato
se dará cuenta que sólo buscan desestabilizar a la entidad. Por eso hay que frenarlos. Los “chocolateros” La permanencia de vehículos extranjeros
en territorio nacional no es asunto privativo de Tamaulipas. Se da en casi todas las entidades del
país, aunque registra mayores índices en los estados fronterizos con la Unión
Americana: Tamaulipas, Baja California, Sonora, Chihuahua, Coahuila y Nuevo
León. Refiero lo anterior porque según
estimaciones de la propia Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHyCP), a
lo largo y ancho de la República Mexicana (1’ 972, 547 kilómetros cuadrados)
circulan alrededor de dos millones de vehículos “chocolates” irregulares (entre
camionetas, camiones y automóviles), y en el caso particular de Tamaulipas, se
maneja una cantidad superior a las 350 mil unidades. Estas cifras, sin embargo, no han
podido corroborarse porque las autoridades fiscales, como de costumbre, se
muestran indolentes para levantar un censo que nos permita conocer con mayor
precisión de cuántos vehículos irregulares estamos hablando; su procedencia, su
verdadera situación legal, y, por supuesto, en manos de quien están esos
automotores que no han sido decomisados aun cuando su presencia en el país es
ilícita. Lo peor del caso es que la mayor
parte de sus poseedores no sabe manejar y menos conoce el reglamento vial, por
lo que cotidianamente provocan accidentes sangrientos y su chatarra es
abandonada en el lugar de los hechos. Sé de casos concretos en que
conductores de “chocolates” han atropellado motociclistas y peatones, se han
impactado con casas-habitación y comercios, además de otros vehículos de
procedencia nacional y modelos recientes, y en lugar de responder por su falta
de pericia ante el volante, lo menos que hacen es lloriquear su
irresponsabilidad en busca de la conmiseración humana que los saque del
problema que ellos mismos ocasionaron, aunque lo más grave es que enseguida de
la colisión los poseedores de esos “chocolates” abandonan la unidad y como
viles cobardes huyen de la zona para no pagar su delito. A muchos los puede ver en los
estacionamientos de los centros comerciales, pues suelen circular en sentido
contrario, usar los cajones destinados a los minusválidos y mujeres embarazadas
y barrer con la mira a los transeúntes que osan cruzarse en su camino. Sólo los inspectores de Hacienda no los
ven. ¿Pa’ no infraccionarlos o, de plano, evitar decomisarles la chatarra que
por ley debe recogérseles por ser evasores fiscales sorprendidos in fraganti? E-m@il golpeagolpe@prodigy.net.mxjusam_gg@hotmail.com
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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