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Sección: Editoriales / Golpe a golpe

Prensa, violencia y política

Sin distingos de ninguna índole, la sociedad mexicana se halla en la frontera del hartazgo ante la incapacidad mostrada por...

Por: Juan Sánchez-Mendoza 11/11/2010 | Actualizada a las 22:32h
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Falta de acuerdos imposibilita salir del estancamiento
Clara confrontación entre todos los grupos de interés
Medios de comunicación masiva pierden objetividad
Diputados inconformes amenazan boicotear informe
 
Sin distingos de ninguna índole, la sociedad mexicana se halla en la frontera del hartazgo ante la incapacidad mostrada por los actores políticos para establecer un diálogo responsable que permita superar el peligroso estancamiento en que se encuentra el país.
 
Vivimos un escenario de confrontación cotidiana en el que ninguna de las partes en litigio cede, y, por el contrario, se dan a la tarea de ahondar sus diferencias generando tristes y deprimentes espectáculos que, al mismo tiempo, amenazan con salirse de cause y provocar una real desestabilización social.
 
La rebatinga y pelea de espacios de poder tiene lugar en todos los frentes, sin que haya un árbitro confiable que reoriente y revierta el estado de las cosas que ya se encuentran en un punto crítico y enredado en demasía.
 
A este clima enrarecido también contribuyen, de alguna manera, los medios de comunicación masiva --sobre todo los electrónicos (radio y televisión) cuyos imperios se localizan en las ciudades de México y Monterrey--, porque en su afán de “ganar la noticia” del diario acontecer auspician, consciente o inconscientemente, el linchamiento hacia una de las partes en pugna favoreciendo a la otra, sin que les importe nada más que engrosar sus auditorios mediante el amarillismo y la estridencia que también nos tienen cansados.
 
De esta forma la parcialidad y objetividad sucumben ante la versión panfletaria cargada de morbo y sensacionalismo con que son exhibidos los problemas hacia millones de radioescuchas y televidentes, que, de manera puntual (y brutal), reciben una serie de mensajes manipulados, en las más de las veces.
 
Generar confianza y credibilidad entre los distintos segmentos poblacionales en torno a los asuntos públicos que debiera ser el propósito central de las autoridades y la prensa en su conjunto, se ha convertido en un simple concepto que adorna el discurso disociado con la realidad.
 
El ejemplo más claro de lo aquí plasmado, es que socialmente existe la percepción de que el sistema se niega a transformarse y que las promesas de cambio y profundización de la democracia --a las que acudió el actual Presidente de la República para arribar al cargo--, no pasan de ser artificios y mascaradas a los que tanto es proclive la clase política de nuestro país.
 
Ello propicia el despertar del “México bronco”, con toda la frustración de un inconsciente colectivo al que no le importa quién lo hizo y es culpable… sino quién la pague.
 
Esto además ocurre en situaciones de la vida cotidiana, donde la sociedad tiende a vulnerar las reglas y leyes establecidas mientras que los poderes y encargados de hacer que éstas se cumplan se encuentran enfrascados en una lucha sin cuartel que amenaza la seguridad nacional, en tanto se privilegian posturas sectarias y partidistas en abono al caos y en detrimento al orden y la justicia.
 
Comento esto porque los recientes acontecimientos cruentos que han tenido lugar en todo el país, merced a la lucha contra la delincuencia organizada, son un llamado de atención a las autoridades para que distiendan el clima de confrontación entre los tres poderes de la Unión y entre los gobiernos federal y estatales, y se alcancen los acuerdos necesarios antes de que el país se les vaya de las manos.
 
Asimismo, hago un llamado para que los medios de comunicación masiva, principalmente los electrónicos cuyos emporios se localizan en el Distrito Federal y la llamada Sultana del Norte (repito), cumplan con su obligación de actuar responsablemente, de manera objetiva y veraz, en el marco de la pluralidad y dejen de lado el morbo, la violencia y el sensacionalismo que distingue sus contenidos programáticos y contribuyen al clima de linchamiento que se ha enseñoreado a lo largo y ancho de la patria.
 
Política indignante
 
En el actual contexto, donde se agita la República Mexicana merced al enorme ruido que hacen los grupos de interés y la ineficiencia del titular del Poder Ejecutivo Federal --quien no logra colocarse a la altura de las circunstancias, y, muy al contrario, exhibe su proclividad hacia la confrontación con todo aquel factor de poder que no comulgue con su ideología y visión de gobierno--, es cuando se afianza la necesidad de que la política sea dignificada.
 
No es posible que se continúe promoviendo un clima de confrontación desde los poderes de la Unión, principalmente desde la Presidencia de la República que encabeza Felipe Calderón Hinojosa, en virtud a que estamos llegando a límites peligrosos; y ya en algunos rincones de la patria empieza a enseñar su rostro la ingobernabilidad, cuya presencia perjudica a todo el sistema.
 
De ahí que resulte propicio distender el ambiente y dar paso a los buenos oficios de personajes que antepongan el interés del país por encima de camarillas y grupúsculos, que con su actitud dañan al tejido social de manera torpe e irresponsable.
 
Por ello hacen falta auténticos líderes o promotores de la paz y la reconciliación nacional.
 
Entiéndase bien: políticos de nuevo cuño en el ámbito nacional que liguen la palabra con la acción y den resultados; a la par que generen un clima de confianza y sana convivencia en un marco de pluralidad.
 
Sólo así podría avanzarse en la consolidación de la democracia y evitar que todas las tentaciones anarquistas, autoritarias y terroristas sean desactivadas en beneficio de los millones de mexicanos que aún creemos en la posibilidad de un país más justo y equitativo, donde se acabe con los grandes rezagos sociales y la inseguridad pública que, por desgracia, mucho daño le han hecho a nuestra Patria.
 
Saboteadores exhibidos
 
El llamado de Felipe Garza Narváez –en su calidad de presidente de la Junta de Coordinación Política de la LX Legislatura del Congreso local--, para que los 32 diputados se conduzcan con respeto y privilegien la cultura cívica el próximo día 28, durante la sesión en que el gobernador Eugenio Hernández Flores habrá de entregar por escrito su sexto y último informe de labores, ¡claro que tiene razón de ser!
 
Y más cuando se sabe que algunos diputados opositores al Partido Revolucionario Institucional (PRI) están dispuestos a boicotear la sesión, tan sólo por el placer de darse a notar. Pero lo que se niegan a reconocer, es que ese desplante sería consecuencia de su inmadurez política y un absurdo revanchismo.
 
Lamentablemente esos diputados –que no fueron electos en las urnas--, así pretenden justificar su quehacer legislativo, pero en el fondo lo que harían es exhibir su falta de urbanidad e insensibilidad política.
 
¿O acaso de esta forma los revoltosos cumplirían al pie de la letra las órdenes recibidas en sus comités nacionales, consistentes en hacer escándalo antes y después del informe?
 
Por algo durante los últimos días los diputados del PAN, PT y PRD se han mostrado más locuaces que de costumbre, aduciendo la cantaleta de que su ejercicio cameral ha sido relegado.
 
Pero ninguno de ellos ha ofrecido pruebas de sus acusaciones ni aportado mayores elementos de juicio.
 
De ahí que nadie se trague el cuento de que la oposición adoptaría (con el recurso del sabotaje) una actitud digna.
 
Y por ello, también, nadie los toma en serio.
 
En cambio sí los tildan de berrinchudos y enanos políticos --de piel muy delicada, lengua corta y cola larga--, que a la primera finta quieren pelear hasta con su sombra.
 
La güeva se contagia
 
Y por eso el lunes venidero no habrá columna Golpe a golpe, sino hasta el día siguiente (martes 16 del mes en curso), como atención a la máxima de que el pueblo siempre tiene la razón.
 
¡Salud!
 
 
Em@il:
jusam_gg@hotmail.com golpeagolpe@prodigy.net.mx

Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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