No sé, con precisión, cuántos alcaldes han solicitado ayuda al Gobierno del Estado para solventar el pago de salarios correspondiente a...
Por: Juan Sánchez-Mendoza09/11/2010 | Actualizada a las 22:31h
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Alcaldes salientes apuestan al endeudamiento
público No tienen con qué pagar salarios; y menos
aguinaldos Diputados albicelestes le fallan al PAN y a la
sociedad Silva Santos conserva comunión con sus
gobernados No sé, con precisión, cuántos
alcaldes han solicitado ayuda al Gobierno del Estado para solventar el pago de
salarios correspondiente a las dos quincenas de noviembre, las decembrinas y
aguinaldos, pero según me han dicho la cifra acaricia una veintena. En términos cuantitativos el
escenario no pasaría de ser una simple estadística –hasta el momento--, tomando
en consideración que la cifra podría disminuir vía el otorgamiento de
empréstitos y/o “adelantos” con cargo a los presupuestos municipales del 2011,
que, por cierto, aún no se han aprobado ni toca ejercerlos a los ediles que ya
van de salida. Sin embargo hay que analizar,
desde el punto de vista cualitativo, qué circunstancias pudieron provocar el
quebranto financiero a cada uno de esos ayuntamientos que carecen de recursos
económicos para cubrir en tiempo y forma sus obligaciones. Ya no digamos en lo
concerniente al pago de obras o proveedores –dado que los contratistas o
abastecedores (de insumos) regularmente son gente rica--, sino al aspecto
laboral –donde se incluye a prestadores de servicios profesionales--, pues la
amenaza de conculcar al trabajador los sueldos, prestaciones de ley y
honorarios a que tienen derecho, es tanto como jugar con el hambre del pueblo. Sobre todo cuando sabemos que
a los presidentes municipales que hoy piden ayuda --y también a los que no--,
durante los tres años de su ejercicio constitucional han recibido apoyos
extraordinarios por parte del Gobierno estatal, por lo que ningún pretexto
tienen para dejar de pagar a la burocracia sindicalista y de confianza –ésta
última contratada por ellos mismos--, las dos quincenas de noviembre, las
decembrinas, aguinaldos y honorarios a los prestadores de servicios, sin
considerar el esperado bono que se acostumbra al finalizar cada trienio. A menos que esos alcaldes (que
se dicen en quiebra) antepusieran el bienestar de su parentela, compadres,
amigos y socios, a la necesidad de la clase trabajadora (aunque las dos últimas
palabras interprétense entre comillas en muchos de los casos). Por otra parte, cierto es que
el Gobierno Federal ignominiosamente dispuso recortar los recursos a los
municipios en los últimos tres años; y que los ayuntamientos han enfrentado
cualquier cantidad de obstáculos para acceder a las prerrogativas de ley, pero también
es una realidad que el Gobierno del Estado en ningún momento los ha abandonado. Lo prueba el hecho de que la
mayoría de ayuntamientos (con que cuenta la geografía tamaulipeca) tenga en sus
arcas dinero para cubrir, al menos, los salarios del mes en curso y del
próximo, el aguinaldo, las compensaciones y otros imprevistos del gasto
corriente, mientras que los ediles derrochadores no fueron capaces de prever en
tiempo y forma el egreso, merced a su ineptitud para administrar el erario que
su personal de mayor confianza, durante cerca de tres años, manejó como si
hubiera sido fortuna personal. En fin, ya habrá tiempo de
profundizar en cuanto a los malos manejos del erario municipal, que hoy exhiben
quebrados a cerca de dos decenas de ayuntamientos y amenazan con dejar sin pavo
navideño a centenas de burócratas; o con deudas públicas estratosféricas a sus
relevos. Legisladores libertinos Cierto es que los diputados
gozan de fuero constitucional; que son los responsables de vigilar el cabal
cumplimiento de las leyes; quienes derogan y promueven la legislación vigente
en el ámbito nacional o estatal, según sea el caso; y que gozan de libertad
plena, como cualquier otro ciudadano, para criticar, analizar, denunciar o
simple y llanamente reconocer todo lo que ocurre en su entorno. Dentro y fuera del recinto
legislativo; en sus lugares de origen, en sus comunidades, en sus distritos. Pero también es cierto que no
por su investidura pueden recurrir a la difamación, mentira, calumnia, diatriba
o engaño para darse a notar y/o ganar reflectores; para que los periodistas les
regalemos espacios, ni para denostar a quienes se niegan acceder a sus
caprichos y chantaje político. Por eso atrapan mi atención
las palabras que en vida pronunciara el ideólogo Jesús Reyes Heroles. Dijo: “La ambición es móvil de
la acción política; pero la ambición de buena ley, la ambición humana de servir
y destacar, no de servirse y parecer”. Cito lo anterior porque en la
LX Legislatura del Congreso local –que por cierto está por concluir--, ninguno
de los diputados de extracción albiceleste se ha subido a la tribuna a proponer
iniciativas de ley tangibles, defender causas de sus representados sin
anteponer el interés propio o de los grupos de ultraderecha, y menos a
privilegiar el diálogo ni el debate de altura en un intento de alcanzar
acuerdos que impacten en el bienestar social. Por otra parte, debo aclarar
que el fuero constitucional no les da patente de Corzo para dar rienda suelta a
su libertinaje. Ni para agredir a los
periodistas que no aplauden cuanta ocurrencia tienen; o para conspirar contra
la libre expresión. Compromisos cumplidos La administración municipal de
Matamoros ha logrado avanzar por el camino correcto, pues ejerce una política
cercana a la gente. Y en esto mucho tiene qué ver
la sensibilidad política del alcalde Erick Silva Santos, quien a lo largo de su
régimen ha sabido escuchar a los ciudadanos y atendido puntualmente sus
demandas. En los (casi) tres años de su
gestión, Erick ha cumplido uno a uno los compromisos que contrajo (al inicio de
su período constitucional) con la sociedad de esa localidad fronteriza; y a
cambio pueblo y gobierno municipal hoy se muestran como una sola familia y
comparten un mismo objetivo: elevar la calidad de vida de quienes pueblan “La gran
puerta de México”. Claro es que para lograr esa
comunión ayuntamiento-sociedad, ha sido importante el respaldo del gobernador
Eugenio Hernández Flores, quien públicamente ha reconocido el trabajo del
alcalde. El buen entendimiento entre
ambos, su firme voluntad para coordinarse y trabajar juntos en beneficio de
quienes menos tienen, la política humanista que los distingue y la sensibilidad
que los dos muestran en el ejercicio del poder, son otras coincidencias que en
los hechos se han traducido en obras y acciones, por lo que ambos personajes,
allá en la frontera, gozan de auténtico liderazgo. Inflación galopante Para el Banco de México, es
preocupante el nivel actual de inflación derivado del alza en los precios de
alimentos y energéticos. Sin embargo la propia
Federación, a través de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHyCP)
desestima el hecho y oficialmente reconoce que el índice anual inflacionario
apenas alcanza el 5.78 por ciento. Entonces, ¿quién miente? Considero que los
maquilladores de la severa crisis económica que padece México, pues la
apreciación del Banco de México la comparten y magnifican millones de amas de
casa y el sector asalariado, que en su actividad cotidiana sufren por la
escalada inflacionaria que ha invalidado todo poder adquisitivo. Basta con preguntar en el
mercado, en las tiendas de autoservicio, en las carnicerías o tortillerías;
incluso en las oficinas de los organismos prestadores de servicios públicos o
privados --CFE, Telmex, Pemex, bancos, etcétera--, la opinión de los usuarios a
este respecto, para mejor entender que el índice inflacionario en mucho ha
rebasado el 100 por ciento, y en cualquier momento así lo podrían constatar los
soplanucas del señor de Los Pinos. Como ejemplos claros de esta
aseveración surgen 1) el precio del kilogramo de las tortillas, que se vende
hasta en 13 pesos; 2) las tarifas por el consumo de energía eléctrica que hoy
resultan altamente lesivas para el consumidor; 3) los incrementos que han
sufrido los precios por el uso de la telefonía convencional o celular; 4) el
precio de la carne, cuyo kilogramo al clarear el alba del año en curso era de
60 pesos y hoy se vende a casi 90 pesos; 5) las infracciones de Tránsito que se
han elevado inmisericordemente; 6) las rentas; 7) los precios del vestido y el
calzado; 8) las colegiaturas y, cuando menos, 9) el uso de estacionamientos
públicos, que de cinco pesos por hora se multiplicó al doble… al menos aquí, en
Ciudad Victoria. Por eso y más cualquier ama de
casa y trabajador –en esta apreciación quedan excluidos los políticos y
funcionarios públicos--, en sus manos cuentan con argumentos valederos para
desmentir al Gobierno Federal que encabeza Felipe Calderón Hinojosa, en cuanto
a la inflación que él no ve ni resiente, pero que millones de compatriotas
padecemos día tras día. Em@il: jusam_gg@hotmail.comgolpeagolpe@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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