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Sección: Editoriales / Golpe a golpe

Eugenio no para

Estamos a veinte días de que Eugenio Hernández Flores entregue por escrito su sexto y último informe de Gobierno –en acato a lo dispuesto por la Constitución...

Por: Juan Sánchez-Mendoza 09/11/2010 | Actualizada a las 08:18h
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+ Recorre nuevamente el estado para entregar obras
+ La continuidad educativa es una de sus prioridades
+ Hay oportunistas que quisieran sorprender a Egidio
+ Turismo en Tamaulipas fracasa por culpa del “Javo”
 
Estamos a veinte días de que Eugenio Hernández Flores entregue por escrito su sexto y último informe de Gobierno –en acato a lo dispuesto por la Constitución Política del Estado de Tamaulipas--, pero esto no le inquieta ni le quita el sueño, según lo deduzco por la intensa actividad que cotidianamente realiza aquí en su tierra y en otras latitudes.
 
Y eso describe claramente su fortaleza política, ya que la nostalgia sexenal, inherente a todo servidor público en el ocaso de su gestión, él no la refleja aislándose.
 
Por el contrario, da la cara a sus gobernados y sigue entregando obras; pide al pueblo que con Egidio Torre Cantú se la juegue por el bienestar y el desarrollo de Tamaulipas; e incluso exige a sus colaboradores no inmiscuirse en asuntos que no son incumbencia suya –como la transición del poder--, a fin de que el relevo sexenal se dé en un marco de armonía, como en anteriores cambios no se ha visto en Tamaulipas.
 
Por eso y más me atrevo a comentarle que durante el régimen que está por concluir (53 días), Eugenio estableció un estilo diferente en la forma de gobernar, como seguramente Usted coincide en interpretarlo.
 
Sobre todo en el respeto a la autonomía municipal y en lo político, ya que ningún alcalde, legislador (local o federal), dirigente partidista o detractor del sistema podría decirse sorprendido, pues Hernández Flores ha sido un mandatario incluyente, que lo mismo atiende a los alcaldes de filiación partidista antagónica al tricolor que a los diputados y senadores “opositores”, del mismo modo que a sus compañeros del Revolucionario Institucional.
 
Con ello, Eugenio deja constancia de que forma parte de una nueva generación política de mandatarios –jóvenes, en su mayoría, según se ha visto--, con modos distintos de hacer política --si se les compara con sus antecesores--, y con ganas de seguir jugando en otros estadios.
 
De ahí su decisión de cerrar a tambor batiente.
 
Continuidad educativa
 
La educación laica y gratuita es un servicio público que no debe estar supeditado a los cambios político-administrativos; y menos al capricho de quienes manejan las distintas áreas en que se divide la dependencia gubernamental encargada de este rubro.
 
Por ello el jefe del Ejecutivo estatal, Eugenio Hernández Flores, ha girado instrucciones para que antes de concluir su administración se cumpla el compromiso de implementar una educación integral de calidad, basada en valores, pertinente, incluyente e innovadora.
 
Esto con la clara intención de formar ciudadanos aptos para desempeñarse con éxito en la nueva sociedad del conocimiento y comprometidos con el desarrollo sustentable de Tamaulipas, a partir de una formación humanista y práctica vinculada a las necesidades sociales y productivas del estado y del país.
 
El mismo mandatario ha reconocido que la educación, como patrimonio del individuo, fortalece su capacidad de desarrollo personal, social, económico, político y cultural.
 
De ahí su compromiso de que todos los niños de preescolar y primarias públicas sigan teniendo educación de excelencia y además un seguro contra accidentes que los proteja desde que salen de sus casas.
 
Como usted podrá apreciar, Eugenio tiene muy en claro que la educación integral es la mejor arma para erradicar de tierra cueruda el espectro del analfabetismo, del ocio, de la ignorancia y de la marginación.
 
Igual entiende, ya lo creo, que para alcanzar la meta es necesario implementar un proceso altamente democrático que asegure la participación de los principales actores educativos: alumnos, maestros, padres de familia, instituciones, organizaciones, clubes de servicio y a la ciudadanía en general, a efecto de considerar sus opiniones y propuestas respecto a la situación de la época y las perspectivas de la educación.
 
Quizá existan funcionarios del ramo y algunos mentores que no comulguen con la política educativa de Hernández Flores, pero serían los menos, estoy seguro, porque en los hechos Eugenio ha demostrado que nada detendrá su proyecto de elevar la calidad en el aprendizaje de nuestros hijos.
 
Y ese es, precisamente, uno de los legados que habrá de heredar a su relevo sexenal, el ingeniero Egidio Torre Cantú.
 
Integración del gabinete
 
Por salud del propio sistema político estatal, los esperados nombramientos del gabinete de Egidio Torre Cantú no tienen por qué resolverse bajo presión, para evitar que los burócratas ineficaces, ineficientes e ineptos recurran al juego sucio en su loco afán de seguir pegados a la ubre gubernamental; y que el Gobernador Electo, ya en carácter de Constitucional, pudiera arrepentirse de haber nominado a personajes no aptos para encabezar las carteras de su administración.
 
Hago el comentario por presumir que con tanta grilla los aludidos tendrían tiempo suficiente para elucubrar acciones que mancharan la imagen no sólo del nuevo equipo, sino la del mismo Eugenio Hernández Flores, en respuesta a lo que ellos considerarían una injusticia.
 
Esta realidad es la que se encubre mediante la propagación de logros aislados en el ejercicio público, pues algunos funcionarios pretenden hacerle creer a su aún jefe que trabajan al mismo ritmo que él.
 
De ahí se desprende, entonces, que los aspirantes a enquistarse en la administración pública no procuren la institucionalidad para ser evaluados en su desempeño, sino que al cacarear cuanto hacen o dicen buscan obtener la ansiada calificación que los apruebe siquiera de “panzazo” en su loco afán de perpetuarse en la esfera gubernamental.
 
Por eso sin rubor alguno tienen la necesidad de maquillar su desempeño.
 
En contraparte, no actúan igual los servidores profundamente comprometidos con la responsabilidad asignada, pues ellos anteponen la humildad y el bajo perfil a los reflectores que tanto buscan quienes ya asoman tendencia a seguir la tradición de enquistarse en el ejercicio público –aunque no lo merezcan--, con todo lo que ello implica, cuando sus propios subordinados y hasta secretarias conocen más acerca de los quehaceres político-administrativos de las dependencias a su cargo.
 
Así, a los pretendientes a repetir en carteras de primer nivel, poco les importa exhibir sus limitantes y deficiencias, merced a la codicia que tienen de mantenerse en el poder por el poder mismo.
 
Industria sin chimeneas
 
Tamaulipas es una entidad rica en bellezas naturales.
 
Su relieve terrestre, ríos y lagunas, presas, clima, regiones y biodiversidad, constituyen el tesoro (quizá) más importante de la geografía estatal.
 
Pero a lo largo de la historia pocos son los hombres que se han interesado en divulgar las bondades de su naturaleza.
 
Y la mejor prueba es que hasta hoy, incluso, la industria turística prácticamente no existe, pese a todo el impulso que la actual administración gubernamental le da al desarrollo turístico.
 
Culpables de ello han sido los ex mandatarios que soslayaron atender el rubro por el costo de inversión que representa; los grupos de interés que temen al desarrollo turístico por considerar que éste les haría perder sus cotos de poder, y, por supuesto, los funcionarios estatales que han sido habilitados como responsables del área.
 
La referencia viene al caso por la pretensión que tuvo el actual mandatario de darle a Tamaulipas un real impulso turístico, sostenido y sustentable, a fin de que la llamada industria sin chimeneas estatal, en lo mediato, fuera competitiva con la oferta de otras entidades y regiones del país.
 
En principio, el proyectó contempló fortalecer los desarrollos turísticos de la Playa Miramar (Madero), Barra del Tordo (Aldama), La Pesca (Soto la Marina), Playa Bagdad (Matamoros) y el “Cañón de la Peregrina” (Victoria); así como el turismo fronterizo (en al menos Nuevo Laredo, Reynosa y Matamoros), cinegético (en todo el estado) y la pesca deportiva (en las presas, ríos, lagunas y mar).
 
Lograrlo no es nada fácil.
 
Y menos cuando los llamados caciques se opusieron a facilitar la inversión privada a través de los alcaldes y legisladores a su servicio –como ocurre en Madero, Aldama y Soto la Marina--, por suponer que la llegada de capitales foráneos, forasteros o extraterrestres, les disminuiría sus ínsulas de dominio.
 
Pero de este tema nada quiere hablar Javier Villarreal Terán.
 
Em@il:
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Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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