Junto al desempleo y la pobreza, es la inseguridad pública uno de los problemas que mucho lastiman a nuestra sociedad...
Por: Juan Sánchez-Mendoza24/10/2010 | Actualizada a las 22:35h
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Allá la
inseguridad pública crece y se multiplica La falla
gubernamental en la zona, es evidente Falsos
periodistas acosan a alcaldes salientes Es su
responsabilidad cubrir el gasto corriente Junto
al desempleo y la pobreza, es la inseguridad pública uno de los problemas que
mucho lastiman a nuestra sociedad. Sobre todo cuando esa inseguridad es
provocada por quienes trasgreden el marco legal en la comisión de delitos del
orden federal. Dicho
cáncer penetra hasta los rincones más apartados de la geografía tamaulipeca,
pero hasta hoy el régimen que preside Felipe Calderón Hinojosa no ha ofrecido
avances sustantivos en su lucha contra el crimen organizado. Por
el contrario, exhibe yerros en sus sistemas de inteligencia y operativo, pues
comunidades otrora pacíficas se han convertido en verdaderos campos de batalla
por los enfrentamientos que ahí libran las fuerzas federales y el hampa. Conforme
transcurre el tiempo, ahí la delincuencia ha sentado sus reales y defiende a
sangre y fuego el territorio “conquistado”, mientras que los militares y la
Policía Federal Preventiva (PFP) no logran encontrar la fórmula para atenuar,
al menos, ese lastre que atenta contra individuos y familias. Las
ciudades fronterizas, sobre todo, son espacios de alto riesgo donde impera la
ley de la selva, sin que se advierta poder humano capaz de establecer el orden
sin que ocurra el derramamiento de sangre inocente. Y
menos se vislumbra la aparición del “superhombre”, cuando resulta claro el
fracaso de las estrategias federales implementadas para frenar los índices
delictivos --como bien lo demuestran los acontecimientos que en Nuevo Laredo,
Reynosa, Matamoros y toda la frontera tamaulipeca han tenido lugar últimamente--,
dando pie a suponer que los retos de la delincuencia organizada se cometen en
un marco de impunidad que constituye, además, uno de los principales
ingredientes que permiten la propagación del fenómeno. En
reiteradas ocasiones se ha comprobado que el hampa teje relaciones y logra
penetrar las esferas encargadas de combatirla, lo que ha sido demostrado cuando
se logra detener a facinerosos de alto rango, quienes muchas veces son
servidores públicos en activo, lo fueron o sostienen relaciones de complicidad
con los mandos encargados de la seguridad pública federal. Es
más, en el pasado reciente resultaba común enterarse de cómo delincuentes
disfrazados de policías, mediante estipendio, lograban colarse a las mejores
“plazas” --este mal quizá aún se practica--, a fin de estar cerca de los
“patrones” y poder servirles adecuadamente. Secuestros,
violaciones, robos, tráfico y venta de estupefacientes, así como viles y
cobardes asesinatos, forman parte de una larga lista de modalidades criminales
que llenan a diario los espacios y tiempos de los medios de comunicación masiva
y siguen al alza. Todo
ello daña la credibilidad hacia las instituciones federales encargadas de la
seguridad, hasta el grado de que la población agraviada ya está harta de su
incapacidad, ineptitud e ineficiencia, que cada día son más evidentes. Sólo
cifras alegres y pretextos escuchamos por doquier por parte de los encargados
de combatir al hampa, que desafortunadamente avanza a pasos firmes en todo el
país sin que logren detenerlo las autoridades responsables en la materia. Tendencia
a minimizar Las
declaraciones de altos funcionarios federales que tratan de minimizar lo que
ocurre en toda la frontera que nuestro país comparte con la Unión Americana,
podrían formar parte de un guión al que acuden frente a sucesos de esta índole
--eso lo entiendo perfectamente--, pero de ninguna manera se puede convenir que
en ello vaya implícita la tentación de negar una realidad que se palpa a
diario, como es la inseguridad pública. ¿Y
qué están esperando los funcionarios federales encargados de combatir al crimen
organizado? ¿Porqué
no hay resultados tangibles de su actuación en la frontera? Políticos
acosados En
los últimos días, algunos presidentes municipales han sido víctimas del
escarnio por negarse a satisfacer el apetito voraz de algunos mercenarios de la
comunicación. Pero
la insidia no alcanza su cometido merced a la suciedad con que ha pretendido
exhibírseles –la mayoría de las veces--, o porque el receptor, por convicción
propia, se rehúsa a magnificar infamias que en nada contribuyen a la
objetividad periodística y sí, por el contrario, a la real pérdida de
credibilidad de la prensa en su conjunto. Al
comentario lo nutre el hecho de que (también a últimas fechas) algunos
periodistas hemos sido bombardeados con información que refiere ciertos
deslices en la vida privada de algunos alcaldes que ya van de salida, sin que
los autores de la embestida se atrevan a dar la cara; ya por cobardía, o, como
ellos argumentan en el anonimato, “por razones obvias”. La
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, es muy clara al
consignar que la libertad de expresión debe respetarse siempre y cuando no
atente contra la vida privada de los individuos, pero hay quienes arguyen que
un político no tiene vida privada, en clara alusión a su afán de ganar espacios
a través del escándalo y la diatriba, con las que intentan lograr popularidad
entre la opinión pública. En
lo sucesivo y hasta la víspera del relevo municipal, seguramente arreciarán los
golpes bajos que hablen del mal comportamiento de fulano, zutano o mengano (en
su vida privada), sin que nada ni nadie pueda frenarlos aun cuando se tratare
de simples especulaciones, porque igual que los periodistas éticos existen
vividores del oficio que en el chantaje y la extorsión encuentran su modus vivendi. Por
lo que respecta a la prensa profesional –los lectores bien que la ubican--,
ésta difícilmente haría eco a la calumnia o trataría de enlodar personalidades
–sobre todo en lo que a la vida privada se refiere--, o, en su caso, a la
reproducción de versiones que no le constaran. Pero
eso es harina de otro costal; y de ello hablaré en futuras colaboraciones, pues
hoy me ocupa simplemente la necesidad de aclarar que no soy, ni pretendo ser,
repetidor de especulaciones ni mucho menos tengo interés en entrometerme en lo
que no me importa; o sea, en la vida privada de los políticos. Lamentablemente
muchos de ellos han caído en el juego de los mercenarios de la comunicación. ¿Crisis
crónica? A
partir de enero próximo pasado, la falta de recursos ha sido harto notoria en
casi todos los municipios de la geografía tamaulipeca, según advierten los
prestadores de servicios, contratistas, proveedores y el personal de base. De
ahí que el número de arrepentidos por haber votado por la continuidad crezca y
se multiplique día tras día; es decir, por haber sufragado a favor del Partido
Acción Nacional (PAN), porque en la residencia oficial de Los Pinos se gestó el
crimen contra los municipios al cancelar las remesas federales legalmente
presupuestadas para aplicarse en todo el país. Por
eso no le extrañe que los alcaldes pidan prestado por todos lados ni que la
burocracia municipal se manifieste en las plazas y calles para exigir que al
menos sus salarios sean cubiertos. De
todo ello tienen conocimiento el gobernador Eugenio Hernández Flores y el
secretario de Finanzas, Óscar Almaraz Smer, quienes analizan cada caso y tienen
la firme voluntad de ir al rescate de los programas y obras sociales, aunque
también han dicho que no hay dinero para prestar, adelantar o financiar el
gasto corriente. En
el caso del Gobierno Federal, no sé hasta dónde haya interés de resarcir a los
ayuntamientos lo que el Presidente les arrebató y sigue negándose a
resarcirles. En
fin, lo cierto es que mientras en la residencia oficial de Los Pinos se habla
cotidianamente de que la crisis económica es pasajera, en los municipios de la
geografía tamaulipeca los estragos de ese revés financiero son harto palpables
y lesivos para sus comunidades. E-m@il: jusam_gg@hotmail.comgolpeagolpe@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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