“Cuando la perrada es brava… hasta a los de casa muerde”, según reza una parábola que durante generaciones ha...
Por: Juan Sánchez-Mendoza20/10/2010 | Actualizada a las 22:38h
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Sus aliados se
contraponen al mando único policial Son tres
senadores y en la Cámara mandan galleta Se exhibe a
gobernadores que avalaron la iniciativa Ser pacifista es
la mejor virtud del pueblo mexicano “Cuando la perrada es brava… hasta a los de
casa muerde”, según reza una parábola que durante generaciones ha ido de boca
en boca en los 2 mil 438 municipios de la geografía nacional. Ése
aforismo ilustra claramente las fracturas que impiden avances sustanciosos del
sistema político mexicano, por una parte, y, por otra, los desacuerdos entre el
señor de Los Pinos y sus aliados en el Congreso de la Unión. Y
esta vez no me refiero a los “chaqueteros” legisladores priístas o del Partido
de la Revolución Democrática (PRD), de Convergencia ni a panalistas, ecológicos
y ni a los autonombrados independientes, pero sí a los representantes populares
del membrete albiceleste, por rehusarse a la creación del mando único policial,
propuesto por su compañero ideológico Felipe Calderón Hinojosa. Prueba
de ello es que el presidente de la Comisión de Seguridad Pública en el Senado
de la República, Felipe González González, tanto como sus homólogos Ramón Galindo
Noriega (jefe de la Comisión de Desarrollo Municipal) y Federico Döring (así
con diéresis) Casar –los tres son militantes de Acción Nacional--, se oponen
abiertamente al proyecto original del jefe del Ejecutivo Federal, ya que
consideran que reformar la Constitución Política del país como él lo propone
–en relación a los artículos 21, 73, 115 y 116--, sólo debilitaría a los
municipios y por consiguiente los haría más vulnerables frente a la
delincuencia organizada que, acorde a la apreciación popular, hasta hoy le
sigue ganando la partida al Gobierno Federal. La
posición de los senadores panistas –y en la que también están de acuerdo los
del partido del Sol Azteca--, se dio durante un encuentro con alcaldes de la
Federación Nacional de Municipios de México (Fenamm). De
ahí que la iniciativa presidencial tienda a sufrir modificaciones en su
contenido –aun cuando los legisladores priístas y los gobernadores de
extracción albiceleste y tricolor la avalen sin restricción alguna--, o quizá
no prospere, pues quitarle atribuciones a los ayuntamientos va en contra de la
tendencia mundial de fortalecer a los municipios. Hace
días, cuando por tercera ocasión abordé el tema, erré en mis apreciaciones (lo
admito), pues consideré que la iniciativa presidencial largamente cabildeada en
el Congreso de la Unión y ante mandatarios estatales no tendría mayor problema
para aprobarse. Pero
¡oh!, triste desilusión, ya que la sorpresa del veto surgió del establo menos
esperado: el albiceleste, por lo que a los priístas no les quedaría más remedio
que esconder la cabeza como el avestruz. Y
a Calderón Hinojosa –si acaso no fuere el elucubrador de esto que me huele a
triquiñuela--, no le quedaría más que entender que su ciclo en el poder ya está
acabado, aun cuando formalmente siga ostentando el Bando Presidencial. Se
lo comento porque si la iniciativa que él mismo revisó --aunque no la haya
confeccionado, corrigió y firmó (en común acuerdo con 30 de los 31 mandatarios
estatales del país y del jefe de Gobierno del Distrito Federal--, para reformar
nuestra Carta Magna y crear el mando único policial, no la aprueban ni sus
mismos aliados, difícilmente habría quien le crea que tiene todos los hilos del
poder en la mano. Población
pacifista Estamos
a un mes de conmemorar el centenario del inicio de la Revolución Mexicana (20
de noviembre), sin que en México se haya dado otra revuelta armada que
realmente refleje el descontento social hacia el sistema político que aún nos
rige. Ni
siquiera las rupturas priístas (militares y civiles registradas en los últimos
siete lustros), el movimiento ciudadano azuzado por Andrés Manuel López Obrador
o los brotes de guerrilla que han aparecido en Guerrero, Chiapas, Chihuahua,
Hidalgo y otras latitudes de la geografía nacional, han tenido el respaldo de
las mayorías para mediante la violencia conseguir sus propósitos. Pero
en el fondo es porque el pueblo mexicano guarda mesura con paciencia de monje,
merced al espíritu pacifista que lo distingue y la fe y esperanza que aún tiene
para acceder a un mejor futuro. No
porque sienta que los beneficios llegan en cascada a su menguada economía --que
éste, como los gobiernos federales anteriores, se ha encargado de agravar y
está a punto de pulverizar con más y mayores impuestos, según se interpreta por
la recientemente aprobada miscelánea fiscal para el ejercicio 2011--, o por
temor, sino porque ya está visto que la violencia sólo engendra más violencia. Hay
que subrayar, también, que si México no ha entrado en un desorden generalizado
o en el autoritarismo totalitario, es gracias a las sólidas instituciones que
se han creado a lo largo de la historia: el Congreso de la Unión, el Ejército
Mexicano, los gobiernos estatales autónomos (aunque federados), y uno que otro
partido político, entre otras. Pero
esto no lo reconoce ni de chiste el actual señor de Los Pinos, quien sigue
empeñado en asegurar que a partir de su régimen México inició una real
transformación. Empero,
la percepción generalizada es que Felipe Calderón Hinojosa falta a la verdad. Simple
y llanamente porque ante lo obvio no hay quien le crea. Él,
al inicio de su administración, prometió una economía fuerte y sólida para
beneficio de sus gobernados, más empleos, seguridad pública, justicia social,
precios competitivos para los productores agropecuarios, vivienda para todos y
excelentes servicios de educación y salud, cuando menos. Pero
ya han transcurrido los dos primeros tercios de su gestión sin que haya
cumplido ninguna de sus promesas. Y
eso salta a la vista. De
cualquier forma aquí en Tamaulipas, donde empieza la Patria y donde sus
habitantes (igual que casi todos lo que pueblan el país) no quieren, no
queremos, ser copartícipes de la ingobernabilidad que amenaza a todo México,
aún creemos en un mejor futuro. Dignificar la política Por cierto, en el actual contexto donde
se agita la República Mexicana merced al enorme ruido que hacen los grupos de
interés y la ineficiencia del titular del Poder Ejecutivo Federal --quien a más
de cuatro años de ostentar el Bando Presidencial aún no logra colocarse a la
altura de las circunstancias, y, muy al contrario, exhibe su proclividad hacia
la confrontación con todo aquel factor de poder que no comulgue con su
ideología y visión de gobierno--, es cuando se afianza la necesidad de que la
política sea dignificada. No es posible que se continúe
promoviendo un clima de confrontación desde los poderes de la Unión,
principalmente desde la Presidencia de la República que encabeza Felipe
Calderón Hinojosa, en virtud a que estamos llegando a límites peligrosos; y ya
en algunos rincones de la Patria empieza a enseñar su rostro la
ingobernabilidad, cuya presencia perjudica a todo el sistema. De ahí que resulte propicio distender el
ambiente y dar paso a los buenos oficios de personajes que antepongan el
interés del país por encima de camarillas y grupúsculos, que con su actitud
dañan al tejido social de manera torpe e irresponsable. Por ello hacen falta auténticos líderes
o promotores de la paz y la reconciliación nacional. Entiéndase bien: políticos de nuevo tipo
que liguen la palabra con la acción y den resultados; a la par que generen un
clima de confianza y sana convivencia en un marco de pluralidad. Sólo así se puede avanzar en la
consolidación de la democracia y evitar que tentaciones anarquistas y
autoritarias sean desactivadas en bien de los millones de mexicanos que aún
creemos en la posibilidad de un país más justo y equitativo, donde se acabe con
los grandes rezagos sociales que, por desgracia, aún persisten. Em@il: jusam_gg@hotmail.comgolpeagolpe@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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