Es el diálogo una práctica que habitualmente funciona cuando existe voluntad para alcanzar acuerdos más allá del interés unilateral, partidista o de grupo...
Por: Juan Sánchez-Mendoza18/10/2010 | Actualizada a las 22:34h
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Evita confrontaciones y permite alcanzar
acuerdos Eugenio ha recurrido a esa práctica en su
régimen Egidio es respetuoso de la oposición y lo
respetan Paro universitario de Altamira conlleva
perversidad Es el diálogo una práctica que
habitualmente funciona cuando existe voluntad para alcanzar acuerdos más allá
del interés unilateral, partidista o de grupo. Y es en política,
precisamente, donde la concertación mucho se requiere como ingrediente
sustantivo de la gobernabilidad. El hecho de que entre dos
actores o más haya diferencias de credo, colores o ideológicas, en nada impide
su comunión si el objetivo primario es el mismo: Hacer del ejercicio público
todo un apostolado. Pero si acaso alguna de las
partes antepone la soberbia por su mismo afán protagónico, difícilmente juntos
accederían a estadios de buen entendimiento. Los sainetes cotidianos que se
viven en todo el país ilustran claramente la ausencia de acuerdos y la
radicalización de posturas, sin que hasta hoy asome un interés común (de parte
de los involucrados) para ahuyentar el espectro de la inestabilidad social,
política y económica que amenaza con enquistarse en México. Acá en Tamaulipas no ocurre lo
mismo en la etapa de transición del poder. Y no porque Eugenio Hernández
Flores y Egidio Torre Cantú tienen la virtud de ser hombres tolerantes,
respetuosos e incluyentes en su forma de hacer política. Ambos mandatarios (uno
constitucional y el otro electo), evitan la confrontación y procuran el diálogo
como recurso para ponerse de acuerdo entre sí y con los distintos actores del
sistema político estatal. Prueba de ello es que Eugenio
ha gobernado de la mano con los 43 alcaldes de la geografía tamaulipeca
–incluidos los de oposición--, y que Egidio ha sostenido encuentros privados
con los presidentes municipales electos antagónicos al Partido Revolucionario
Institucional (PRI), igual que con los 36 de su misma filiación partidista. De ahí se desprende que el
Gobierno que viene, igual que el que acaricia su ocaso, coinciden en
privilegiar el diálogo por ser el mejor camino para ponerse de acuerdo y
garantizar la gobernabilidad en elk estado. Inconformidad callejera La protesta es un recurso
utilizado por quienes buscan producir un cambio social, político o económico. Y regularmente se da a través
de manifestaciones pacíficas. Para explicar este tipo de
expresión se han ofrecido los más diversos alegatos animados por
librepensadores, políticos, líderes y luchadores sociales, como Thomas
Jefferson, quien consideraba que “los hombres tímidos prefieren la calma del
despotismo al turbulento mar de la libertad”. Las protestas más recurrentes
surgen cuando existe profundo desencanto con los actuales programas y líneas de
gobierno en sus tres niveles; y generalmente provienen de organizaciones que se
sienten afectadas pero son incapaces de mostrar su sentir a través de los
canales regulares y legítimos. Sin embargo hay otro tipo de
protesta fincada en la perversidad; y ésta tiene su origen, regularmente, en
los clanes que codician el poder y no saben cómo acceder a él a través de
méritos propios. Y es lo que ocurre,
precisamente, con las protestas elucubradas por nomenclaturas desgastadas que
mediante la presión tratan de intimidar a los servidores públicos, animadas y
financiadas por mentes truculentas. Grados de protesta En un contexto social
distinguido por la desigualdad, lo común es que los poderosos no se sienten a
dialogar con personas o grupos que son considerados débiles o marginales. Entonces, bajo este escenario,
se argumenta que no existen las condiciones para la discusión, el debate, la
influencia mutua o el florecimiento de la democracia. Pero si acaso tienen lugar
algunos encuentros entre grupos o personas que defienden proyectos opuestos, es
debido a la tolerancia y generosidad de las autoridades encargadas de preservar
el orden, sin que ello signifique que tengan la voluntad de abdicar voluntariamente
a su poder y defensa de intereses. Las bases sólidas en las que
prospera la democracia, sólo se dan a condición de que las fuerzas políticas y
sociales que toman parte en la lucha por alcanzar o conservar el poder se
encuentren en condiciones de presencia similar y equilibrada. De ahí que la discusión en la
búsqueda de consensos en una sociedad determinada entre los distintos actores
políticos y sociales, acerca de la problemática, visión y proyecto que
abanderan, ocurra solamente cuando se tiene voluntad y se privilegia el diálogo
para dirimir sus diferencias. Si lo anterior no da
resultado, los individuos, grupos u organizaciones inconformes entran a lo que
se denomina la resistencia no violenta, pero quienes en la ilegalidad fincan su
notoriedad regularmente caen en ilícitos como la difamación, la injuria y la
calumnia. Finalmente, y ya cuando se
cierra toda posibilidad de negociación por los antagonismos profundos que
existen entre ambas partes, se llega a la confrontación verbal y hasta física,
que, eventualmente, coloca a los actores protestantes al margen del Estado de
Derecho. Ámbito doméstico En el ámbito estatal –que es
el caso que hoy me ocupa--, se enfrenta un dilema severo aun cuando hay
recursos y canales para que las fuerzas políticas lleguen a un entendimiento
pacífico sin necesidad de salir a la calle. Sin embargo parece ser que no
existe la menor voluntad de utilizar el diálogo y la firma de acuerdos para
avanzar, de una vez por todas, hacia una democracia efectiva y no de verbo y
papel. No se puede negar que los
políticos son eminencias en la confección y comunicación de discursos, pero
desafortunadamente la lengua y los resultados, en este caso, no van de la mano
pues regularmente tratan de ganar tiempo y dejarle a los que vienen la
infinidad de pendientes que no supieron resolver; ya por faltarles valor,
decisión o audacia, como debe ocurrir en un ejercicio político-administrativo
congruente y sensato. Desde hace más de un mes, por
ejemplo, la Plaza Juárez de Ciudad Victoria registra cotidianamente la
presencia de grupos de agricultores y colonos que se manifiestan por no haber
visto cumplidas las ofertas de la autoridad; porque la regulación de algunos
predios todavía está en veremos a dos meses y medio que concluya el actual
régimen; o porque los recursos de apoyo al campo les han sido conculcados
y/o jineteados por la Secretaría (estatal) de Desarrollo Rural. Lamentablemente a los
responsables gubernamentales de esas áreas poco le importan las protestas, aun
cuando éstas pudieran empañar el tramo final del recorrido sexenal de Eugenio
Hernández Flores. Ahí tiene Usted los casos de
Víctor Manuel de León Orti y Hugo Andrés Araujo de la Torre, quienes lejos de
enfrentar a los protestantes les ha dado por tratar de desacreditarlos
mediáticamente, siendo que ambos funcionarios no tienen credibilidad. En fin, lo bueno es que ya van
de salida. Se hace camino al andar *** La paralización de labores
en la Universidad Tecnológica de Altamira, es responsabilidad única y exclusiva
del subsecretario de Educación Media Superior y Superior, Bladimir Martínez
Ruiz, por lo que ningún caso tiene tratar de culpar a otros funcionarios de la
dependencia a cargo de José Manuel Assad Montelongo. *** Pero sí creo pertinente
investigar a fondo, ya que existe la sospecha de que atrás del conflicto hay
personalidades perversas que actúan como incendiarios y luego como apagafuegos,
en su interés de mostrarse como actores indispensables de la administración
pública. *** Y esto debe tomarse en
cuenta en la Secude. *** Sobre todo porque hay
quienes se ufanan de ser un mal necesario en la administración pública. Em@il: jusam_gg@hotmail.comgolpeagolpe@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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