El oportunismo es una actitud que se presenta en cualquier actividad de la vida humana. Pero en el quehacer político su práctica es...
Por: Juan Sánchez-Mendoza14/10/2010 | Actualizada a las 22:40h
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Propagando supuestos talentos se auto promueven Pero el gobernador electo todavía nada ha
decidido La mezcolanza ideológica va otra vez por el
tricolor Arrogancia yanqui pa’ calificar tema de
narcotráfico El oportunismo es una actitud
que se presenta en cualquier actividad de la vida humana. Pero en el quehacer
político su práctica es permanente porque el objetivo de los pancistas siempre
tiende a ocupar espacios de poder. Como ahora, cuando faltan dos
meses y medio (o 77 días) para que se dé el relevo sexenal. Por eso hay tanta grilla en
los corrillos políticos. Y aunque ninguno de los interesados a formar parte del
gabinete gubernamental de Egidio Torre Cantú ha sido ni es capaz de reconocerlo
públicamente, el rosario de nombres deslizados a la prensa (por ellos mismos o
sus panegiristas) contempla personalidades variadas que, por cierto, tampoco
son garantía de nada. Hay figuras talentosas,
cierto, pero son más los pretendientes a una posición administrativa que hoy
tratan (y en lo sucesivo intentarán) “caro” vender las capacidades que no
poseen y hasta méritos ajenos, porque acostumbrados están a sucumbir ante el
embrujo de lo fácil y simular ser especialistas en cualquier materia, aunque en
realidad lo que más se les dé es ser “milusos”. Por eso Usted los ha
detectado, seguramente, abordando temas y problemas delicados y profundos, sólo
para darse a notar, al tiempo que “veladamente” exteriorizan un supuesto
conocimiento y su solución. Claro, siempre y cuando se les
ruegue que acepten formar parte del nuevo equipo. De ningún modo se les podría
tipificar como ignorantes o personas de buena fe, ya que calculan fríamente sus
objetivos para convertirse en el centro de la atención y el debate. En una situación normal los
oportunistas permanecen agazapados y su grilla es silenciosa, casi clandestina,
pues la realizan desde el servicio público del régimen establecido –aun cuando
éste no corresponda a los principios y proyectos que “profesan”--, pero
conforme avanza esta etapa de transición --donde creen que pueden negociar y/o
eventualmente salir airosos--, podrían transformarse en sujetos activos,
críticos del sistema al que mal sirvieron y del que bien se han servido desde
el 2005, para dar rienda suelta a su auto estimación de ser los estrategas más
brillantes. Justo en ese contexto (y al
destetarse de motu propio de su actual patrón) a todo le encontrarían remedio y
les daría por ofrecer soluciones a todos los problemas en menos que canta un
gallo, aunque igual buscarían crear una imagen negativa del barco que ya ansían
abandonar, enjuiciando (a priori) a su tripulación –incluido el timonel--, por
lenta, corrupta y carente de todo compromiso social, según lo han filtrado a la
prensa, aunque con otras palabras menos precisas. Realidad distorsionada En colaboraciones anteriores
ya le he comentado también acerca de las personalidades atormentadas de los
oportunistas, pues por hábito tienen tergiversar y envilecer la realidad; al
tiempo que suprimen y descalifican cualquier logro, éxito o verdad, por
evidente que sea, de parte de sus rivales circunstanciales si ello les
favorece. Regularmente actúan por
consigna y no tienen el menor pudor en falsear los hechos, que, por cierto, son
descontextualizados y adaptados a la conveniencia de los mezquinos intereses
que dicen defender. En concreto, acatan
instrucciones de camarillas y facciones que las más de las veces profesan
tendencias monárquicas o caciquiles. Pero debo advertir que el
oportunismo no es exclusivo de los actores que adolecen de ideología o doctrina
política, sino también de sus promotores, amanuenses o corifeos, que son
quienes más lo practican mediante feroces proclamas, tronantes declaraciones y
gacetillas en la prensa escrita. Ejemplo de ello es que se cuelgan
de un problema para emitir juicios parciales e irresponsables, en lugar de
contribuir a superarlo. Resulta conveniente precisar,
entonces, que la confección del nuevo gabinete, tal y como lo contempla Egidio
Torre Cantú, involucre a mujeres y hombres talentosos, sin falsos padrinazgos
ni atendiendo la recomendación de amigos ni parientes, pues sólo de esta forma
podría seguirse avanzando por el bien de Tamaulipas. Sobre todo porque en los 43
municipios de la geografía estatal la sociedad ya está cansada de los mismos
rostros y de los políticos que abren la boca en cualquier momento sin tener
conocimiento de causa y proponiendo soluciones inaccesibles. En síntesis, en el régimen que
viene se advierte que los oportunistas quedarían al garete. Mezcolanza ideológica La mezcolanza de credos e
ideología no es inédita en el país. Hay memoria histórica. Baste recordar que importantes
grupos de la sociedad civil, llamados de izquierda, se han pasado a la derecha
para impulsar el triunfo de sus candidatos… y viceversa. A ellos, en lenguaje llano, se
les dice “chaqueteros”, aunque los “finitos” de la política les llaman
conversos. Aquí vale la pena echarle una
repasada a los procesos electorales más recientes –los estatales, claro está--,
porque los estrategas y especialistas en propaganda orientaron sus baterías
hacia lo que llamaron voto útil. Ellos fundamentaron esa idea
en las escasas probabilidades de triunfo que presentaban sus candidatos. Así, algunos dizque
intelectuales, agitadores profesionales y estudiosos de los fenómenos
político-electorales, realizaron una cruzada con la firme intención de que los
ciudadanos revaloraran su voto y lo emitieran en el interés de impedir que el
PRI se mantuviera como la primera fuerza política en el país, aun cuando el
sufragio favoreciera a la ultraderecha anidada en Acción Nacional o a la
izquierda representada por el Partido del Sol Azteca. El complot antipriísta alcanzó
su cometido en algunas entidades de la República Mexicana –Oaxaca es un
ejemplo--, pues ganó el llamado voto útil alejado de cualquier prejuicio,
actitud, fobia, ideología, doctrina, raza y credo. Lo fundamental para la
oposición era cavar la tumba del PRI, y lo hicieron con Gabino Cué Monteagudo,
aun cuando se mezclaron la izquierda con la derecha; el agua y el aceite. Por eso no debemos descartar
que en el Estado de México ocurra lo mismo en el 2011, donde Enrique Peña Nieto
es el enemigo a vencer. Agresión yanqui La arrogancia con la cual
Estados Unidos pretende calificar la actuación de México en la lucha contra el
narcotráfico, merece el rechazo y la desaprobación unánime de nuestro pueblo y
las autoridades gubernamentales y legislativas, cuando menos, porque el tráfico
de drogas encuentra su origen precisamente en la enorme demanda de
estupefacientes que cotidianamente reclaman los viciosos allende el Río Bravo. Sin embargo el costo social y
las consecuencias de la “ley del narcomercado” y su solución pretenden
endosarla a nuestro país, que injustamente sufre problemas en materia de
seguridad pública, criminalidad, violencia y hasta desprestigio. Además resulta totalmente
reprobable identificar con las instituciones a los funcionarios que de manera
individual sucumben ante la tentación de ganancias fáciles provenientes del
narcotráfico. El pueblo de México se ha
convertido en el “pararrayos” que evita una mayor oferta de drogas para el
ávido mercado norteamericano. Véanse si no las estadísticas
sobre los cientos de toneladas de enervantes decomisados, destruidos e
incinerados en los últimos años; y compárense con el consumo doméstico. Más todavía: de manera dolosa
el gobierno gringo ha encontrado en las acusaciones sin fundamento un rico
filón para presionar a México porque está interesado de que sometamos nuestra
soberanía a los dictados de sus corporaciones policíacas como la DEA, CIA y
FBI. ¿Y qué hace al respecto Felipe
Calderón Hinojosa? Dignificar la política En el actual contexto, donde
se agita la República Mexicana merced al enorme ruido que hacen los grupos de
interés y la ineficiencia del titular del Poder Ejecutivo federal --quien no
logra colocarse a la altura de las circunstancias, y, muy al contrario, exhibe
su proclividad hacia la confrontación con todo aquel factor de poder que no
comulgue con su ideología y visión de gobierno--, es cuando se afianza la
necesidad de que la política sea dignificada. No es posible que se continúe
promoviendo un clima de confrontación desde los poderes de la Unión,
principalmente desde la Presidencia de la República que encabeza Felipe
Calderón Hinojosa, en virtud a que estamos llegando a límites peligrosos; y ya
en algunos rincones de la patria empieza a enseñar su rostro la
ingobernabilidad, cuya presencia perjudica a todo el sistema. De ahí que resulte propicio
distender el ambiente y dar paso a los buenos oficios de personajes que
antepongan el interés del país por encima de camarillas y grupúsculos, que con
su actitud dañan al tejido social de manera torpe e irresponsable. Por ello hacen falta
auténticos líderes o promotores de la paz y la reconciliación nacional. Entiéndase bien: políticos de
nuevo tipo que liguen la palabra con la acción y den resultados; a la par que
generen un clima de confianza y sana convivencia en un marco de pluralidad. Así se puede avanzar en la
consolidación de la democracia y evitar que tentaciones anarquistas y
autoritarias sean desactivadas en bien de los millones de mexicanos que aún
creemos en la posibilidad de un país más justo y equitativo, donde se acabe con
los grandes rezagos sociales que, por desgracia, aún persisten. Em@il: jusam_gg@hotmail.comgolpeagolpe@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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