Reza una sentencia política que no hay nada más embriagador que el poder, pero tampoco nada más peligroso...
Por: Juan Sánchez-Mendoza07/10/2010 | Actualizada a las 22:46h
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Hay personajes que aún confunden el servicio
público Con más talentos y menos amigos se trabajaría
mejor Sacudida al árbol gubernamental es acción
esperada La “limpia” en la Ministerial conlleva otros
pendientes Reza una sentencia política
que no hay nada más embriagador que el poder, pero tampoco nada más peligroso. Y ésta es una gran verdad,
porque una vez instalados en el ejercicio público muchos personajes se han
extralimitado –así ha ocurrido durante toda nuestra historia--, pues la misma
euforia de sentirse influyentes les obnubila su capacidad de raciocinio que, por
cierto, es el instrumento por excelencia con el que se mueven las piezas del
ajedrez. De ahí la importancia de
abrevar en los estudios de los fenómenos políticos elaborados por
especialistas, quienes recomiendan actuar con prudencia para aprender a dominar
las emociones y no por el contrario, ser presa fácil de la irreflexión al
momento de la toma de decisiones. Sin lugar a dudas cada
situación es diferente y en función de ello la toma de conciencia resulta
fundamental en el desarrollo de un proyecto. Se lo comento porque en
Tamaulipas el futuro político implica nuevas y distintas empresas, que es
menester abordar con los enfoques y la dinámica que el momento y la
circunstancia demandan, si acaso el propósito es seguir caminando hacia
delante. Esto quiere decir que los
hombres que aspiran ser piezas clave en la próxima administración pública
estatal (ya) deben saber dónde hay que detenerse, qué cambios graduales
impulsar, con qué amigos o enemigos jugar y cuándo consolidar lo alcanzado. Comúnmente la euforia de
sentirse influyentes coloca a ciertos políticos en un estado de vulnerabilidad,
y los vuelve hostiles cuando alguien pone en duda su fortaleza o comete la
osadía de desafiarlos. Por tanto, en el ejercicio del
poder hay que confiar más en la sagacidad y estrategia de la gente, considerar
tanto a la suerte como a la circunstancias como elementos cambiantes, y
procurar rodearse de figuras talentosas. También resulta pertinente
reconocer que el poder tiene sus ritmos y pautas, y, a partir de esta base, colocar
a cada político en su justa y real dimensión, a efecto de estar en capacidad de
utilizarlos a favor de la misma causa. Quien en verdad ejerce el
poder no debe perder de vista que la esencia de la estrategia consiste en
controlar los pasos subsecuentes, ya que la euforia podría alterar su facultad
de interpretar y dirigir hacia buen puerto los acontecimientos que se avecinan. Lo más común entre los
aspirantes a ocupar cargos de primer nivel en el gobierno que viene, según
observo es que el influyentismo ya se les ha trepado a la cabeza y eso
provoca que actúen más emocionalmente que con razón, al tiempo que muestran
proclividad de quedarse en lo establecido y, en el peor de los escenarios,
vivir de la fama ajena. Este tipo de actitudes relajan
la capacidad de análisis objetivo y llevan al conformismo, al considerar en
forma errónea que todo se encuentra bajo control. De lo anterior se desprende
una lección, que no por sencilla carece de importancia: los hombres y mujeres
que conocen y manejan con efectividad el poder, varían sus ritmos y pautas,
cambian, se adaptan a las circunstancias y responden en lo inmediato a las
contingencias. Es decir, jamás pierden la
dimensión del lugar que ocupan y menos se marean. El símil del manejo del poder,
bien podríamos encontrarlo en una de las primeras recomendaciones que hacen los
instructores de equitación a sus discípulos: “Antes de domar el caballo,
hay que domarse uno mismo”. Un poco más A propósito de los múltiples
aspirantes a ocupar las carteras del próximo gabinete gubernamental, va esta
frase lapidaria: “Es más fácil hacer amigos a
los políticos, que políticos a los amigos”. ¿Usted qué opina? Sacudida demorada Por salud del propio sistema
político estatal que vive ya la transición del poder, los tan esperados ceses
debieran concretarse a la brevedad para evitar que los burócratas ineficaces,
ineficientes e ineptos recurran al juego sucio en su loco afán de seguir
pegados a la ubre gubernamental. Hago el comentario por
presumir que al prolongar su agonía los aludidos tendrían tiempo suficiente
para elucubrar acciones que mancharan la imagen no sólo del equipo, sino la del
mismo mandatario Eugenio Hernández Flores, en respuesta a lo que ellos
considerarían una injusticia. Esta realidad es la que se
encubre mediante la propagación de logros aislados en el ejercicio público,
pues algunos funcionarios aún pretenden hacerle creer a su jefe que trabajan al
mismo ritmo que él. De ahí se desprende, entonces,
que “los sentenciados” no procuren la institucionalidad para ser evaluados en
su desempeño, sino que al cacarear cuanto hacen o dicen buscan obtener la
ansiada calificación que los apruebe siquiera de “panzazo”. Por eso sin rubor alguno tienen
la necesidad de maquillar su desempeño. En contraparte, no actúan
igual los servidores profundamente comprometidos con la responsabilidad
asignada, pues ellos siguen anteponiendo la humildad y el bajo perfil a los
reflectores que tanto buscan quienes ya asoman tendencia a seguir la tradición
de enquistarse en el ejercicio público –aunque no lo merezcan--, con todo lo
que ello implica, cuando sus propios subordinados y hasta secretarias conocen
más acerca de los quehaceres político-administrativos de las dependencias a su
cargo. Así, a “los condenados” poco
les importa exhibir sus limitantes y deficiencias, merced a la codicia que
tienen de mantenerse en el poder por el poder mismo. Ministeriales ineficaces La impotencia que los
efectivos de la Policía Ministerial del Estado muestran para resolver la ola de
atracos que día tras día crece en toda la geografía tamaulipeca, ha sido motivo
suficiente para relevar a un buen número de agentes que, sin embargo, de una u
otra forma pudieran seguir sosteniendo cualquier tipo de relación con la
delincuencia. Pero ahondar en las
repercusiones es un asunto que debe tomarse en la propia oficina del procurador
Jaime Rodríguez Inurrigaro --para así marcar el inicio de un verdadero combate
a la corrupción policial--, y no esperar, como de costumbre, que la orden venga
de más arriba. Es decir, de Palacio de
Gobierno. Sólo de esta forma podría
creerse que Tamaulipas no es ni será campo fértil para la delincuencia; y que
aquí no hay impunidad ni se protege a nadie. Por si fuera poco, el
procurador debe girar instrucciones precisas para combatir frontal, eficaz e
incansablemente toda conducta delictiva; erradicar la impunidad; aplicar
estrategias para elevar los niveles de procuración de justicia; y que todos los
policías ministeriales antepongan el bienestar ciudadano a los intereses
personales o de grupo en el desempeño de su trabajo. Depuración policial La depuración de la Policía
Ministerial del estado, sin embargo, no es suficiente con el cese fulminante de
los malos elementos. Es necesario ir más allá;
consignarlos de comprobarse sus nexos con la delincuencia, a fin de evitar que
una vez en la calle los corridos pasen a engrosar las gavillas que tanto
aterrorizan a la población con sus pueriles acciones. Sobre todo si a esta pléyade
le agregamos otros elementos, que, en los días venideros, según me informan,
podrían causar baja de manera voluntaria. Esto ya deben tenerlo
contemplado el procurador y el jefe policiaco, pues ambos están obligados a
conocer a fondo las debilidades y mañas de sus elementos. En caso contrario ambos
estarían cometiendo un error que bien podrían aprovecharlo las bandas delictivas
que operan en Tamaulipas, por cuando menos seis motivos: 1) Los elementos cesados de
una u otra forma saben cómo operan las bandas de robacarros, aleteros,
zorreros, etcétera; 2) También conocen las fallas
de la corporación; 3) Poseen información privilegiada
en cuanto a las órdenes de aprehensión pendientes; 4) Saben qué investigaciones
se realizan actualmente y hasta podrían dar “pitazos” para entorpecerlas; 5) Muchos de ellos mantienen
nexos con otros efectivos afines a sus intereses malsanos; y 6) Hay quienes se involucraron
y están ligados a narcotraficantes, contrabandistas, pateros y todo tipo de
delincuentes. Bajo este entendido, debo
aclarar que no es que dude que la limpia en la corporación pudiera ser exitosa,
sino que simple y llanamente creo que quienes resultaron cesados bien pudieron
aprenderse todo el abecedario en materia de persecución de delitos. ¿O acaso no estuvieron
involucrados en la procuración de justicia y en la seguridad pública? ¿Jamás practicaron el
espionaje telefónico? ¿Nunca trataron con otros
delincuentes? Em@il: jusam_gg@hotmail.com golpeagolpe@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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