El sistema político mexicano ha hecho del federalismo su razón de ser, y cada uno de sus 32 integrantes está obligado a...
Por: Juan Sánchez-Mendoza03/10/2010 | Actualizada a las 22:31h
La Nota se ha leído 1824 Veces
El sistema federalista ya resulta inoperante Necesario buscar mejor coordinación fiscal Estudiosos explican el por qué no funciona Cuauhtémoc ofreció nueva constitución ¿y? El sistema político mexicano ha hecho
del federalismo su razón de ser, y cada uno de sus 32 integrantes está obligado
a respetar los acuerdos suscritos en 1824, cuando México se definió
constitucionalmente como un país federal; amén de los acuerdos posteriores que
se dieron en el mismo sentido. Sus representantes –o sea los
gobernadores--, saben bien que este sistema de gobierno es el resultado de
grandes confrontaciones armadas y acalorados debates, como lo demuestran las
distintas constituciones que han regido la vida de nuestro país durante los dos
últimos siglos. Durante ese tiempo las disputas se han
dado en diversos escenarios: primero por la vía de las armas, al enfrentarse
las corrientes federalistas y centralistas durante el siglo XIX; y
posteriormente en la época del porfirismo, cuando la lucha por el poder surgió
hacia el interior de ése sistema autoritario que presentaba la paradoja de un
federalismo formal y una práctica centralista. Esta anomalía, sin embargo, no acabó
con la caída del dictador, sino que encontró las condiciones favorables para
reproducirse a lo largo del siglo XX, pues cada presidente de la República hizo
cuanto le fue posible para tener mayores facultades en perjuicio de las
entidades federativas. Un documento elaborado por la misma
federación, refiere que “desde su origen el federalismo mexicano tuvo por
objetivo unir sin fusionar, y diferenciar sin dividir”. Es decir, que la primera Constitución
de la República –elaborada en 1824--, estableció el régimen federal y otorgó
facultades tanto a la Unión como a los estados, a fin de que cada uno
procurara, en su ámbito de competencia, la prosperidad de la nación y el bienestar
de sus habitantes. Hacia 1847 se propuso delimitar la
competencia tanto del poder federal como del estatal, a fin de evitar la
invasión de facultades que lo mismo atentaba contra la soberanía de las
entidades como amenazaba la Unión. Finalmente prevaleció el planteamiento
de que los poderes federales debían circunscribirse sólo al ejercicio de las
facultades que de manera expresa les otorga la Carta Magna. Luis Pineda y M. Alberto Mendoza G. son
dos estudiosos del tema, y sobre éste han escrito: “El federalismo mexicano está inspirado
en el modelo centralista español, y en la integración de los Estados Unidos de
América… “Es un sistema de gobierno que tiene
como objeto principal formar una nación única… Su forma de gobierno es de tipo
presidencial, porque el presidente de la República es jefe de Estado y de
gobierno al mismo tiempo… la Constitución le otorga más facultades que a los
otros poderes…” Coordinación fiscal En un documento elaborado ex profeso,
los investigadores Pineda y Mendoza citan: “A lo largo de su historia y durante
los últimos 75 años, aproximadamente, el federalismo había estado cumpliendo
con sus objetivos de mantener la articulación de las entidades federativas y
conducir al país hacia un modelo de desarrollo. “El federalismo encuentra su mecanismo
de expresión a través del Sistema Nacional de Coordinación Fiscal (SNCF), que
es el arreglo entre los distintos órdenes de gobierno para la administración,
cobro y recaudación de los ingresos públicos. “Este sistema funcionó de acuerdo a la
dinámica del país; fue el que permitió la época del crecimiento y el
desarrollismo, ya que el gobierno federal era el más eficaz para cobrar la
mayor parte de los impuestos. “Su antecedente se encuentra en las
Convenciones Nacionales Fiscales de 1927, 1933 y 1947; ahí se estableció la
mejor manera de organizar los recursos económicos del país. Recordemos que México venía saliendo de
la Revolución y sus secuelas, donde cada estado establecía sus impuestos; sus
alcabalas y un exceso de papel moneda circulaba ‘locamente’. Era la época de
las garitas estatales, donde cada entidad federativa establecía y cobraba sus
propios impuestos. Existían, además, ejército y fuerzas armadas regionales. “Es a raíz de estas convenciones y con
la SNCF que se inició un proceso de armonización. En un primer momento de los
municipios con su estado, y posteriormente de las entidades con la Federación.
Esto obedeció a un momento en que era importante lograr la unidad como nación,
e implicó un fuerte centralismo que caracterizó el siglo pasado, y que
determinó que los impuestos más importantes los aplicara la federación”. Sobre el particular, un análisis
presentado ante los gobernadores y el señor de Los Pinos, confirma que “antes
de la aparición de los primeros antecedentes claros de la coordinación fiscal,
la situación existente en esta materia en México se caracterizaba por la
multiplicidad de tributos federales, estatales y municipales; la complejidad
del sistema tributario; la existencia de leyes fiscales a menudo contradictorias,
y las exacciones desproporcionadas e inequitativas en gravámenes concurrentes. “Para corregir esta situación –agrega
el documento--, se realizaron inicialmente las Convenciones Nacionales
Fiscales. “Éstas constituyeron un esfuerzo de
unión, de colaboración y de ordenamiento de la concurrencia y las potestades
tributarias, orientado a pactar acuerdos entre los gobiernos de las entidades
federativas y el gobierno federal, así como para compartir el rendimiento de
los impuestos. “Así, a finales de 1953 se crea la Ley
de Coordinación Fiscal que unió a algunos estados mediante un convenio que los
obligaba a derogar contribuciones locales a cambio de recibir participaciones
de la Federación. “Hasta 1972 se habían coordinado
solamente 18 estados de la República; a partir de 1973, todos los estados
fueron coordinados al reformarse la Ley Federal sobre Ingresos Mercantiles, con
una tasa única general del 4% aplicable en toda la República, en lugar de la
tasa federal que existía del 1.8% y la tasa del 1.2% de los estados que se
coordinaran. Posteriormente, la Ley de Coordinación
Fiscal de 1980 deroga la Ley de 1953 y origina lo que hoy conocemos como el
Sistema Nacional de Coordinación Fiscal. “En México la coordinación fiscal se ha
centrado fundamentalmente en el aspecto del ingreso. Sin embargo, en la última
década se iniciaron procesos de descentralización del gasto federal en
educación y salud, transfiriéndose recursos a los estados con facultades
limitadas, en un modelo centralista e insuficiente que no responde a las
necesidades actuales. “Si bien es un hecho incuestionable que
las haciendas públicas de las entidades federativas y de sus municipios se han
fortalecido en el contexto de la Coordinación Fiscal en estas tres décadas,
también es cierto que este sistema se encuentra prácticamente agotado y debe
ampliarse su horizonte hacia una coordinación integral del ingreso, el gasto y
la deuda entre los tres órdenes de gobierno; todo ello encaminado al urgente
fortalecimiento del federalismo mexicano que debe ser, no sólo fiscal, sino
también hacendario. “Hoy, transcurrido poco más de medio
siglo de la última Convención Nacional Fiscal, es imperante la búsqueda de un
nuevo federalismo que fortalezca las haciendas públicas estatales, dé renovado
impulso al desarrollo regional y transforme el actual esquema centralista de la
Federación”. ¿Nuevo sistema federal? Para algunos estudiosos del tema es
necesario realizar una serie de ajustes profundos que permitan al país
adaptarse a una nueva realidad para así lograr un desarrollo incluyente y
equitativo. Al proyecto se le ha denominado Reforma
del Estado. Pero no es idea original del actual
Presidente. “En los últimos 30 años –dicen Pineda y
Mendoza--, académicos, investigadores, especialistas, luchadores sociales, miembros
de organismos no gubernamentales, funcionarios de gobierno y viejos
constitucionalistas han investigado, denunciado, cabildeado y luchado por la
redefinición de un federalismo acorde a los tiempos modernos que implique la
revaloración de los órdenes y estructuras de gobierno, redefina su autonomía y
libertad, fomente la asociación entre todos los órdenes de gobierno y los tres
Poderes de la Unión, para que México se convierta en una verdadera República
con poderes definidos en el ámbito local, regional, estatal y federal, y con
una personalidad que impulse el desarrollo”. Esta lucha por un auténtico federalismo
otrora estuvo encabezada por la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago),
aun cuando desde su nacimiento haya encontrado serios obstáculos por parte del
gobierno federal; y esa batalla hoy parece estar perdida (más para mal que para
bien), pues al Presidente tampoco le interesa sentar bases reales para la
redacción de una nueva Carta Magna que conlleve a la renovación del Pacto
Federal. Y las reformas de Cuauhtémoc? Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, desde el
ocaso del régimen presidencial de Vicente Fox Quesada, ha dicho que trabaja en
la elaboración de una Constitución más apegada a las exigencias actuales. Lo malo del asunto, es que el hijo del
“Tata” Lázaro (quien si viviera se avergonzaría de su vástago) trata de pasar
por alto que constituciones como la norteamericana y la francesa son mucho más
antiguas; y que no por ese hecho en la actualidad se consideran inoperantes en
aquellas latitudes. Aquí también vale la pena hacer un
llamado de atención en lo particular, ya que artículos como el 27 y el 123 han
servido de base para diversos sistemas jurídicos de otras naciones e incluso
han sentado las bases para la consolidación de membretes multinacionales como
la OIT (Organización Internacional del Trabajo). Entonces, lo que debe hacer Cuauhtémoc
es ponerse a estudiar antes de opinar al respecto, pues así cuenta se daría de
la necesidad que existe de velar por el respeto a nuestra Constitución vigente
e incluso pugnaría por otras vías menos inverosímiles, como sería la creación
de un tribunal constitucional autónomo, que en todo momento fungiera como
férreo defensor de nuestra Carta Magna. Em@il: jusam_gg@hotmail.comgolpeagolpe@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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