Con más pena que gloria hoy concluye el mandato de Sergio Guajardo Maldonado en la Liga (estatal) de Comunidades Agrarias y Sindicatos Campesinos...
Por: Juan Sánchez-Mendoza28/09/2010 | Actualizada a las 08:13h
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+ Bajo su “reinado” crecieron los problemas campesinos + Nada hizo por los agricultores, pero lucró con el cargo + Relevo no es la panacea que alivie crisis agropecuaria + Ya urge revisar y modificar el tratado de libre comercio Con más pena que gloria hoy
concluye el mandato de Sergio Guajardo Maldonado en la Liga (estatal) de
Comunidades Agrarias y Sindicatos Campesinos –filial de la Confederación
Nacional Campesina (CNC)--, pero no crea que con su relevo cambiará la
situación de pobreza (casi extrema) que padecen los miles de agricultores que
pueblan los 43 municipios de la geografía tamaulipeca. Por una razón muy simple: él,
tanto como quienes lo antecedieron en el cargo (al menos en las últimas cuatro
décadas), sólo utilizaron su nombramiento para promoverse políticamente y nunca
fueron capaces de trabajar por sus representados, hasta el grado de que en los
ejidos, congregaciones y rancherías, apenas se les recuerda porque tampoco
fueron capaces de ir al encuentro de los jornaleros agrícolas allá en las
parcelas, pequeñas propiedades y colectivos; menos surcaron la tierra ni se
empaparon de sudor recorriendo cultivos, porque simple y llanamente la
agricultura no es un tema que les interese realmente. No, Guajardo Maldonado, igual
que sus antecesores en la CNC, dieron por descontado que la ignorancia
campesina (que es menos que la que ellos han exhibido) les permitiría maniobrar
a su libre arbitrio y engañar a sus promotores con el cuento de velar por los
intereses del campo, pero la verdad es que sólo se engañaron a sí mismos, pues
si alguien conoce a ciencia cierta lo que ocurre en el labrantío son quienes
trabajan cotidianamente la tierra. Incluso, casi puedo asegurarle
que fuera del anacrónico padrón que consta en la base de datos de la Liga
(estatal) de Comunidades Agrarias y Sindicatos Campesinos, no aparecen todos
los productores que existen en la actualidad y ni siquiera hay una depuración,
por lo que centenas de extintos hombres del campo aún figuran en el listado. A ello obedece, precisamente,
que para acceder a los programas de asistencia federal los auténticos
campesinos no sean tomados en cuenta y sí, por el contrario, se beneficie a la
parentela, compadres, “caprichos”, amigos, socios y colaboradores del dirigente
en turno, ya que uno de los requisitos para acusar alta en esos programas (en
el paquete oficial) es la carta que extiende la CNC para avalar al aspirante. Es más, sé de buena fuente que
Sergio Guajardo Maldonado la única tierra que conoce es la que tiene en las
uñas, pues aparte de al llegar al cargo cambiar su vestimenta –otrora se
enfundaba en pantalón de algodón color caqui, camisa blanca y calzaba mocasines
mal boleados, empezó a vestir pantalón y camisa vaqueros y calzar botas con las
que sigue caminando chueco--, de los cultivos sólo conoce lo que mal le
informaron. De ahí que su período haya
sido gris. Tanto, que en el campo no hay quien lo recuerde… ni lo quiera. Por fortuna para los
campesinos ahora los encargados de tolerarlo serán otros: sus compañeros
diputados locales de la LXI Legislatura. Problema real Aquí la pena vale puntualizar
que la grave crisis que enfrenta el sector agropecuario de ningún modo podrá aliviarse
echándole la culpa a los propios campesinos y ganaderos; ni dando todas las
facilidades a los productores extranjeros como se contempla en el Tratado de
Libre Comercio de América del Norte (Nafta, por sus siglas en inglés). En primera se requiere evitar la crítica malsana
contra nuestros connacionales –sobre todo cuando proviene de las mismas secretarías
de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural y Pesca (Sagarpa) y Reforma Agraria
(SRA) --, y no perder el tiempo buscando culpables de este deplorable fenómeno
causado indirectamente (o a veces de manera directa) por el mismo Gobierno
Federal –durante los regímenes priístas o antagónicos al tricolor--, para dar
paso al análisis concienzudo que permita encontrar soluciones reales que
contribuyan a recuperar (la mayor) parte de lo perdido, así como revisar los
términos del acuerdo trilateral (México-estados Unidos-Canadá) que ponen en
desventaja a los agricultores y ganaderos de acá de este lado. Pero esto sólo podría lograrse habiendo disposición
por lo que toca al sector oficial; cuando el interés de procurar justicia
social rebase las codicias personales, de grupo o de partido, y los
funcionarios estén convencidos de que únicamente ayudando a quienes menos
tienen sería factible enfrentar la globalización que amenaza aniquilar el campo
mexicano. Cosa que jamás tomó en cuenta ni por ella protestó
“El Checo”. Durante los últimos años (una y otra vez) se han
escuchado voces que invitan a defender los intereses del sector agropecuario
–cierto--, pero son pocas las que plantean cómo y cuándo hacerlo sin que sus
emisores busquen llamar la atención --en el entendido de que regularmente esos
habladores buscan reflectores o simple y llanamente lanzan declaraciones
demagógicas, cual es el caso de los dirigentes partidistas y sectoriales--, y
sí, por el contrario, coinciden en alertarnos con que el campo mexicano no
puede esperar más. No sólo porque ya se ha esperado demasiado, casi un
siglo, sino porque el TLCAN (sus siglas en español) mantiene activada una
verdadera bomba de tiempo. Semillero de líderes Ahora que el tema agropecuario
aparece en la agenda estatal, vale la pena recordar que Tamaulipas destaca
porque aquí se dio el primer reparto agrario, concretado por el general Alberto
Carrera Torres, nacido en el municipio de Bustamante. Para quienes ignoran el hecho
–como Guajardo Maldonado y sus panegiristas--, permítanme explicar que Carrera
Torres fue un revolucionario que expidió, el 4 de marzo de 1913, en Cerritos,
San Luis Potosí, la Ley Ejecutiva del Reparto de Tierras, que está considerada
como la primera ley agraria de la nación. Cuatro meses después, el
general Lucio Blanco Fuentes --nacido en Villa de Nadadores, Coahuila--,
habiendo ocupado Matamoros, repartió las tierras de la hacienda Los Borregos a
sus soldados, cuando ésta era propiedad de Félix Díaz, sobrino del entonces
Presidente Porfirio Díaz. El antecedente sirve para
ubicar a Tamaulipas como bastión de la lucha agraria. Y es que los movimientos
campesinos encabezados por hombres nacidos en esta entidad o avecindados en sus
pueblos --como el propio Lucio Blanco--, hablan del estado como semillero de
acciones revolucionarias. Así lo prueba el hecho de que
en Tamaulipas se haya dado el primer reparto agrario amparado en la ley
expedida por Carrera Torres, que se basó en el contacto directo del general con
el campesinado. Este era el reclamo nacional ante la manga ancha que el
dictador Porfirio Díaz les diera a los terratenientes y a la misma iglesia
católica, que mantenían con prestanombres lo que les habían quitado las leyes
de Reforma. Em@il: jusam_gg@hotmail.com golpeagolpe@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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