Los cambios y enroques en el gabinete estatal, que por razones políticas habrá de realizar el gobernador Eugenio Hernández...
Por: Juan Sánchez-Mendoza24/01/2010 | Actualizada a las 22:56h
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Unos, motivados por razones de tipo
político-electoral Pero también echarían a funcionarios que no
trabajan Sólo Eugenio
sabe qué piezas mover; y sin presiones Luebbert se llevaría entre las patas a sus dos
delfines Los cambios y enroques en el gabinete estatal, que por razones políticas
habrá de realizar el gobernador Eugenio Hernández Flores en los días sucesivos,
podrían iniciar esta misma semana por la necesidad inmediata que existe de
reactivar el aparato burocrático, a menos que la intención sea sacudir el árbol
gubernamental hasta la víspera de la campaña constitucional.
Sin embargo, es recomendable que los movimientos se realicen a la
brevedad posible, con la intención de:
Echar del gabinete a los servidores públicos que no funcionan, tal y
como el propio mandatario lo ha referido en varias ocasiones; y
2) Aprovechar la coyuntura político-electoral para sustituir a quienes
habrán de sumarse a la campaña del doctor Rodolfo Torre Cantú, y relevar a los
funcionarios que habrán de buscar las candidaturas priístas a los 43
ayuntamientos y 33 diputaciones locales (22 de mayoría relativa y 11 por el
camino de la representación proporcional).
Esta consideración, además, la fundamenta el hecho de que los
funcionarios de primer nivel y sus más cercanos colaboradores no mantengan un
mismo ritmo de productividad y que sea el propio Eugenio, precisamente, quien
atienda personalmente lo que no han sabido resolver los burócratas más infructuosos
de la estructura gubernamental.
Hasta donde he observado, Mario Ruiz Pachuca, José Manuel Assad
Montelongo, Antonio Martínez Torres, Óscar Almaraz Smer y Manuel Muñoz Cano
son, en el equipo, quienes enfrentan la mayor carga de trabajo y por descontado
se da que lo han hecho bien.
A Víctor Manuel de León Orti, Javier Villarreal Terán, Alberto Berlanga
Bolado, Juan Guillermo Manzur Arzola, José Ives Soberón Tijerina, Jaime
Rodríguez Inurrigaro, José Guadalupe Herrera Bustamante y José Zermeño Arriola,
las circunstancias han multiplicado sus quehaceres administrativos, pero
también han exhibido sus limitaciones.
Con menor actividad aparecen Alejandro Jiménez Riestra, Alfredo Román
González Fernández, Salvador Treviño Garza y Morelos Canseco Gómez, aunque en
el último caso el trabajo discreto, pero efectivo, no haya hecho brillar al
próximamente diputado federal que llegará al Palacio Legislativo de San Lázaro
a sustituir al virtual candidato gubernamental priísta.
Esto sin contar a los segundones que tanto gustan ponerles trampas a sus
jefes, pues codician sustituirlos sin entender que para ello se requieren más
que ganas.
Por ejemplo, lealtad, institucionalidad y talento, que son atributos
negados para toda una pléyade de saltimbanquis. La inminencia de los enroques y cambios, por cierto, cotidianamente es
comentada en los medios de comunicación masiva –impresos y audiovisuales--,
desde el día mismo en que el mandatario dijo que habría movimientos merced a la
actividad política del 2010.
Obviamente habrá burócratas que no compartan esta apreciación y
argumenten que el ejercicio del poder no se da a través de la prensa, sino en
la práctica, aun cuando muchos de ellos resulten incapaces de justificar su
permanencia en la administración pública.
Pero de ello hablaré en análisis posterior. Reglas no escritas El relevo de funcionarios en el gabinete de Eugenio Hernández Flores,
hasta donde él mismo ha confiado a la prensa, es inminente.
Y eso, para bien, tomando en cuenta que estamos viviendo nuevos tiempos
políticos; que oficialmente ya transcurre el último año de su administración; y
que de acuerdo con las reglas del sistema político mexicanos –no escritas, por
cierto--, en el sexto año de actividades es necesario que el jefe del Ejecutivo
estatal mueva sus piezas para ir cerrando el juego del difícil arte de ejercer
el poder.
Así, de acuerdo con sus atribuciones constitucionales, el Gobernador
puede disponer con entera libertad de aquellos cargos confiados a su grupo
cercano de colaboradores.
Y sobre todo cuando es preocupación suya hacer que la administración
pública redoble esfuerzos para beneficio del pueblo tamaulipeco.
La tradición política, igual, marca que los relevos se ejecuten ya sea
para (en tiempo y forma) retirar a los ineficientes, premiar a los esforzados,
foguear a otros elementos del grupo en el poder o para cubrir los flancos que
se han tornado más vulnerables.
De ahí que no cause sorpresa, entonces, que funcionarios públicos
considerados de primer nivel dejen sus cargos para atender distintas tareas en
la campaña electoral que se avecina, junto con otros servidores cuyas
remociones estuvieran vinculadas directamente por razones electorales, en el
entendido de que irían en pos de las candidaturas en juego.
Más cuando sabemos que en política, el manejo de los tiempos es vital. Costumbre que afecta En cuanto a la vieja costumbre de habilitar como funcionarios públicos
de segundo y tercer niveles a personajes inexpertos en las áreas conferidas,
bien sabemos que esto obedece al influyentismo que permea en algunas carteras
y, sobre todo, a la necesidad que muchos políticos han tenido de privilegiar
los compadrazgos, las amistades, la familia y los llamados grupos de interés.
Pero no creo que éste vaya a ser el caso.
Sobre todo porque Eugenio mucho ha aprendido de política y difícilmente
se dejaría sorprender, como ya lo demostró durante los últimos cinco años en
que él, personalmente, supo aceptar o rechazar propuestas.
La observación de los acontecimientos igual me lleva a recordar que los
especialistas en la selección de recursos humanos, recomiendan que antes de
cualquier contratación se revise minuciosamente el perfil del puesto y de los
aspirantes a ocuparlo.
Lamentablemente esto no aplica en la burocracia del segundo y tercer
niveles, pero sí en los cargos clave, ya que las decisiones son comúnmente
verticales y si acaso se consulta la determinación, es tan sólo para recoger
opiniones en torno a una personalidad específica o la necesidad de escuchar más
voces para evitar cometer yerros al extender nombramientos.
Por otra parte, bien sabemos que no existe un definido servicio
profesional de carrera en la administración pública, pues cada movimiento trae
consigo la renuncia masiva de quienes colaboran muy de cerca con el jerarca
próximo a la remoción –ya sean mandos medios o superiores--, y la consecuente
contratación de individuos tanto o más ineficaces que los que elegidos a irse.
La experiencia acumulada durante años de trabajo, por tanto, suele ser
ignorada. Y la inversión que hizo un régimen para capacitar a sus cuadros, se
pierde, ya que éstos muchas veces son desplazados por camarillas que llegan a
ostentar las carteras gubernamentales. Lo más sano Hay hombres y mujeres, en la administración pública, dispuestos a
trabajar de tiempo completo y sin mayor ambición que les sea reconocida su
trayectoria, por lo que haría bien el Gobernador en revisar los perfiles y las
carreras en la función pública de quienes no tienen más proyecto político que
el del mismo Eugenio Hernández Flores.
Y de esos, hay a montones.
No tantos como los que aspiran alcanzar el nivel de virreyes, pero sí
los suficientes para relevar a quienes esta misma semana, o tantito después,
irán en pos de otras posiciones de representación popular o partidista.
En fin, el Gobernador tiene la última palabra. Se hace camino al andar
*** En el 2004, cuando Óscar Luebbert Gutiérrez fue enterado de que no sería
el candidato priísta a la gubernatura estatal, hizo un berrinche que exhibió
falta de madurez política y eso lo confinó al ostracismo durante un buen
tiempo.
*** Ahora, seis años después, lo repite, aunque en menor intensidad,
pero de que habrá de repercutir en su fortaleza político, claro que así será. Y
los paganos podrían ser sus dos delfines que buscan sucederlo en el cargo, pues
aquí, en la Ciudad de México y hasta en China, mal se vería al PRI cediendo a
sus caprichos de imponer candidatos a la alcaldía y diputaciones locales,
cuando él sigue jugándole las contras
*** Quienes de aguacates sí saben, dicen y aseguran que al menos uno de
los aspirantes a la candidatura sexenal podría reincorporarse al gabinete como
secretario. ¿Usted sabe quién? Enrique Cárdenas del Avellano, también. Em@il: jusam_gg@hotmail.com golpeagolpe@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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