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Sección: Editoriales / Golpe a golpe

Grillos acomodaticios

Entre los grupos coyunturales que buscan alcanzar o mantener el poder, se habla ya de lo complicado que les resultaría incorporarse...

Por: Juan Sánchez-Mendoza 14/09/2010 | Actualizada a las 22:39h
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Empiezan a moverse, para repetir o acceder al poder
Por fortuna Egidio Torre Cantú no les da importancia
Pancistas difícilmente aprobarían examen de lealtad
Sobre el transporte público nadie atiende lo prioritario
 
Entre los grupos coyunturales que buscan alcanzar o mantener el poder, se habla ya de lo complicado que les resultaría incorporarse al equipo de primer nivel del ingeniero Egidio Torre Cantú, pues el Gobernador Electo ha dicho una y otra vez que ése asunto no le interesa abordarlo por el momento, sino hasta el ocaso de diciembre próximo.
 
De cualquier forma es pertinente aclarar que la conformación del gabinete por sí solo es un asunto harto espinoso, ya que la lealtad y el profesionalismo de los prospectos a involucrarse es difícil garantizarlo con su simple hoja de servicios.
 
Y es que muchos de esos individuos que van tras el poder por el poder mismo carecen de sensibilidad, talento e identidad con la causa a la que se afilian --de motu proprio o mediante recomendación expresa--; desdeñan la importancia de manejarse con sencillez y ecuanimidad, pero cantan loas por sus hazañas y arropan sus complejos en los mitos de eficiencia y calidad, que, en apariencia, les distinguen.
 
Se lo comento porque en la administración pública (de todo período sexenal) se han encontrado a muy pocos individuos que muestren congruencia y autenticidad en el ejercicio burocrático, ya que accedieron al poder por recomendación expresa o  su amistad con el contratante.
 
Generalmente los equipos gubernamentales no han pasado de ser una suma de facciones que tan presto son incorporados a una misión cavan su trinchera y esperan a que transcurra el tiempo para cobrar sus servicios.
 
Con marrullerías, algo de labor político-partidista y uno que otro acierto en el área que dominan, logran llegar a lo más selecto del grupo de interés; una vez ahí afianzan su egolatría y se ostentan como gurús del patrón.
 
“Soy del equipo original, su amigo desde antes que entrara a la política”, dicen con toda seguridad.
 
 Una vez reconocidos como parte del equipo selecto --al menos así actúan--, sacan a relucir las prendas y debilidades que les distinguen. Por ejemplo, siempre hablan a nombre del mero jefe, del que afirman ser confidentes y compañeros de parrandas y mil batallas.
 
Esos trepadores, en su pisada, aplastan callos de quienes consideran sus adversarios dentro del equipo original, aun sabiendo que con esa actitud ponen en riesgo el proyecto.
Pero les vale. Ellos se solazan grillando, injuriando y filtrando rumores. Incluso cuando asestan puñaladas traperas a sus mismos compañeros de aventura.
 
Por lo regular esos personajes no arriban solos al equipo. Dependiendo de la jerarquía que ostenten son flanqueados por la secretaria, el asistente, el chofer, el asesor, el encargado de informática y otros subordinados y seguidores, que están siempre dispuestos a cumplir cualquier deseo de su benefactor.
 
Quienes se perfilan como parte del staff, antes que cumplir al que les dio la oportunidad de figurar, se auto promueven perdiendo la perspectiva y la proporción. Son seducidos por el halago y resultan víctimas de sus propias conjuras, complots y truculencias.
 
Incluso, más tardan en recibir una encomienda que en confrontarse con otras tribus que buscan lo mismo exactamente; y de esas luchas intestinas emergen las filtraciones públicas y muchos de los argumentos que caen en manos de la oposición.
 
Otro rasgo distintivo de los pancistas es que aún sin haber pastel ya se reparten grandes tajadas, imaginándose al frente de áreas importantes en la administración pública, y flanqueados por sus amigos, compadres, socios, parentela y “caprichos”.
 
Comentario aparte merece la “exquisitez” de su comportamiento que contrasta con el desprecio inocultable que les causan los sectores populares.
 
También consideran a la ciudad y al estado en que viven y laboran como pueblos pequeños que no los merecen, por su complejo mismo de aristócratas.
 
Sin embargo todo su frenesí, aplomo y calentura, culmina cuando el jefe les llama la atención y les exige seriedad, responsabilidad y trabajo, so pena de no tomarlos en cuenta para confeccionar su gabinete.
 
Lo anterior bien podría adaptarse a más de uno de quienes buscan promociones inmediatas.
 
Afortunadamente el Gobernador Electo, Egidio Torre Cantú, cuenta con profesionales de la política; con personas serias y talentosas que a su paso construyen y tienen miras de largo alcance, sin padecer el vértigo que un ladrillo les provoca a los improvisados.
 
De cualquier forma son los menos; y poco han podido hacer, casi nada, para evitar la codicia de los gambusinos sexenales que ya empiezan a grillar en torno al hecho, sin entender que Egidio tiene muy en claro que a su equipo cercano de colaboradores sólo tendrán acceso entes profesionales en la administración pública; expertos en cada una de las áreas y gente con probada capacidad de servicio y lealtad, sin importar establos, partidos ni lugar de origen.
 
Problemática desatendida
 
La expansión demográfica de cualquier localidad trae consigo problemas que ameritan ser atendidos adecuadamente, pues de lo contrario hacen crisis y rebasan el control de la autoridad.
 
Entre las disfunciones más comunes sobresalen el desempleo, la inseguridad y la carencia de servicios públicos adecuados.
 
Cotidianamente somos testigos de las críticas fundadas hacia la alta burocracia de parte de la ciudadanía o sus representantes, al comprobar cómo le sacan la vuelta a los problemas.
 
Drenaje, pavimentación, agua potable, alumbrado y transporte público, son algunas asignaturas que siempre han estado pendientes de resolver a plenitud, en tanto que las ciudades crecen a ritmos vertiginosos y los presupuestos se achican de un régimen a otro.
 
En este contexto se acarrean verdaderos lastres, y, con todo y la promulgación de leyes que tratan de regular el desarrollo urbano, las dificultades siguen al alza porque no existe una adecuada planeación estratégica mediante la cual se visualice el crecimiento de las ciudades a 20, 30 ó 50 años; y sólo se da respuesta a las contingencias, como el problema que representa el alza de atrifas.
 
De esta manera las autoridades continúan ceñidas a la tradición de generar grandes expectativas cuando asumen un puesto, pero terminan arguyendo que no alcanzó el tiempo; que los recursos fueron insuficientes; que las leyes son imprecisas y obsoletas; o que simple y llanamente los involucrados mostraron poca disposición para superar la problemática.
 
Así hasta la saciedad y el cinismo.
 
Y esta cantaleta empieza a divulgarse a poco menos de tres meses de que se releven los ayuntamientos.
 
Transporte público
 
Derivado del mismo problema de omisión o incapacidad para atender adecuadamente su responsabilidad, igual hay funcionarios de la administración pública estatal que están por irse en diciembre próximo, sin que les importe heredar conflictos a los que vienen.
 
Ejemplo de ello son las nuevas tarifas para el transporte público que están por autorizarse, pero el costo social no habrán de pagarlo quienes avalen el alza, sino sus relevos y, sobre todo, el mandatario siguiente.
 
La Ley de Transporte del Estado de Tamaulipas permite a los particulares operar y prestar el servicio público vía concesión en las principales ciudades.
 
Estamos hablando de cerca de 10,000 unidades entre taxis, autobuses, microbuses y minibuses, que diariamente trasportan a cientos de miles de pasajeros.
 
Pero todos fallan, merced a su proclividad de ganar sin invertir.
 
Aquí en la entidad el fenómeno empezó a crecer en la década de los 70as y de ahí en adelante no hay poder humano que le ponga remedio.
 
Han surgido organizaciones de trabajadores del volante, se han repartido las rutas, se han abierto otras más y se ha obligado a las autoridades a reconocer su presencia.
 
No obstante por la confrontación entre los mismos concesionarios que siempre han buscado el monopolio del transporte, existe la necesidad de promulgar una ley en la materia para ordenar esta actividad y modernizarla en beneficio del usuario.
 
Al paso del tiempo se ha pretendido justificar la inoperancia de la reglamentación vigente, dado que casi el 50% de las unidades no han sido renovadas.
 
Entonces, ¿de quién es la culpa?
 
Asueto forzoso
 
Los días jueves y viernes próximos no habrá columna Golpe a golpe, sino hasta el lunes 20.
 
Y es que el mega puente patriotero también me afecta porque tengo qué pagar impuestos, salarios, energía eléctrica, teléfono, agua, gasolina, renta, al vigilante nocturno que siempre está durmiendo y hasta por la recolección de basura que los encargados de limpia sólo ejecutan “moche” de por medio.
 
Em@il:
jusam_gg@hotmail.com golpeagolpe@prodigy.net.mx 

Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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