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Sección: Editoriales / Golpe a golpe

Bicentenario adelantado

El movimiento independentista de nuestro país inició el 16 de septiembre de 1810, pero tuvo una duración de once años...

Por: Juan Sánchez-Mendoza 13/09/2010 | Actualizada a las 23:34h
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La Independencia, lo reitero, fue consumada en 1821
Este año sólo se festeja su inicio y el Grito de Dolores
A 200 años de ese levantamiento, hay hartazgo social
Garza Narváez deja en claro contribución tamaulipeca
 
El movimiento independentista de nuestro país inició el 16 de septiembre de 1810, pero tuvo una duración de once años.
 
Y fue precisamente el día 27 del mismo mes, allá en1821, cuando la lucha se consumó con la entrada del Ejército Trigarante a la (hoy) Ciudad de México.
 
No obstante quienes organizan los festejos del bicentenario omiten el dato –acaso por desconocimiento de la historia o bien por considerar innecesario corregir sus propios yerros--, en detrimento de la educación impartida en las instituciones, donde se supone que los maestros sí saben que el pueblo se liberó del yugo monárquico español hace 189 años, y no hace 200.
 
Tal descuido, sin embargo, mantiene confusos a los mentores que en sus clases cotidianas han ilustrado atinadamente a nuestros hijos con citas y fechas precisas, pero que hoy por conservar la chamba se han unido a las festividades septembrinas de este 2010 y no defienden la verdad histórica, aun cuando tienen alumnos que también conocen de historia y les reclaman hablar con la verdad.
 
De cualquier forma es claro que existen motivos qué conmemorar en grande, merced al cumplimiento bicentenario de dos acontecimientos.
 
Uno, el Grito de Dolores; y otro, el inicio de la lucha independentista para buscar un cambio en la estructura social y política del país, derivado de las reformas borbónicas y ante la severa crisis económica que en ése entonces padecía la Nueva España; así como la necesidad de abolir la esclavitud y permitir el desarrollo de los naturales tanto en educación como económico, religioso y social, pues éste sólo privilegiaba al invasor enviado por la corona.
 
Algunas precisiones
Los textos históricos refieren que en la noche del 15 de septiembre de 1810, el cura Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga Mandarte Villaseñor –el nombre real del caudillo que conocemos como Miguel Hidalgo y Costilla, nacido en la Hacienda de Corralejo que se ubicaba en Pénjamo (hoy Guanajuato), el ocho de mayo de 1753--, dio el Grito de Dolores para llamar al levantamiento.
 
Él dirigió la primera parte del movimiento independentista, pero tras una serie de derrotas fue capturado el 21 de marzo de 1811 y llevado prisionero a la Ciudad de Chihuahua, donde fue juzgado y fusilado el 30 de julio de ese mismo año.
 
O sea, fue aprehendido casi un semestre después de haber incitado a la liberación y lo ajusticiaron a diez meses aproximadamente de que se levantó en armas.
 
Aún así se le considera “El padre de la Patria”.
 
El otro motivo que hay pa’ festejar en grande –hoy, cuando menos--, es el inicio de la guerra de Independencia, que tuvo lugar por la mañana del 16 de septiembre de 1810, pues con ésa lucha (ganada en 1821) hoy el pueblo de México alcanzó su soberanía y pudo constituirse como un país libre y autónomo.
 
En fin, ya la autoridad gubernamental ha decidido que este año sea considerado el bicentenario de la Independencia. Y ni modo.
 
Las precisiones salen sobrando.
 
Población pacifista
 
Mucho se agravia al pueblo de México con el reprobable ejercicio gubernamental en materia de seguridad pública y los abusos que día tras día cometen las gavillas que han sembrado el terror en todo el país, sin que se advierta certidumbre para aliviar tantos males.
Y eso que estamos en plena conmemoración del bicentenario de la Independencia y el centenario del movimiento revolucionario.
 
En México, sin embargo (¡y qué bueno!) no se ha dado otra revuelta social que realmente refleje el descontento hacia el sistema político que aún nos rige; y en contra de los facinerosos que sin saber qué es la escuela y menos el trabajo nos despojan de nuestras pertenencias.
 
Vamos, ni siquiera las rupturas priístas (militares y civiles registradas en los últimos siete lustros), el movimiento ciudadano azuzado por Andrés Manuel López Obrador o los brotes de guerrilla que han aparecido en Guerrero, Chiapas, Chihuahua, Hidalgo y otras latitudes de la geografía nacional, han tenido el respaldo de las mayorías para mediante la violencia conseguir sus propósitos, que en apego a la verdad tampoco han incitado.
 
Pero en el fondo es porque esas manifestaciones de inconformidad tanto como el pueblo mexicano guardan mesura (con paciencia de monje), merced al espíritu pacifista (que los distingue) y la fe y esperanza que aún tienen para acceder a un mejor futuro.
 
No porque sientan que los beneficios llegan en cascada a su menguada economía --que éste, como los gobiernos anteriores, se ha encargado de agravar y está a punto de pulverizar con más y mayores impuestos--, o por temor, sino porque ya está visto que la violencia sólo engendra más violencia.
 
Hay que subrayar, también, que si México no ha entrado en un desorden generalizado o en el autoritarismo totalitario, es gracias a las sólidas instituciones que se han creado a lo largo de la historia: el Congreso de la Unión, el Ejército Mexicano, los gobiernos estatales autónomos (aunque federados), y uno que otro partido político, entre otras.
 
Pero esto no lo reconoce ni de chiste el actual señor de Los Pinos, quien sigue empeñado en asegurar que a partir de su régimen México inició una real transformación.
 
Empero, la percepción generalizada es que Felipe Calderón Hinojosa falta a la verdad.
 
Simple y llanamente porque ante lo obvio no hay quien le crea.
 
Él, al inicio de su administración, prometió una economía fuerte y sólida para beneficio de sus gobernados, más empleos, seguridad pública, justicia social, precios competitivos para los productores agropecuarios, vivienda para todos y excelentes servicios de educación y salud, cuando menos, pero ya han transcurrido cuatro años de su gestión sin que haya cumplido ninguna de sus promesas.
 
Y eso salta a la vista.
 
Pero no es el único mal que padecemos, ya que los transgresores de la ley dan la apariencia de estar protegidos por la misma autoridad al cometer sus fechorías.
 
De lo contrario los miles y miles de soldados marinos, policías federales, estatales, municipales y cuanta corporación exista para prevenir y perseguir la delincuencia, ya estarían ofreciéndonos un clima de seguridad.
 
Y no lo han hecho, por lo que el pueblo empieza a cansarse y si no actúa en consecuencia de manera directa, es porque la misma autoridad se lo impide.
 
¿Hasta cuándo?
 
Actividad legislativa
 
Hoy, en el Congreso del Estado, habrá de llevarse a cabo la sesión pública ordinaria correspondiente al segundo período del tercer año de su ejercicio constitucional.
Sirve la cita para recordarle que el sábado que nos antecede la LX Legislatura realizó una sesión pública solemne en el Espacio Metropolitano de Tampico, donde los tres poderes de Tamaulipas conmemoraron el triunfo de nuestros próceres ante las fuerzas invasoras de España que pretendían reconquistar el territorio nacional.
 
A esa gesta se le conoce como “La batalla de Tampico”.
 
Y fue precisamente el diputado Felipe Garza Narváez quien ilustró a la concurrencia al explicar que el acontecimiento representa la consolidación de la Independencia de México, ya que originó que se firmara un pacto de paz y amistad entre nuestro país y la corona hispana.
 
Acudo al hecho porque Garza Narváez es un estudioso de la historia mexicana –como pocos en estas latitudes--, lo que le da un plus a su dirigencia legislativa.
¿O acaso hay otro diputado que en la materia sea capaz de discernir con Felipe?
No, no lo creo, pues para eso hace falta leer, inteligencia y sobre todo amor por México.
 
Em@il:
jusam_gg@hotmail.com golpeagolpe@prodigy.net.mx 

Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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