La ejecución de indocumentados centro y sudamericanos ocurrida en un rancho que se localiza en el municipio de San Fernando, Tamaulipas...
Por: Juan Sánchez-Mendoza26/08/2010 | Actualizada a las 22:48h
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Condena unánime, por los ultimados en San
Fernando Pero nadie admite cómo y para qué arribaron
al rancho Los peligros milenarios que enfrentan
indocumentados Atentado contra México es el cobro de más
impuestos La ejecución de indocumentados centro y
sudamericanos ocurrida en un rancho que se localiza en el municipio de San
Fernando, Tamaulipas, ha provocado cualquier cantidad de condenas por parte de
los gobiernos de El Salvador, Honduras, Ecuador y Brasil (cuando menos); tanto
como el repudio de las organizaciones defensoras de los derechos humanos, la
Iglesia Católica, toda la sociedad mexicana y las autoridades federales y estatales
de nuestro país.
Se trata de un acontecimiento patético, es
cierto, pero éste debe ser analizado en su justa y real dimensión, ya que los
migrantes asesinados no llegaron por sí solos a la geografía estatal, sino
atraídos por el sueño americano (en el mejor de los casos) o contratados por
grupos delictivos que más allá de la frontera sur de México reclutan
mercenarios, aunque éstos no sepan a qué se exponen ni cuál sería su trabajo
hasta en tanto no arriben a la zona de combate, que por lo que se ha visto
desconocen y sí la transitan con plena ubicación de los terrenos que pisan.
Admitir, entonces, que los 72 masacrados
ajenos estuvieron (en su estadía aquí en Tamaulipas) a toda acción delictiva
sería irresponsable, como igual de aventurado es suponer que ellos sí sabían el
por qué y para qué se encontraban en el Noreste de México, obligados o no por
los bandoleros que a mansalva los sacrificaron.
Lo cierto es que Tamaulipas y quienes aquí
radicamos hoy de nueva cuenta somos calumniados por la prensa sensacionalista
–sobre todo la del Distrito Federal (mal llamada nacional) y la de Nuevo León
(el estado donde ocurren cotidianamente más acontecimientos cruentos que en
toda la República Mexicana)--, que a esta entidad consideran un territorio
donde el poder de las armas gobierna y a nosotros (los habitantes) entes
dispuestos a matar a la menor provocación, al tiempo que presumen que aquí el
periodismo está aniquilado (también en el mejor de los casos) o que está en
plena connivencia con los grupos delictivos.
¡Cuánta estupidez!
Y lo reconozco con pleno conocimiento de
causa, pues durante más de dos décadas ejercí mi actividad periodística allá en
la Ciudad de México, coincidiendo muchas veces en mis comentarios con las hoy
“luminarias” que a la prensa “provinciana” desdeñan por con ellas no comulgar
en la defensa de sus intereses mediáticos.
En fin, ése es otro cantar. Y en
colaboraciones posteriores habrá oportunidad de ubicar a cada cual en su lugar.
Desde al automentado maestro de las lecturas noticiosa de una televisora
–recluido en un hospital de rehabilitación para drogadictos--, hasta la dama
que en catres ajenos da la micha. Criminales fronterizos Los
peligros que enfrentan los indocumentados connacionales y de otras naciones de
de Centroamérica y Sudamérica que pretender hacer realidad el “american drem”
--sueño americano--, durante toda la vida se dan igual aquí en el territorio
nacional, por ser parte de su recorrido para llegar a la Unión Americana.
Acá de
este lado, poco antes de pisar la línea divisoria, el emigrante debe enfrentar
tanto al peligro de su traslado a la frontera como la inseguridad.
En los
días previos al “cruce” regularmente se mantiene hacinado en algún punto
fronterizo, a merced de las bandas de “polleros”, hasta el momento mismo
de su internación.
Sobre la
línea divisoria hay bandas de asaltantes y criminales, aparte de los
traficantes de indocumentados, cuyo insano propósito es practicar el robo, el
homicidio y las violaciones de aquellos inocentes que no se pongan a “tono” con
los jefes.
Los
traficantes de indocumentados, por su parte, funcionan con total impunidad en
la franja fronteriza, siempre protegidos por las autoridades policíacas y los
funcionarios de migración, en base al pago puntual de “cuotas”.
Son reiteradas
las historias que se cuentan sobre los grupos de indocumentados que han sido
abandonados a su suerte luego de haber entregado las sumas de dinero
convenidas, o que son recogidos en estado grave merced a las golpizas recibidas
para quitarles sus pocas pertenencias.
Si bien
les va a los indocumentados y logran internarse en los Estados Unidos, seguirán
viviendo en un contexto de incertidumbre y mal trato de parte de los
empleadores que, las más de las veces, explotan inmisericordes la fuerza
laboral cuando se trata de ilegales que no pueden alzar la voz.
A eso
debemos añadir los abusos de que son objeto por parte de la Agencia Federal de
Investigaciones (AFI), Migración, la Policía Federal Preventiva (PFP), la
Rural, las policías preventivas municipales, la Ministerial y otras
corporaciones, en su búsqueda de alimentarse con el dinero ajeno.
Refiero
lo anterior porque los acontecimientos de San Fernando es justo y necesario
ubicarlos en su real dimensión. Atentado contra el pueblo
Bien sabemos
que nada alienta más la descomposición social, la anarquía y la pérdida de
legitimidad política, que la información distorsionada. Y es
precisamente el gobierno federal el que miente cuando trata de disfrazar las
verdaderas intenciones de Felipe Calderón Hinojosa.
Hasta el
ciudadano menos avezado ha percibido ya la existencia de una clara embestida
contra la economía familiar, la cual se mueve, indistintamente y como pez en el
agua, tanto en la casa como en las fuentes de empleo y en la superestructura
burocrática.
En estos
momentos de ingobernabilidad y confusión, los cerca de 106 millones de
mexicanos nos hemos convertido en rehenes de un pequeño grupo de intocables y
mañosos, a los que es sencillo identificar por sus nombres y apellidos. No así
por su currículo, puesto que a muchos de ellos ni siquiera los habíamos oído
mentar hasta que aparecieron en escena pública, amparados en el fuero que les
da trabajar bajo las órdenes del mandatario en turno.
Sin
embargo, el peso de sus acciones y la influencia de sus provocaciones se siente
en todos los rincones del territorio nacional –Usted bien puede palparlo en los
ejidos--, a través de golpes de mano y una constante amenaza de lo que nos
espera en caso de no ceder a sus caprichos, aunque éstos, en el fondo, atenten
contra nuestra precaria situación económica.
Mucho se
ha discutido sobre la inconveniencia de aplicar mayores impuestos en el
ejercicio fiscal que en septiembre próximo habrá de discutirse en el Palacio
Legislativo de San Lázaro; se ha exteriorizado el repudio general de la
población hacia el Presidente; una y otra vez se ha levantado la voz, pero ni
así hemos podido disuadirlo de sus terquedades. Por si
fuera poco, sus asesores de prensa gastan carretadas de dinero en spots
televisivos tratando de proyectar otra imagen que no le corresponde, pues cree
que con anuncios mal elaborados podría convencernos de que fuera de él no ha
existido nadie mejor al guiar los destinos de México.
Pero es
obvio que ya nadie le cree. Nadie ajeno al grupo de sus panegiristas, que hoy
afila sus fauces para devorar lo poquito que nos queda a esta sociedad
desangrada. Campo: bomba de tiempo
La grave
crisis que enfrenta el campo mexicano de ningún modo podrá aliviarse echándole
la culpa a los propios campesinos, ni dando todas las facilidades a los
productores extranjeros como se contempla en el Tratado de Libre Comercio de
América del Norte TLCAN), se lo comenté ayer, al informarle sobre el congreso
agrario que tiene lugar en la Ciudad de México, bajo el auspicio de la
Confederación Nacional Campesina (CNC) que dirige el tamaulipeco Cruz López
Aguilar y claramente manipula la jerarca priísta Beatriz Paredes Rangel.
En
primera hace falta dejar de lado la crítica malsana y no perder el tiempo
buscando culpables de este deplorable fenómeno provocado por el mismo hombre
–durante los regímenes priístas o no priístas--, para dar paso al análisis que
permita encontrar soluciones tangibles que contribuyan a recuperar (la mayor)
parte de lo perdido, y revisar los términos del acuerdo comercial que ponen en
desventaja a los agricultores de este lado del río Bravo.
Pero esto
sólo se logra cuando hay disposición; cuando el interés comunitario rebasa los
intereses personales, de grupo o de partido, y se está convencido de que sólo beneficiando
a los que menos tienen es la mejor manera de avanzar juntos para enfrentar la
globalización que amenaza con aniquilar el campo mexicano.
Durante
los últimos días, una y otra vez, se han escuchado voces que invitan a defender
los intereses del sector.
Pero son
pocas las que plantean cómo y cuándo hacerlo, sin que se piense que sus
emisores lo hacen única y exclusivamente para llamar la atención, buscar los
reflectores o simple y llanamente por mera demagogia, como podrían ser los
casos de los dirigentes partidistas (de todos los partidos políticos, sin
excepción), que nada coherente plantean al respecto y sí, por el contrario,
coinciden en señalar que el campo mexicano no puede esperar más, ya que durante
años ha esperado lo imposible. Em@il: jusam_gg@hotmail.comgolpeagolpe@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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