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Sección: Editoriales / Golpe a golpe

Responsabilidad municipal

Uno de los comentarios que más atraparon mi atención durante la charla de amigos que Egidio Torre Cantú sostuvo (el sábado que nos antecede) con el...

Por: Juan Sánchez-Mendoza 23/08/2010 | Actualizada a las 22:46h
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Primero debe atender prestación de servicios públicos  
Y de calidad, según lo considera el Gobernador electo
Quebranto en arcas públicas, por excesos de alcaldes
Población pacifista se niega a responder con violencia
 
Uno de los comentarios que más atraparon mi atención durante la charla de amigos que Egidio Torre Cantú sostuvo (el sábado que nos antecede) con el equipo editorial de El Diario de Ciudad Victoria y la Organización Radiofónica Tamaulipeca (ORT) –cuyo timonel es José Ángel Cárdenas del Avellano--, tiene qué ver con la administración pública municipal.
 
Y es que el Gobernador electo considera que los ayuntamientos, en su ejercicio reglamentario, obligados están a procurar servicios públicos de calidad –limpia de arterias, recolección de basura, suministro de agua potable, alumbrado en calles y avenidas, la conservación de los parques y jardines, seguridad y ordenamiento vial, entre otros--, porque éste es el reclamo más significativo de la sociedad que puebla los 43 municipios de la geografía estatal.
 
De ahí su interés de que los alcaldes, síndicos y regidores electos, cursen talleres de capacitación en la administración pública municipal previos a su establecimiento normativo, por ser precisamente los ediles el contacto más directo que toda comunidad tiene con la autoridad gubernamental.
 
Él mismo ha experimentado ese acercamiento con la sociedad –fue presidente municipal de Victoria entre 1999 y 2001--, por lo que advierto que nadie podría refutarle ésta su apreciación; y menos cuando también en carne propia vivió las bondades y sufrió las limitaciones que conlleva presidir un ayuntamiento.
 
Como alcalde mostró firme voluntad para ponerse de acuerdo con el entonces gobernador Tomás Yarrington Ruvalcaba y ello produjo claros beneficios al hoy llamado “Corazón de Tamaulipas”, por lo que confía en que a través del diálogo y la concertación habrá de darse una sincronía fructuosa entre su administración constitucional y las comunas (igual a instalarse al clarear el alba del 2011), sin importar colores, ideologías ni credos.
 
Lo más importante para Egidio es trabajar en armonía. Y si es para procurar el bienestar de sus conciudadanos, ¡qué mejor!
 
Por tanto, los presidentes municipales electos debieran entender que no se les eligió para ser constructores, sino pa’ procurar servicios públicos de calidad a sus comunidades, que tanto requieren al menos una manita de gato en cuanto al rubro se refiere.
 
  En lo sucesivo aquí mismo habré de consignar otras apreciaciones de Egidio Torre Cantú, como su disposición a respetar los tiempos y su claro rechazo a la grilla estéril y ociosa.
  
Hablando de ayuntamientos…
 
No sé, con precisión, cuántos alcaldes han solicitado ayuda al Gobierno del Estado para solventar el pago de salarios y aguinaldos de su personal administrativo en lo que resta del año, pero según me han dicho la cifra acaricia las dos decenas.
 
En términos cuantitativos este escenario no pasa de ser una simple estadística, tomando en consideración que podría disminuir drásticamente con la siguiente ministración económica que está por transferírseles, o vía el otorgamiento de empréstitos con cargo a los ayuntamientos que habrán de estrenarse en el 2011.
 
Sin embargo hay que analizar, desde el punto de vista cualitativo, qué circunstancias pudieron provocar el quebranto financiero de esos ayuntamientos que carecen de dinero para cubrir sus obligaciones.
 
Ya no digamos en lo concerniente al pago de obras o proveedores –dado que los contratistas o abastecedores (de insumos) regularmente son gente sin mayores problemas económicos--, sino al aspecto laboral, pues la amenaza de conculcar a sus trabajadores los sueldos y prestaciones de ley a que tienen derecho es tanto como jugar con el hambre del pueblo.
 
Sobre todo cuando sabemos que a los presidentes municipales (que hoy piden ayuda y también a los que no), durante su tercer año de ejercicio constitucional, el Gobierno del Estado les ha otorgado apoyos extraordinarios, por lo que no tienen pretexto para dejar de cubrir (a la burocracia por ellos mismos contratada) salarios.
 
A menos, claro, que esos alcaldes (que se dicen en quiebra) antepusieran el bienestar de su parentela, compadres, amigos y socios, a la necesidad de la clase trabajadora (aunque las dos últimas palabras interprétense entre comillas).
 
Por otra parte, cierto es que el Gobierno Federal ignominiosamente dispuso recortar los recursos a los municipios durante el presente año; y que los ayuntamientos priístas, igual en el 2009, han enfrentado cualquier cantidad de obstáculos para acceder a las prerrogativas de ley, pero también es una realidad que el Gobierno del Estado en ningún momento los ha abandonado.
 
Lo prueba el hecho de que la mayoría de ayuntamientos (con que cuenta la geografía tamaulipeca) tenga en sus arcas dinero para cubrir, al menos, los salarios, el aguinaldo, las compensaciones y otros imprevistos del gasto corriente, que los ediles derrochadores no fueron capaces de prever en tiempo y forma por su ineptitud para administrar el erario que su personal de mayor confianza, en años anteriores, manejó como si hubiera sido fortuna personal.
 
En fin, ya habrá tiempo de profundizar en cuanto a los malos manejos del erario municipal, que hoy hacen lucir quebrados a cerca de dos decenas de ayuntamientos y amenazan con dejar sin pavo navideño a centenas de burócratas.
 
Y eso que aún faltan más de cuatro meses para concluir sus períodos..
 
 Agresión federal
 
En reiteradas ocasiones le he comentado que gravar con más y mayores impuestos los productos y/o artículos que consume la población mexicana no es la mejor fórmula para enfrentar la crisis económica, pero eso no lo entienden el señor de Los Pinos ni sus panegiristas que próximamente tratarán de sacar en el Congreso de la Unión más reformas lesivas a la economía familiar.
 
De cualquier forma el golpe duro que se prepara en contra del pueblo con nuevas tasas tributarias quizá no se entienda por ahora, sino hasta septiembre próximo cuando a discusión entre el nuevo paquete fiscal.
 
Aún así habrá tiempo para que el Gobierno Federal saque en conclusión que nuevamente se equivoca.
Sobre todo cuando el actual Presidente no ve al pueblo desangrándose, pero sí se prevé un duro golpe para aniquilarnos vía el cobro de más y mayores impuestos.
 
Como si la inseguridad pública no resultara suficiente para que muramos poquito a poco.
 
Pueblo pacifista
 
Ya estamos conmemorando el bicentenario de la Independencia y el centenario del movimiento revolucionario –16 de septiembre y 20 de noviembre, respectivamente--, sin que en México se haya dado otra revuelta armada que realmente refleje el descontento social hacia el sistema político que aún nos rige.
 
Ni siquiera las rupturas priístas (militares y civiles registradas en los últimos siete lustros), el movimiento ciudadano azuzado por Andrés Manuel López Obrador o los brotes de guerrilla que han aparecido en Guerrero, Chiapas, Chihuahua, Hidalgo y otras latitudes de la geografía nacional, han tenido el respaldo de las mayorías para mediante la violencia conseguir sus propósitos.
 
Pero en el fondo es porque el pueblo mexicano guarda mesura (con paciencia de monje), merced al espíritu pacifista (que lo distingue) y la fe y esperanza que aún tiene para acceder a un mejor futuro.
 
No porque sienta que los beneficios llegan en cascada a nuestra menguada economía --que éste, como los gobiernos federales anteriores, se ha encargado de agravar y está a punto de pulverizar con más y mayores impuestos--, o por temor, sino porque ya está visto que la violencia sólo engendra más violencia, y porque ya no la deseamos como panacea para aliviar nuestros males ni tenemos el armamento que las fuerzas federales y la delincuencia ostentan en la calle nomás pa’ presumir su superioridad.
 
Hay que subrayar, también, que si México no ha entrado en un desorden generalizado o en el autoritarismo totalitario, es gracias a las sólidas instituciones que se han creado a lo largo de la historia: el Congreso de la Unión , el Ejército Mexicano, los gobiernos estatales autónomos (aunque federados), y uno que otro partido político, entre otras.
 
Pero esto no lo reconoce ni de chiste el actual señor de Los Pinos, quien sigue empeñado en asegurar que a partir de su régimen México inició una real transformación.
 
Empero, la percepción generalizada es que Felipe Calderón Hinojosa falta a la verdad.
Simple y llanamente porque ante lo obvio no hay quien le crea.
 
Él, al inicio de su administración, prometió una economía fuerte y sólida para beneficio de sus gobernados, más empleos, seguridad pública, justicia social, precios competitivos para los productores agropecuarios, vivienda para todos y excelentes servicios de educación y salud, cuando menos.
 
Pero ya casi han transcurrido cuatro años de su gestión sin que haya cumplido ninguna de sus promesas.
Y eso salta a la vista.
 
Em@il:
jusam_gg@hotmail.com
golpeagolpe@prodigy.net.mx  

Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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