Entre hoy y el viernes próximo habrán de inscribirse los alumnos de la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT), tanto de nuevo ingreso como aquellos que ya ...
Por: Juan Sánchez-Mendoza15/08/2010 | Actualizada a las 22:45h
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+ Miles de jóvenes
no alcanzarían lugar en universidades + Federación
privilegia la expansión de escuelas privadas + Presupuesto
gubernamental educativo resulta mezquino + Instituciones
públicas, olvidadas hasta por catedráticos Entre hoy y el viernes próximo
habrán de inscribirse los alumnos de la Universidad Autónoma de Tamaulipas
(UAT), tanto de nuevo ingreso como aquellos que ya cursan estudios
profesionales.
Y de acuerdo con el calendario
oficial las actividades escolares en esa casa de estudios, como en todas las
instituciones públicas, inicia el lunes 23.
Sin embargo tengo la certeza
de que la matrícula que en todo el país registren las 1,968 universidades
públicas y las 2,494 privadas no habrá de involucrar a
todos los aspirantes a continuar sus estudios o cursar una carrera profesional
merced a la falta de recursos económicos o, simple y llanamente, por no haber
alcanzado cupo en ninguna las escuelas públicas.
En torno a ello,
los estudiosos del fenómeno advierten que la falta de oportunidades para
acceder a la educación profesional es un problema potencialmente explosivo para
el país… y esto fortalece la hipótesis de que lejos de la tan traída y llevada
modernización educativa, prometida por Felipe Calderón Hinojosa, la enseñanza
superior en México continúa dentro de una olla de presión que se podría destapar
en cualquier momento.
Ante esa
apreciación resulta válido especular en que a lo largo del ciclo escolar que
está por comenzar pudieran contaminarse algunas instituciones públicas ajenas a
la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y al Instituto Politécnico
Nacional (IPN), que hoy enfrentan conflictos serios por su incapacidad para
atender la demanda estudiantil.
El problema
también lleva a recordar que, según los cálculos que el señor de Los Pinos hizo
al inicio de su régimen y ha ofertado en los dos años subsecuentes de su
administración, sí era posible aumentar del 5 al 8 por ciento del Producto
Interno Bruto (PIB) al ramo educativo. Pero en la
práctica a la educación superior sólo se le destina el 1 por ciento del PIB. Supuestamente los
puntos adicionales que se destinarían a la educación saldrían de una reforma
fiscal integral que, de entrada, aumentaría en seis puntos porcentuales del PIB
los ingresos públicos.
No obstante el
Presidente fracasó en su intento de imponer la tan mentada reforma fiscal, no
hubo más ingresos y, por tanto, se pospone la modernización educativa y queda
como asignatura pendiente, igualito que la reducción de la pobreza. Instituciones olvidadas Sumida en la
inercia, improvisación y perspectivas a corto plazo, la educación superior
transcurre entre la crisis y la baja calidad derivada de una política de
abandono por parte del Gobierno Federal, que por un lado deja a la inversión
privada toda posibilidad de expansión (al brindarle múltiples facilidades para
ello) y por la otra recorta el financiamiento a las instituciones públicas.
La disminución en
la calidad de la enseñanza se ve influenciada por otros aspectos como el
porrismo, la presencia de fósiles y la multiplicación de profesores adjuntos;
además de la creación de virtuales centros operativos de guerrilla dentro de
varias instituciones. Especialmente en Guerrero, Sinaloa, Puebla y el Distrito
Federal.
Derivado de ese
sentimiento de orfandad en que se encuentran, las instituciones de educación
superior son campo fértil para que proliferen los grupos estudiantiles que se
dedican a cometer actos vandálicos; existe la presencia de cuando menos 160 mil
estudiantes extemporáneos –son los que debiendo concluir sus estudios en un
plazo normal de cinco años siguen acudiendo “a clases”--, y miles de maestros
adjuntos subempleados viven con la promesa de llegar algún día a ocupar una
plaza titular.
Son ellos los que
hacen el trabajo de las eminencias y catedráticos que por estar ocupados en
otras tareas dejan la mayor carga de responsabilidad a sus auxiliares.
Así, se estima que
a nivel nacional existen más de 40 mil alumnos-maestros con carácter de
adjuntos, los que con frecuencia imparten la materia, aplican exámenes y llevan
el rol de calificaciones y asistencia.
El documento intitulado
“Programa estratégico de desarrollo de la educación superior” --elaborado por
la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior
(Anuies)--, revela la trayectoria que ha seguido este rubro en los últimos 30
años.
Ahí se destaca que
el Gobierno ha dejado que la educación privada se desarrolle en medio de
contradicciones, nulo crecimiento e insuficiencia de financiamiento, pero con
un amplio margen para comercializar la educación. Culpables del fenómeno Para algunas autoridades universitarias, el
responsable de todas estas anomalías es el Gobierno Federal por no enfrentar y
reconocer la crisis; tratar de disimularla y crear una imagen que no
corresponde con la realidad social.
Esto quiere decir que las últimas administraciones
presidenciales sí le han restado importancia al sector educativo.
Incluso existe la idea de que el Gobierno Federal
no quiere que crezcan las instituciones públicas, como lo avala el hecho de que
en diez años la matrícula se haya incrementado apenas en un 0.56 por ciento.
En cambio las escuelas privadas ganan terreno,
aunque con ello se enfrente el riesgo de perder calidad en la enseñanza.
Al respecto, en colaboración anterior le he
comentado que dejar a las libres fuerzas del mercado los servicios de educación
superior, bien pudo haber sido una estrategia compensatoria en un contexto de
insuficiencia de recursos, pero se enfrentan claros riesgos de pérdida de
calidad.
También dije que “al contrario de esta situación,
debiera retomarse la posibilidad de construir nuevas universidades públicas”.
Al parecer no han sido suficientes los intentos por
reorientar el subsistema, por lo que se hace necesario realizar un mayor
esfuerzo porque lo único que se ocasiona con actitudes como la aquí planteada,
es que se deje sin oportunidades educativas superiores a las nuevas
generaciones.
Y eso que la demanda es de 1 millón de espacios
anuales, contra los 180 mil creados en el pasado ciclo escolar.
La disputa Datos de la misma
Anuies, igual revelan que la disputa por los espacios educativos la va ganando
el sector privado.
Así, la
información más reciente revela que la matrícula pasó de 2 millones 47 mil
alumnos a 2 millones 236 mil en el anterior ciclo escolar.
¿Pero dónde
estudian esos jóvenes?
Hasta hace cinco
años existían 1,292 instituciones de educación profesional, de las cuales 529
pertenecían al sector público y 763 al privado; mientras el subsistema
universitario estaba integrado por 72 universidades públicas y 175
particulares.
El estudio cita
que además de las 44 universidades públicas, integran el sector público 78
institutos tecnológicos, 36 universidades tecnológicas, 351 escuelas normales,
21 institutos tecnológicos agropecuarios, 8 institutos tecnológicos del mar y
un instituto tecnológico forestal.
Pero esto poco le
importa a la administración presidencial de Felipe Calderón Hinojosa, quien da
la impresión de privilegiar el crecimiento de la educación privada ante la
debacle que sufre la educación pública.
La mejor prueba es
que hoy existen 2,494 universidades privadas
donde prácticamente se cobra un ojo de la cara por cursar cada semestre, en
tanto, las instituciones públicas son obligadas a rechazar a miles de
aspirantes por no tener la capacidad suficiente para darles cabida en sus
facultades y menos presupuesto para expandirse en materia de infraestructura. Se hace camino al andar *** Para el rector de la UAT,
José María Leal Gutiérrez, es harto significativo que el Gobernador electo,
Egidio Torre Cantú, considere a la educación superior como un eje fundamental
para el desarrollo de Tamaulipas.
*** Eso significa que así como
el alma mater tamaulipeca ha tenido apoyo sustantivo en el actual régimen
gubernamental de Eugenio Hernández Flores, seguirá teniéndolo a partir del 1 de
enero del 2011.
*** ¡Qué bueno que la misma
reglamentación interna de la Confederación Nacional Campesina (CNC) impida la
reelección de Sergio Guajardo Maldonado como su dirigente en Tamaulipas! Lo dio
porque este sujeto la única tierra que conoce y a la que le reconoce problemas,
es a la que trae en las uñas. Em@il:
jusam_gg@hotmail.com
golpeagolpe@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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