El Anzuelo...
¿Por qué no les dijeron, comentaron, sugirieron ... planchar?
por El Fisgón
La expansión demográfica de cualquier localidad trae consigo problemas que ameritan ser atendidos adecuadamente, pues de lo contrario hacen crisis y rebasan el control de la autoridad.
Por: Juan Sánchez-Mendoza
La expansión demográfica de cualquier localidad trae consigo problemas
que ameritan ser atendidos adecuadamente, pues de lo contrario hacen crisis y
rebasan el control de la autoridad.
Entre las disfunciones más comunes sobresalen el desempleo, la inseguridad
y la carencia de servicios públicos adecuados.
Cotidianamente somos testigos de las críticas fundadas hacia la alta
burocracia de parte de la ciudadanía o sus representantes, al comprobar cómo le
sacan la vuelta a los problemas.
Drenaje, pavimentación, agua potable, alumbrado y transporte público,
son algunas asignaturas que siempre han estado pendientes de resolver a
plenitud, en tanto que las ciudades crecen a ritmos vertiginosos y los
presupuestos se achican de un régimen a otro.
En este contexto se acarrean verdaderos lastres, y, con todo y la
promulgación de leyes que tratan de regular el desarrollo urbano, las
dificultades siguen al alza porque no existe una adecuada planeación
estratégica mediante la cual se visualice el crecimiento de las ciudades a 20,
30 ó 50 años; y sólo se da respuesta a las contingencias.
De esta manera las autoridades continúan ceñidas a la tradición de
generar grandes expectativas cuando asumen un puesto, pero terminan arguyendo
que no alcanzó el tiempo, que los recursos fueron insuficientes, que las leyes
son imprecisas y obsoletas, o que simple y llanamente los involucrados
mostraron poca disposición para superar la problemática.
Así hasta la saciedad y el cinismo, por eso la Ley de Transporte del
Estado de Tamaulipas permite a los particulares operar y prestar el servicio
público vía concesión en las principales ciudades.
Estamos hablando de cerca de 10,000 unidades entre taxis, autobuses,
microbuses y minibuses, que diariamente trasportan a cientos de miles de
pasajeros.
Aquí, en la entidad, el fenómeno empezó a crecer en la década de los
70as y de ahí en adelante no ha habido poder humano que le ponga remedio.
Han surgido organizaciones de trabajadores del volante, se han repartido
las rutas, se han abierto otras más y se ha obligado a las autoridades a
reconocer su presencia.
No obstante por la confrontación entre los mismos concesionarios que
siempre han buscado el monopolio del transporte, existe la necesidad de renovar
otra vez la ley en la materia para ordenar esta actividad y modernizarla en
beneficio del usuario.
Al paso del tiempo se ha pretendido justificar la inoperancia de la
reglamentación vigente, dado que casi el 50% de las unidades no han sido
renovadas.
Entonces, ¿quién falla?
Los dueños del autotransporte se niegan a modernizar sus unidades hasta
en tanto no les autoricen nuevos aumentos de tarifas –y ni aún permitiéndoselos
renovarían el parque vehicular--, y las autoridades simple y llanamente se
limitan a reiterar que ya se está levantado un padrón confiable –eso lo he
escuchado durante décadas--, a fin de obligar a los concesionarios a prestar un
mejor servicio –también durante décadas lo he oído--, pero sólo para justificar
su indolencia para enfrentar el problema.
Lo peor del caso es que el pueblo sigue pagando caro tanto desgarriate.
Comunicación inadecuada
Las críticas más
recientes de Felipe Calderón Hinojosa en contra de los medios de comunicación
masiva, actualiza o reedita, según el punto de vista de cada cual, el viejo problema
de la comunicación presidencial, que, en sí mismo, no es un dificultad de
origen, sino la dificultad derivada de la interpretación política que del país
hace e impone él como Presidente de México.
Desde el régimen de Miguel de la Madrid Hurtado (1982-88) y hasta la
fecha (inclusive), el problema del manejo de prensa en Los Pinos se ha
complicado, o, mejor dicho, globalizado sin que mejoren sus contenidos en
cuanto a la concepción histórica y política de nuestro país y su enmarcamiento
ruinoso frente al mundo.
Esto porque los últimos cinco jefes del Ejecutivo federal, incluido
Felipe, se dejaron seducir por las mieles informativas de los grandes
consorcios estadounidenses que cabildean e influyen en la política de
Washington. Especialmente en el Senado del país vecino del norte, que en una
clara actitud intervencionista se ocupa una y otra vez de todo cuanto aquí se
hace, pero magnificando nuestros problemas para ocultar que el origen de muchos
males se encuentra allende el río Bravo.
Bajo esas condiciones hoy se abre un mercado costosísimo de dependencia
y cabildeo informativo con los gringos; principalmente con los “chamanes” de
los medios más influyentes que mandan aquí y del otro lado de la frontera
norte, sin que el Presidente de México tenga mayor capacidad de maniobra.
A raíz de ello se acentúa el fracaso en el manejo de la comunicación
social de la Presidencia --incluidos todos los órganos en la materia--, y a los
responsables del área, para justificar su actividad, no se les ocurre otra cosa
que amordazar a la prensa, mediatizarla, privarla de contenidos, acosar
periodistas, cercarlos desde las propias oficinas editoriales o bien
encarecerles el medio y el modo de escribir y opinar sobre la realidad de su
país.
En cuanto a la televisión, a la vez que se roba la imagen pierde los
contenidos y hasta pareciera que se gobierna a través de ésta, cuando antaño
los presidentes de México se relacionaban con las masas populares a través de
la palabra escrita.
Por eso la crisis de la comunicación presidencial se ha viciado. A grado
tal que cuando Calderón Hinojosa creyó alcanzar las alturas quiso decretar en
México la seguridad pública a través de la pantalla chica –no de manera real,
sino mediática--, tomando por modelo las estupideces que puso en boga Joseph
Paul Goebbels en cuanto a su desprecio por la prensa escrita.
En su primer intento fracasó. Está visto, por lo que ahora hay
quienes aseguran que Felipe está decidido a corregir el rumbo y de aquí en adelante
caminará muy de la mano con los medios impresos, “porque seguramente así se lo
ha recomendado su nuevo equipo de prensa”, según advierten algunos lectores de
noticias de la pantalla chica.
En lo personal tengo mis dudas. Pero tampoco soy aguafiestas ni
acostumbro ahuyentar la cándida ilusión surgida en las entrañas mismas de
algunos editores.
Peligro de tromba
Durante los próximos tres días se pronostican lluvias intensas en
Tamaulipas, San Luis Potosí, Hidalgo, Puebla y Tlaxcala; y con menor intensidad
en Guerrero, Nayarit, Jalisco, Michoacán, Distrito Federal y estado de México.
Eso es motivo suficiente para que las autoridades de Protección Civil
suspendan sus vacaciones y retornen a esta entidad a cumplir con sus
obligaciones, pues nadie sabe ni podría asegurar qué tanto daño podría
ocasionar la precipitación pluvial.
Y que conste, ante la advertencia no hay engaño.
Limpieza de drenes
Erick Silva Santos no quita el dedo del renglón en cuanto a la necesidad
de construir en Matamoros un dren pluvial principal, pues sólo de esta forma se
evitaría que decenas de colonias siguieran inundándose cada que llueve.
En su oportunidad, el alcalde solicitó la obra al Presidente Felipe
Calderón Hinojosa, teniendo como testigo de honor al gobernador Eugenio
Hernández Flores; y en la víspera hizo lo propio ante el director general de la
Comisión Nacional del Agua (Conagua), José Luis Luege Tamargo, a quien también
le pidió que ordene la limpieza de drenes y canales que hay en Matamoros,
“porque en estos momentos de contingencia son un verdadero peligro para la
ciudad”.
El hecho cobra mayor relevancia porque en las próximas horas Matamoros
podría registrar nuevamente torrenciales aguaceros, igual que muchos otros
municipios del estado, donde a diferencia de Silva Santos los alcaldes brillan
por su ausencia.
E-m@il
jusam_gg@hotmail.com
golpeagolpe@prodigy.net.mx
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