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Sección: Editoriales / Golpe a golpe

Divorcio Gobierno-pueblo

Nunca como ahora en México se había dado tan grave separación entre el pueblo y el Gobierno Federal...

Por: Juan Sánchez-Mendoza 20/07/2010 | Actualizada a las 22:11h
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+ Las clases medias, propensas a desaparecer
+ Millones de mexicanos arrastramos la miseria
+ Es necesario rejuvenecer los cuadros políticos
+ En México coexisten la abundancia y riqueza
 
Nunca como ahora en México se había dado tan grave separación entre el pueblo y el Gobierno Federal.
 
Y es que el señor de Los Pinos continúa las prácticas neoliberales de anteriores regímenes, al tolerar que se agudice la crisis económica en forma tal que podría acelerarse la debacle para las llamadas clases medias o clases emergentes, condenadas a desaparecer desde el régimen de Miguel de la Madrid Hurtado.
 
No obstante sus amanuenses pretenden hacernos tragar el cuento de que él nada sabía del trance económico provocado por las medidas draconianas adoptadas por Vicente Fox Quesada y repetidas por él.
 
Por ello también exige muchos meses más de esfuerzo y sacrificio, con el rollo de que sólo así logrará darse una recuperación.
 
De cualquier forma ello la crítica popular no es benévola con el señor de Los Pinos; y menos cuando ya suman cerca de 80 millones los mexicanos que acarician la miseria e ilustran un país frustrado, irritado; sin esperanzas tangibles de recobrar el bienestar suyo y de sus familias, al menos en los próximos años.
 
Hasta hoy se puede decir que Felipe y sus colaboradores controlan la economía, las finanzas, el dinero, pero no dan solución a los compatriotas que piden empleo, vivienda, seguridad. La perspectiva de una mejor vida.
 
Hoy los mexicanos somos víctimas de la incompetencia e incapacidad del gobierno federal, y, por tanto, tendremos que esperar la llegada de otras autoridades para buscar andar hacia delante, porque está visto que hacia adelante, con el señor de Los Pinos, sólo caminan los ricos, los industriales, los banqueros, los privilegiados.
 
Como nunca antes, hoy se cometen errores en serie; nos enteramos de vejaciones contra los ciudadanos de este país; las policías son atropelladoras; los puestos públicos son acaparados por una minoría selecta, incapaz, depredadora; se fractura el aparato político y social; los gobiernos estatales son sojuzgados; la llamada clase política es víctima de persecución y de escarnio; el país está a merced del hampa y no hay poder humano que dé certeza a los sufridos compatriotas.
 
Política y progreso
México es un país de asimetrías en cuanto a su desarrollo económico, político, social y cultural. A lo largo y ancho del territorio nacional coexisten la abundancia y la marginación; la riqueza y la pobreza. En las regiones se observan auge y rezago; e incluso en las propias entidades ocurre este fenómeno.
 
Los estados del norte han sido superiores en prosperidad comparados con entidades del sur como Chiapas, Oaxaca o Guerrero; y acá la gente ha dejado constancia de su carácter emprendedor y ganas de sobresalir.
 
A dicha actitud contribuyen una serie de factores de índole estructural, pero también tiene que ver con aspectos culturales, educativos y, por supuesto, de actitud ante la vida y el progreso.
 
Es evidente que a las entidades fronterizas del norte les beneficia su vecindad con la Unión Americana --que por cierto mantiene la principal economía del orbe--, pues ello propicia que haya inversión de capital extranjero en diversas ramas de la producción --principalmente en la industria--, lo que permite la generación de empleos.
 
Pero también resulta obvio que la relación con el exterior no es la vara mágica para que una economía crezca y se desarrolle. La base primordial en el que debe descansar la fortaleza de una entidad o nación, son los factores de producción local.
 
Contribución gubernamental
Los poseedores del capital doméstico y una fuerza laboral suficiente y capacitada, que permita alcanzar grados de productividad que marquen la distinción en la elaboración de la cantidad y calidad de los bienes y servicios, significan la clave de cualquier proyecto productivo.
 
Los empresarios sólo disponen de sus recursos una vez que  analizan las ventajas competitivas y se convencen de que existen condiciones favorables a sus intereses; antes de ello no arriesgan en lo mínimo.
 
De ahí que la actividad gubernamental sea clave al facilitar las condiciones para que la clase empresarial desarrolle su actividad en escenarios favorables, tanto de disposición de mano de obra calificada como de insumos, leyes y procesos que simplifiquen el asentamiento de fuentes de generación de empleo y riqueza.
 
Entonces la clave del desarrollo es contar con un buen gobierno que tenga visión de largo alcance y sea capaz de armonizar los factores de la producción en torno a un objetivo común, que en el centro coloque al ser humano.
 
En este sentido, la política es el instrumento por excelencia que es menester privilegiar a fin de sumar fortalezas y encauzarlas en beneficio de la colectividad.
 
Por desgracia pocos son los gobernantes que entienden la dimensión de su encomienda y más que procurar traducir los planes, proyectos y acciones de la administración que encabezan en logros tangibles que impacten de manera efectiva a sus representados, gustan emitir rollos huecos, mensajes propagandísticos y cazar pleitos estériles con adversarios reales e inventados, las más de las ocasiones como elementos de distracción para encubrir los errores y la mediocridad que les distingue.
 
Dignificar la política
En el actual contexto, donde se agita la República Mexicana merced al enorme ruido que hacen los grupos de interés y la ineficiencia del titular del Poder Ejecutivo federal --quien no logra colocarse a la altura de las circunstancias, y, muy al contrario, exhibe su proclividad hacia la confrontación con todo aquel factor de poder que no comulgue con su ideología y visión de gobierno--, es cuando se afianza la necesidad de que la política sea dignificada.
 
No es posible que se continúe promoviendo un clima de confrontación desde los poderes de la Unión, principalmente desde la Presidencia de la República que encabeza Felipe Calderón Hinojosa, en virtud a que estamos llegando a límites peligrosos; y ya en algunos rincones de la patria empieza a enseñar su rostro la ingobernabilidad, cuya presencia perjudica a todo el sistema.
De ahí que resulte propicio distender el ambiente y dar paso a los buenos oficios de personajes que antepongan el interés del país por encima de camarillas y grupúsculos, que con su actitud dañan al tejido social de manera torpe e irresponsable.
 
Por ello hacen falta auténticos líderes o promotores de la paz y la reconciliación nacional.
Entiéndase bien: políticos de nuevo tipo que liguen la palabra con la acción y den resultados; a la par que generen un clima de confianza y sana convivencia en un marco de pluralidad.
 
Así se puede avanzar en la consolidación de la democracia y evitar que tentaciones anarquistas y autoritarias sean desactivadas en bien de los millones de mexicanos que aún creemos en la posibilidad de un país más justo y equitativo, donde se acabe con los grandes rezagos sociales que, por desgracia, aún persisten.
 
E-m@il
golpeagolpe@prodigy.net.mx
jusam_gg@hotmail.com
   

Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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