En tan sólo tres años con seis meses y catorce días, que es el tiempo en que ha despachado como Presidente Constitucional de México, Felipe de Jesús Calderón Hinojosa...
Por: Juan Sánchez-Mendoza14/07/2010 | Actualizada a las 22:50h
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+ Son tres: Ramírez Acuña, Gómez-Mont y
Blake Mora + Ni modo que ellos renieguen por llamarse
Francisco + Clara danza de titulares en Gobernación y
Economía + La Oficina de la Presidencia tampoco se
queda atrás En tan sólo tres años con seis meses y catorce días, que
es el tiempo en que ha despachado como Presidente Constitucional de México,
Felipe de Jesús Calderón Hinojosa ha nombrado cuatro titulares de la Secretaría
de Gobernación. Primero depositó la responsabilidad de la política
interna del país en manos de Francisco Javier Ramírez Acuña –llamémoslo Pancho
I--, quien ostentó el cargo del uno de diciembre de 2006 al 15 de enero de
2008, fecha en que fuera sustituido en el (también) llamado Palacio de Covián
por Juan Camilo Mouriño Terrazo. Lamentablemente éste polémico personaje falleció el
cuatro de noviembre de 2008 a consecuencia de un accidente aéreo, cuando
regresaba a la Ciudad de México de una gira de trabajo por San Luis Potosí. Seis días más tarde (noviembre 10) el jefe del Ejecutivo
Federal extendió nombramiento a favor de Fernando Francisco Gómez-Mont Urueta
–ubiquémoslo como Pancho II--, pero éste causó baja en la víspera –o sea,
ayer--, presumiblemente a) por sus diferencias de criterio con el propio señor
de Los Pinos, b) su renuncia como militante del membrete albiceleste, y c) su
desacuerdo con el jerarca del Partido Acción Nacional (PAN), José César Nava
Vázquez, al permitir éste la asociación del membrete albiceleste con otros
partidos (erróneamente reconocidos como de izquierda) para postular candidatos
a las gubernaturas de Oaxaca, Puebla y Sinaloa. Al relevo llega José Francisco Blake Mora –ya
identificado como Pancho III--, de quien Calderón Hinojosa dijo ayer que “se
trata de un operador político leal, eficaz y práctico”, quizá dando a entender
que su antecesor jamás operó bien las instrucciones conferidas, fue desleal,
poco eficiente y hasta lento en la toma de decisiones. Igual hubo cambios en la Secretaría de Economía y en la
Oficina de la Presidencia. La primera dependencia estrena titular por tercera
ocasión –antes por ahí pasaron Eduardo Sojo Garza-Aldape y Gerardo Ruiz
Mateos--, y desde ayer por la tarde-noche atiende el despacho Bruno Ferrati
García de Alba, quien fuera director general de ProMéxico. Y en el caso de la otra cartera, ésta sufre el cuarto
cambio en lo que va del sexenio, aunque debo aclarar que su nuevo jefe, Ruiz
Mateos, la ocupa por segunda vez. Ahora sustituyendo a la controvertida Patricia Flores
Elizondo, quien llegó a relevarlo luego de que Gerardo supliera a Mouriño
Terrazo (el 21 de enero de 2008 y hasta el seis de agosto de se mismo año),
aunque con una enorme diferencia entre ambos, ya que la duranguense durante su
gestión trató de imponer su voluntad aún a costa de los designios
presidenciales, provocándole problemas serios al mentado “Hijo desobediente”
que según veo ha optado en aplicar la recomendación popular que reza: “más vale
viejo conocido que nuevo por conocer”. ¿Y esos cambios son para bien o para mal?, podría Usted
preguntarse, a lo que no encuentro respuesta todavía, pues hasta no ver la
actuación de los nuevos funcionarios federales podría sacar una deducción
apegada a la realidad. Lo cierto es que ya son muchos movimientos en tan poco
tiempo. Y sin embargo el Presidente sigue resaltando virtudes de
cuanto personaje decide que lo acompañe en la aventura. Es decir, para él todos son buenos, eficaces, leales,
trabajadores, nacionalistas y con un alto sentido de lo que es el servicio
público, pero transcurrido un corto tiempo decide sacarlos de la jugada. Puras promesas Por cierto, las promesas que Felipe Calderón Hinojosa
hizo al pueblo de México durante su búsqueda del voto que lo convirtiera en
sucesor de Vicente Fox Quesada, fueron eso: simples promesas. Tan así lo advirtió (en tiempo y forma) la mayoría del
electorado que se reservó el derecho de acudir a las urnas –ahí está el
escrutinio que no admite lugar a dudas--, pero finalmente Luis Carlos Ugalde
--el ahijado de Felipe que en ese entonces controlaba el Instituto Federal
Electoral (IFE)--, decretó el triunfo (harto cuestionable, por cierto) de quien
apadrinó su boda. Hago esta referencia porque de la sarta de mentiras
ofertadas por el hoy señor de Los Pinos, sobresalen al menos seis: 1) que una
vez instalado como jefe del Ejecutivo Federal, en México no habría más
problemas económicos; 2) que la pobreza sería erradicada; 3) la crisis vencida;
4) que el país recobraría la capacidad de un auténtico desarrollo nacional; 5)
que la seguridad pública sería una realidad; y 6) que se generarían miles de
fuentes de empleo para enfrentar la globalización financiera. Pero es obvio que ninguna de estas promesas se ha
cumplido, aun cuando ya está en marcha la segunda mitad de su administración.
Primero porque la política económica (de Calderón Hinojosa) empuja a México a
la peor crisis de su historia; y luego porque ésta genera tal pobreza que ahora
hay más de 70 millones de mexicanos afectados y la pérdida del poder
adquisitivo la padece el grueso de la población. Caro han pagado quienes votaron por el PAN en julio del
2006 –y lamentablemente también los que sufragamos por otros membretes--, ya
que el sueño de Felipe de tener un país de primer mundo sólo existe en su
mente. Con hechos que de ningún modo generan progreso, la Nación
ha servido de laboratorio al señor de Los Pinos para experimentar en materia
política, económica y social, pues lo mismo agudiza conflictos hacia el
interior de su gabinete que el enriquecimiento de un reducido grupo de
inversionistas. Así, Felipe Calderón Hinojosa (igualito que Fox Quesada)
rebasa en mucho la ineficiencia registrada en los regímenes de Gustavo Díaz
Ordaz, Luis Echeverría Álvarez, José López Portillo, Miguel de la Madrid
Hurtado, Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo Ponce de León, cuando
menos, que como él instrumentaron una versión moderna del pasado: la del
porfiriato. Modernizador iluso En aras de la ilusa recuperación económica que dice
perseguir, el jefe del Ejecutivo Federal ha externado pertenecer a la nueva
generación que modernizará a México. Pero más que modernizar al Estado, Calderón Hinojosa se
ha excedido en el uso del poder que le confiere la Carta Magna al
Presidente de la República. Con su gobierno se ha fortalecida la era de los
tecnócratas que llegaron al poder con Miguel de la Madrid Hurtado, para
desplazar a la vieja clase política y nacionalista. Ya lo había dicho José López Portillo en su libro “Mis
tiempos”, en el que comenta que él había sido el último Presidente de la
Revolución. Por tanto, lejos de todo concepto nacionalista, Felipe ha
reimplantado el neoliberalismo. Proyecto similar al liberalismo social que
impulsó a inicios del siglo XX Porfirio Díaz, y que provocó el movimiento
armado de 1910. Ese modelo neoliberal instalado en México por De la
Madrid Hurtado y secundado por Salinas de Gortari, Zedillo Ponce de León, Fox
Quesada y Calderón Hinojosa, por cierto, ha cobrado altos costos sociales en
diversos países de América Latina, como Chile, Venezuela, Argentina y Perú. Incluso, el Presidente ha tenido el atrevimiento de
parafrasear al personaje que es bandera de los alzados en distintas regiones
del país: Emiliano Zapata. Y con esta aseveración sintetiza las
transformaciones que dibujan el rostro del México según él modernizado; de un
país anémico que, también según su apreciación, quiere vestir los finos ropajes
del neoliberalismo. Se hace camino al
andar *** ¿Qué de cierto hay en que el nuevo secretario de
Gobernación es socio de Jorge Hank Rohn, allá en su natal Tijuana? *** ¿Y por qué, como dice Calderón, si es tan eficiente
como operador político, el PAN perdió todas las posiciones en juego en el
pasado proceso electoral allá también en Baja California? E-m@il jusam_gg@hotmail.com golpeagolpe@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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