La composición (y/o recomposición) de un sólido equipo de trabajo en la administración pública es necesaria para alcanzar las metas trazadas...
Por: Juan Sánchez-Mendoza13/07/2010 | Actualizada a las 22:36h
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+ Los funcionarios deben
atender una sola línea + Sobre todo en la recta final
del régimen actual + No obstante hay quienes
grillan pa’ trascender + La disfunción policial
ahonda recelo ciudadano La composición (y/o
recomposición) de un sólido equipo de trabajo en la administración pública es
necesaria para alcanzar las metas trazadas.
Sobre todo en la recta final
de la actual administración.
Y quienes forman parte de su
estructura, entre otras características, deben tener valores, creatividad y
disciplina, además del conocimiento; ser leales y estar comprometidos con la
misión encomendada por el jefe.
Los de abajo están obligados a
asimilar cualquier cambio estructural y programático que se realice en aras de
la unidad y el fortalecimiento del equipo; amén de agudizar su pensamiento
estratégico, porque eso es lo que marca la diferencia entre el éxito y el
fracaso.
Igual tienen la
responsabilidad de aportar lo más valioso de sí mismos, de manera generosa, a
la tarea colectiva, a fin de que el jefe avale y reconozca su desarrollo
particular y de grupo, basado en la articulación que logren en los planes,
proyectos y acciones establecidos en el cierre del ejercicio constitucional.
Obviamente esto se da cuando
el jefe cuenta con seres humanos que reconozcan y hagan suyas las reglas del
equipo; gente que conciba al entorno como la oportunidad de sobresalir en
conjunto y no como un espacio para librar batallas individuales y estériles en
aras de asegurar cargos futuros en la administración pública, pues para lo
segundo hay tiempo de sobra.
Ciertamente sólo las grandes
empresas y organizaciones cuentan con elementos probados que llevan la camiseta
bien puesta y anteponen los intereses de grupo a los personales, a diferencia
de las instituciones donde alcanzan a colarse saltimbanquis, trepadores y
oportunistas, aun cuando el jefe en turno se empeñe en desterrar esas nocivas
actitudes.
Lo ideal, por tanto, consiste
en prescindir del proyecto actual a los influyentes y futurólogos que ya no
cumplan al pie de la letra la encomienda asignada y menos muestren espíritu de
colaboración, esperando el cambio de estafeta. La rebatinga Entre los grupos coyunturales
que buscan alcanzar o mantenerse en el poder, la conformación de los equipos y
la lealtad de sus integrantes son asuntos harto complicados.
Ahí, por desgracia, ocurre que
muchos individuos carecen de sensibilidad, talento e identidad con la causa a
la que están afiliados --de motu proprio o mediante recomendación expresa--,
desdeñando la importancia de manejarse con sencillez y ecuanimidad, pero en
cambio cantan loas por sus hazañas y arropan sus complejos en los mitos de
eficiencia y calidad que en apariencia les distinguen. Sólo en apariencia, pues
en la práctica bien que se les conoce.
Por fortuna el Gobernador
tampoco no se deja engañar y a cada individuo va colocándolo en el lugar que
realmente se merece.
Y con respecto al sucesor, éste
bien sabe de qué pié cojea cada individuo pretenso a incorporarse a su equipo
para así enquistarse en la administración pública del estado. Disfunción policial Un problema que por décadas
han enfrentado los elementos policíacos, incluidos los agentes viales, es su
disfunción para adaptarse al contexto social en que se desenvuelven.
Por eso la convivencia entre
ellos y la sociedad civil harto se ha deteriorado, a grado tal que muchos
“representantes de la ley” siguen actuando al margen de ésta --con prepotencia,
resentimiento y abuso--, lo que anima la animadversión en su contra, el recelo
y la desconfianza.
Este cuadro ha sido analizado
por sociólogos, psicólogos, psiquiatras e incluso por todo tipo de
especialistas del comportamiento humano, quienes coinciden en que el divorcio
policía-sociedad es un problema de educación y valores, cuya reconciliación
sólo podría recobrarse con el cambio de actitud de quienes se encargan de
prevenir, procurar y administrar la justicia.
Para que ello fuese posible, surge
la necesidad de erradicar vicios tan arraigados en las corporaciones como son
la corrupción, el consumo de enervantes, los rencores hacia el semejante, la
inconformidad por los salarios y viáticos, la improvisación en los cuadros de
mando y una capacitación real y efectiva, donde el policía entienda que su
quehacer prioritario es servir a la sociedad (no servirse de ella) por
convicción y nunca por ser el único medio ocupacional a su alcance. Indolencia en el servicio Merced a esa disfunción, los
gendarmes federales han provocado que uno de los más graves problemas que
enfrenta nuestro país, sin lugar a dudas, sea la inseguridad pública, aun
cuando se cuenta con reglamentos, policías y órganos avocados a proteger al
individuo y a la sociedad en su conjunto, gastándose en este rubro infinidad de
millones vía partidas presupuestales.
Por esa y otra razones hasta
hoy la delincuencia organizada y obviamente la del fuero común le siguen
ganando la partida al gobierno. En sus tres niveles.
Con ello se evidencia que los
planes, programas y acciones no pasan de ser un catálogo de buenas intenciones
y un argumento discursivo de los políticos.
Habitualmente los medios de
comunicación masiva, nacionales y locales, dan cuenta de las atrocidades
causadas por los maleantes, sin que exista poder alguno que pueda frenarlos. A todas luces priva la
impunidad.
La irritación ha llegado a tal
límite que la sociedad ya salió de su marasmo y tomado las calles para expresar
su descontento ante la indolencia gubernamental.
Como respuesta, el gobierno de
Felipe Calderón Hinojosa se ha dedicado a emitir planes y más proyectos
comprometiéndose a profesionalizar las policías; concluir el registro personal
de elementos; coordinar esfuerzos con las diversas instancias de gobierno; publicar
los datos relativos a la incidencia de delitos federales; crear un grupo
antisecuestros que tenga presencia nacional; incrementar el uso del tiempo de
que dispone el estado en los medios, a fin de profundizar en la cultura de
prevención y denuncia del delito; depurar la Procuraduría General de la
República (PGR) y la Secretaría de Seguridad Pública (federal); animar la
creación de la policía única en pleno acuerdo con los gobernadores estatales e
incrementar la presencia castrense en todo el territorio nacional, entre otras
medidas.
Sobre los resultados de tantos
planes, hace días el señor de Los Pinos informó, públicamente, que se ha
cumplido con lo propuesto. Sin embargo otra es la
realidad. Movimientos obsoletos Desde que Calderón Hinojosa
asumió el compromiso de combatir frontalmente al hampa, los delitos federales
se han incrementado escandalosamente en relación a los índices registrados
anteriormente.
Y hay cosas peores: ante el
evidente fracaso en el tema que hoy nos ocupa –la inseguridad pública--, el
Presidente trata de enmascarar su gran mentira aduciendo que el gobierno, de
ninguna manera, considera a la seguridad pública como un asunto terminado, ya
que en este rubro ningún avance es suficiente.
Por fortuna la sociedad civil
ya no se deja engañar con la verborrea y la simulación a que es proclive la
autoridad.
De ahí que algunas
organizaciones no gubernamentales (ONG’s) hayan cuestionado en tiempo y forma
los supuestos logros, al considerar que el régimen federal desarrolla acciones
desde el punto de vista virtual y burocrático para curarse en salud.
Quizá el jefe del Ejecutivo
Federal, su grupo de asesores y los genios en seguridad pública tengan buenas
intenciones, pero ocurre que es una asignatura en la que sólo encontramos
justificaciones incoherentes, infundadas y por supuesto mediocres.
Lo que sí hay que reconocerle
al grupo en el poder, es su gusto por la imagen, la mercadotecnia, las
relaciones públicas y la propaganda, aunque, claro, ello resuelve nada. E-m@il jusam_gg@hotmail.com golpeagolpe@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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