La asignación de recursos del Fondo de Desastres Naturales (Fonden), contra lo que suponen algunos delegados del Gobierno Federal que las vestiduras se...
Por: Juan Sánchez-Mendoza13/07/2010 | Actualizada a las 01:47h
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+ Cerca de 360 mil tamaulipecos esperan la
ayuda + Retraso en la asignación por argucia
burocrática + ¿Habría quien politice el auxilio a
damnificados? + El pueblo mexicano mantiene su actitud
pacifista La asignación de recursos del Fondo de Desastres
Naturales (Fonden), contra lo que suponen algunos delegados del Gobierno
Federal que las vestiduras se desgarran para aparecer como tutores de la ayuda,
cuenta con un marco normativo que no requiere influencias, doctrinas ni
componendas para aplicarse en las zonas afectadas por fenómenos meteorológicos. Basta con reclamar el auxilio y fundamentar el por qué,
cuándo, cómo y dónde se necesita, sin esperar a que precisamente sean ellos,
los delegados, quienes directamente tramiten la ayuda en la Secretaría de
Gobernación, que a través de su área de Protección Civil es la que finalmente
determina si es o no aplicable la asistencia requerida. Se lo comento porque a Tamaulipas, hasta la víspera, el
manoseo burocrático y/o la falta de voluntad política ha impedido que lleguen
los recursos del Fonden (prometidos por Felipe Calderón Hinojosa) para socorrer
a las familias afectadas por el huracán “Alex”. Y menos se ha tenido éxito en gestionar la ayuda que en
parte permita recuperar el patrimonio perdido de cientos de miles de
damnificados, simple y llanamente porque al ministro del área, Fernando
Gómez-Mont Urueta, hay quienes le han pedido que agilice el envío de los
recursos cuando se le debe exigir, como obligación suya, autorizar la
transferencia sin anteponer coincidencias ideológicas o partidistas a quienes
los reclaman en Abasolo, Aldama, Burgos, Casas, Cruillas, Güemez, Hidalgo,
Mainero, Mante, Matamoros, Méndez, Padilla, Reynosa, Río Bravo, San Fernando,
Soto la Marina, Valle Hermoso, Victoria y Villagrán. No ocurre igual con el auxilio del Gobierno estatal, pues
Eugenio Hernández Flores, desde el momento mismo de la tragedia, dispuso que
sin restricción alguna se auxiliara a la población dañada por el fenómeno
meteorológico. Sin embargo el mandatario estatal no está satisfecho con
lo hasta hoy realizado; y lo prueba su presencia en las localidades que
registran mayor desastre donde él, personalmente, lleva comida, agua, ropa,
cuadrillas para fumigar, atiende a las víctimas y aún a costa de su propia
salud socorre a sus gobernados. En el caso de la ayuda federal, repito, ésta podría
retardarse porque en su aplicación hay mucho manoseo por parte de la burocracia
que aún con la desgracia ajena buscan llevar agua a sus propios molinos. Por tanto, ya no sé si creerle o no al titular de la
Secretaría de Gobernación, cuando ofrece que en los próximos días habrán de
remitirse a los gobiernos estatal y municipales alrededor de 26 millones de
pesos, para poner en marcha las primeras acciones de reconstrucción en 19
municipios. Recuento que duele La tromba de agua ocasionada por el huracán “Alex” y la
tormenta tropical “Bonnie”, que hizo desbordar ríos, presas, canales, arroyos y
drenes pluviales en 30 municipios –aunque en su estimación primaria para
efectos de acceder a los recursos del Fonden la Secretaría de Gobernación sólo
contempla 19--, no sólo inundó las arterias citadinas que imposibilitaron el
tránsito de peatones y vehicular, cabeceras municipales, rancherías,
congregaciones, colonias rurales y ejidos, sino que dañó miles de viviendas y
arrojó un saldo de casi 360 mil damnificados. Estas cifras son suficientes para que el Gobierno Federal
canalice de inmediato los recursos necesarios a las áreas devastadas, si acaso
el señor de Los Pinos tiene voluntad para cumplir con su oferta de situar la
ayuda inmediata a las comunidades siniestradas por ambos fenómenos naturales. De otra forma y como siempre ha ocurrido en las
situaciones de emergencia, los afectados tendrían que rascarse con sus propias
uñas para reconstruir sus casas, pues aunque generosa, inmediata y solidaria,
la ayuda del Gobierno estatal resultaría insuficiente para levantar lo
arruinado por la propia naturaleza. Sobre todo cuando hay otras necesidades apremiantes, como
son el uso de maquinaria pesada para desaguar calles y avenidas; reconstruir
puentes para restablecer la comunicación entre las comunidades vecinas y desviar
los cauces pluviales hacia sitios despoblados; la habilitación de albergues; la
prevención sanitaria ante los posibles brotes de cólera y dengue; la dotación
de agua potable, despensas, colchonetas, cobijas y medicamentos; y el rescate
de quienes todavía están atrapados en los cinturones considerados de alto
riesgo. Desgracia politizada Aunque tengo la impresión de que éste llamado surge
tardíamente, insisto en que la ayuda a los damnificados no debe ser politizada. Se lo digo porque a estas alturas es harto notorio el
manoseo que se lleva a cabo ante el desastre y sobran los tutores que codician
medallas con el rollo de trabajar en auxilio de las víctimas. Claro que la ayuda de esos “benefactores” sólo existe en
la palabra, pues en los hechos ninguno se ve en la zona de desastre ni menos se
conocen acciones de su parte que en lo concreto pudieran aminorar el infortunio
que se vive allá en la frontera, aquí en el centro y por supuesto en la zona
sur de la geografía tamaulipeca. Para darnos una idea más clara de la politización del
asunto, baste citar cuando menos que: a) Algunos funcionarios, en actitud populachera
(disfrazada de humanista), ya anunciaron su disposición a sacrificarse
económicamente donando un día de salario para auxiliar a las víctimas del
fenómeno meteorológico, como si no pudieran aportar mayores cantidades tomando
en consideración todo el dineral que perciben haciendo como que trabajan; b) Los legisladores federales se adjudican la tutela de
la ayuda federal al pedir que los recursos del Fonden se apliquen de inmediato,
cuando es público que ya están en camino; c) La Comisión Nacional del Agua (CNA), pa’ evadir su
responsabilidad, culpa a los ayuntamientos de ser los únicos culpables de que
el líquido se haya estancado al no limpiar en tiempo y forma los drenes
pluviales, arterias viales y redes de drenaje; d) Muchos de los presidentes municipales han acusado a
sus antecesores de ser los causantes directos de la adversidad, “por no haber
previsto” lo que en el futuro ocurriría; y e) Los partidos políticos buscan capitalizar la calamidad
al enviar algunas despensas proporcionadas por la sociedad civil, no adquiridas
con recursos propios, en franca actitud propagandística. En concreto, son muchos los políticos quieren colgarse
medallas con la desgracia ajena. Población pacifista Cierto es que no
hay una revuelta ciudadana que refleje realmente la animadversión hacia el
régimen presidencial.
Pero en el fondo
es porque la gente guarda mesura, con paciencia de monje, merced a su espíritu
pacifista y la fe y esperanza que aún tiene para acceder a un mejor futuro.
No porque sienta
que los beneficios llegan en cascada a su menguada economía --que éste, como
los gobiernos anteriores se han encargado de agravar--, o por temor, sino
porque ya está visto que la violencia sólo engendra más violencia.
Hay que subrayar,
también, que si México no ha entrado en un desorden generalizado o en el
autoritarismo totalitario, es gracias a las sólidas instituciones que se han
creado a lo largo de la historia: el Congreso de la Unión, el Ejército
Mexicano, los gobiernos estatales autónomos (aunque federados), y uno que otro
partido político, entre otras.
Pero esto no lo
reconoce ni de chiste el actual mandatario, quien está empeñado en asegurar que
a partir de su gobierno México inició su real transformación.
Empero, la
percepción generalizada es que Felipe Calderón Hinojosa falta a la verdad. E-m@il jusam_gg@hotmail.com golpeagolpe@prodigy.net.mx
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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