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Sección: Editoriales / Golpe a golpe

Vandalismo electoral

La falta de cultura cívica propicia que el vandalismo asome su rostro en el actual proceso electoral. Usted, seguramente, ya habrá notado que en distintos...

Por: Juan Sánchez-Mendoza 03/06/2010 | Actualizada a las 23:59h
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+ Hay destrucción de propaganda, de todos partidos
+ La autoridad electoral muestra mutis ante el hecho
+ Esta anomalía germina por la falta de cultura cívica
+ A un mes de los comicios oposición sigue a la baja
 
La falta de cultura cívica propicia que el vandalismo asome su rostro en el actual proceso electoral.
Usted, seguramente, ya habrá notado que en distintos sectores de Victoria y más en los municipios sureños y fronterizos la propaganda impresa que (en la calle) colocan los equipos de campaña es destruida o pintarrajeada.
 
Este hecho llama a la reflexión, pues exhibe una actitud agresiva e intolerante de gente muy limitada en cuanto a educación, inteligencia y raciocinio.
 
La proclividad a destruir lo que no se construye por sí mismo, tan sólo por placer, también forma parte de la descomposición social que vivimos.
 
Y es que acciones irreflexivas como ésta abonan el camino para que la anarquía se apodere de la vida cotidiana, boicoteando así el proceso de democratización que urge dinamizar no sólo en Tamaulipas, sino en todo el país.
 
Ahora bien, guardadas las proporciones, “puntadas” como éstas se inscriben en el terreno de la delincuencia por tratar de subvertir el orden establecido, aun cuando las instituciones no les signifiquen mucho a los infractores en función de que cotidianamente enfrentan otro conflicto mayor, como es el resentimiento social.  
 
¿Y qué otra cosa se podría esperar de ellos si en sus mismos hogares son reprimidos o alentados para delinquir?
 
Por si fuera poco, la sociedad igual contribuye a incrementar ese resentimiento, como se describe enseguida.
 
La miseria social
Se supone que en las aulas es donde se genera el proceso de socialización-aprensión de conocimientos y valores; pero el sistema educativo muestra enorme rezago en cuanto a modernización de su infraestructura, capacitación de la planta docente, innovación de métodos, atención y seguimiento del aprendizaje de niños y jóvenes.
 
En lugar de ello, los maestros le tupen con fe a la grilla y se adueñan de los feudos o planteles para desde ahí hacer su voluntad, solapados siempre por la estructura sindical de corte caciquil.
La pobreza es otro lastre que ahonda las diferencias entre poderosos y débiles; tan es así que al paso de los años ese distanciamiento se ha hecho más notable.
 
Incluso, hay núcleos poblacionales que aparte del hambre y la marginación lo único que pueden aportar a la sociedad es la miseria humana; ésa que se convierte en caldo de cultivo para las conductas antisociales en que caen centenas de niños, adolescentes, jóvenes y adultos.
 
Por otro lado, las familias desintegradas y la falta de orientación efectiva (a las mismas) propician que sus nuevos integrantes brinquen a la jungla social y sucumban en ella.
 
Pero nada de eso justifica el vandalismo.
 
¿Golpes calculados?
Reza un refrán popular: “Piensa mal y acertarás”.
 
Hago esta cita porque el colmo sería que la agresión y falta de respeto surgiera en los mismos equipos de campaña de los candidatos agredidos, con la perversa intención de convertirlos en víctimas y hacer del escándalo su mejor arma propagandística.
 
La jugarreta no es inédita, pues en ocasiones anteriores para ganar espacios en la prensa se ha recurrido a la calumnia pública, al lenguaje altisonante –vulgar, soez, rupestre, ordinario, corriente, maldiciente, florido, folclórico, etcétera--, a la desacreditación, a la injuria e intercambios epistolares, ofreciendo así un pobre espectáculo de la perversión política.
Ahondemos en el caso que hoy nos ocupa:
 
Se supone que la colocación de propaganda impresa en los espacios públicos debiera ser equitativa; pero no ocurre así.
 
El equipo de campaña que se pone más vivo es el que acapara los mejores y mayores sitios para colocar la imagen y el slogan de su candidato.
 
En torno a ello, el Código Electoral para el Estado de Tamaulipas establece (a los membretes y sus abanderados): “abstenerse de cualquier expresión que implique diatriba, calumnia, infamia, injuria, difamación o que denigre a los ciudadanos, a las instituciones públicas o a otros partidos políticos y sus candidatos, particularmente durante las campañas electorales y en la propaganda que utilicen durante las mismas.”
 
Considerando lo anterior, quienes gustan hacer exactamente lo contrario incurren en ilícitos tan graves como los cometidos por los delincuentes callejeros.
 
En este contexto se inscriben las expresiones orales de vandalismo electoral; pero ni aún así aminoran las descalificaciones, los rumores y las suspicacias, que, aunados a la destrucción de la propaganda impresa, envilecen el proceso.
 
Merced a ello, no debemos descartar la factibilidad de que en este período coyuntural arrecien las confrontaciones y se libre una lucha sin cuartel en los medios de comunicación masiva, pues hay candidatos que se niegan a aceptar su caída en las preferencias ciudadanas.
 
Lo peor del caso es que el debate ha sido sustituido con estrategias truculentas y mañosas, tal como sucede en el mundo de la farándula, donde los actores se bajan al chiquero para incrementar su rating.
 
Aclarado el punto, hoy no se puede conceder a los vándalos electorales el beneficio de la duda –sean de cuello blanco o simples bandoleros--, pues unos y otros carecen de cultura cívica y conciencia social.
 
Concluyo: este problema no puede concebirse como algo aislado, pues entonces se estaría justificando la barbarie e ignorancia cívica.
 
Hay que tener presente que el desconocimiento de la ley no exime a nadie de culpa.
 
Y al respecto, ¿qué ha hecho el Instituto Electoral de Tamaulipas (Ietam) para castigar esta inmoralidad? Nada, ¿verdad?, y comparto su apreciación, como igual coincido en que nada hace para alentar el voto y procurar que el proceso resulte un ejercicio auténtico de democracia y transparencia electoral
 
En fin, para los aludidos es sencillo endosar el problema a las autoridades policiales --¡uf!… y más ¡uf!--, pero el vandalismo electoral no sólo daña a los candidatos y partidos políticos, sino que es una ofensa para la sociedad porque con ese ejemplo crecen y se multiplican cotidianamente los futuros electores.
 
Es decir, sus hijos y los míos, que al igual que otras generaciones pudieran mostrarse apáticos para cumplir con sus obligaciones y derechos ciudadanos llegado el momento.
 
Basta rememorar los spots donde la autoridad ofrece la apariencia de ahuyentar la participación de los jóvenes, al referir la trillada frase de: “¿votar, para qué, si todo sigue igual?”.
 
 Se hace camino al andar
*** Justo a un mes de celebrarse la jornada comicial para elegir gobernador, el balance ciudadano resulta atroz para las aspiraciones de los partidos políticos antagónicos al PRI –sólo brincan la tablita los paleros ecologistas e idólatras de Elba Esther Gordillo Morales--, ya que la percepción ciudadana es que Rodolfo Torre Cantú prácticamente juega solo en este proceso.
 
*** No puede sostenerse con argumentos concretos que esta situación se repita en los 43 municipios y 22 distritos electorales que conforman la geografía política tamaulipeca, ya que sólo en Victoria, Reynosa y Matamoros –en el caso de las localidades con mayor desarrollo económico, concentración poblacional y modernización urbana--, las tendencias favorecen ampliamente a Miguel González Salum, Everardo Villarreal Salinas y Alfonso Sánchez Garza, mientras en el resto de las municipalidades consideradas también las más importantes de la entidad, persisten dudas en cuanto al posicionamiento de los candidatos aliancistas y la oposición refleja un claro avance en su búsqueda de las alcaldías.
 
*** En cuanto a los aspirantes a integrar la LXI Legislatura del Congreso local, sólo el candidato por el XIV distrito electoral con cabecera en Victoria, Óscar Almaraz Smer, ha desarrolla una campaña intensa y propositiva, mientras que sus homólogos han dado en colgarse de la popularidad de Rodolfo Torre Cantú y de los abanderados a las alcaldías, por quizá considerar que el proselitismo es una actividad inútil y desgastante que no tienen por qué realizar.
 
*** ¿Acaso por sentirse iluminados?
 
E-m@il
golpeagolpe@prodigy.net.mx
jusam_gg@hotmail.com  

Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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