Sobre el abstencionismo se ha escrito mucho; pero son pocas las instituciones, incluidos los partidos políticos, que han profundizado en su análisis...
Por: Juan Sánchez-Mendoza02/06/2010 | Actualizada a las 23:48h
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+ Autoridad soslaya divulgar la importancia
de ir a las urnas + Menos del 50 % del padrón electoral podría
emitir su voto + Jóvenes rehúyen sufragar por temor a ser
“domesticados” + Una de las causas es la actitud olvidadiza
de los políticos Sobre el abstencionismo se ha escrito mucho; pero son
pocas las instituciones, incluidos los partidos políticos, que han profundizado
en su análisis. Menos suman quienes se preocupan en desterrarlo de los
procesos electorales, merced al desconocimiento que tienen del fenómeno o
porque simple y llanamente no les interesa despertar la participación política
de las mayorías. En su oportunidad, el ideólogo Jesús Reyes Heroles
(qepd) denunció: “La abstención electoral no es un fenómeno peculiar de
nuestro país, sino un fenómeno universal que en cierta medida señala la crisis
de los partidos políticos en el mundo. Sobre todo en las naciones de régimen
democrático… los jóvenes no votan, en muchos casos porque no creen que a través
del voto puedan resolverse los que consideran problemas centrales y esenciales;
porque creen que los partidos políticos son instrumentos de domesticación de la
juventud, de incorporación de ésta a lo que llaman sistema establecido”. Bajo el mismo contexto, se puede deducir que el
abstencionista no sólo se priva a sí mismo de ejercitar un derecho, sino que
priva a todo un país, una entidad o un distrito de esa prerrogativa; y les
quita un elemento decisivo para su avance político. Hay que tomar en cuenta, sin embargo, otros factores que
igual contribuyen al abstencionismo, como la negativa de los candidatos a que
se conozca su ideario político, y el hecho de que ante la falta de información
adecuada los ciudadanos ignoren la propuesta de todos y cada uno de los
contendientes en cualquier proceso electoral. Apatía doméstica En el plano estatal el espectro del abstencionismo
amenaza con manifestarse, como siempre; y es que la mayoría de los candidatos a
presidentes municipales y diputados locales gastan más tiempo en agredir a sus
pares y en presumir la ventaja que les dan encuestas mucha veces amañadas, que
en proyectar campañas de proselitismo intensas que les permitan convencer al
sufragante de votar por ellos con base a propuestas ajenas a la frivolidad. De ahí que hasta el ciudadano menos avezado esté
convencido de que sólo tratan de utilizarlo para conseguir las posiciones
anheladas –como se ha hecho costumbre--; y el poco interés que la población
tiene para compenetrarse en el real significado de esta elección, donde no sólo
están en juego la gubernatura, los 43 ayuntamientos y el control de la LXI
Legislatura del Congreso local –considerando la repartición del pastel--, sino
el futuro de Tamaulipas. Descontento
ciudadano “La abstención predominante tiene dos lecturas: la
apatía y el descontento”, cita un estudio de Manuel García Urrutia –experto en
la materia--, quien así amplía su exposición: “La abstención por indiferencia y apatía incluye a
aquella que puede ser producto de la ignorancia, la falta de formación cívica,
un impedimento técnico, físico o legal y/o una permanente conducta egoísta y de
indiferencia hacia los asuntos sociales. “La abstención por descontento tiene que ver con dos
posturas. Una que se expresa con una actitud de malestar justificado en el argumento
de no-participación porque todo sigue igual, nada cambia, y al final las
opiniones, el esfuerzo, el voto, no son tomados en cuenta por las autoridades
respectivas; siempre hay intereses superiores que no dejan que las iniciativas
ciudadanas prosperen. Los políticos, después de ganar el voto se olvidan de la
gente…” Ahora bien, ¿qué espera a Tamaulipas en julio próximo? Obvio: un escenario electoral con alto porcentaje de
abstencionismo. No sólo porque se trata de un proceso comicial
doméstico, sino por existir además otras causas que hacen pensar que la
abstención preponderante será por malestar y descontento, más que por apatía. Es decir, una abstención razonada y política. Al ahondar en su exposición, el estudioso del fenómeno
dice: “La mercadotecnia puede atraer eventualmente a los
votantes a una causa bien vendida, pero al reconocer que no es lo que se
ofreció la reacción puede ser contraproducente; el desencanto no sólo se
expresará en el repudio hacia la fórmula política que se eligió o la muda de un
partido, sino con algo más profundo: echará por la borda lo ganado en materia
democrática. “La gente quiere ver los resultados de su voto;
simplemente que se cumplan las expectativas vendidas. Por eso la mercadotecnia
no basta para vencer la abstención y generar un ciudadano informado,
participativo y responsable.” También advierte: “Cada día es más común escuchar a
personas decir que votarán por el candidato menos malo, como una forma de
evidenciar su inconformidad con las fórmulas partidarias; otras su voto lo
tienen claro a partir de su convicción partidaria; eso que se da por llamar ‘el
voto duro’. “Sin embargo la mayoría de la sociedad no está en este
supuesto y crecientemente el voto diferenciado, quizá como una forma pragmática
de interpretar la política electoral, domina la intención ciudadana creando
equilibrios frágiles y caprichosos en la correlación de fuerzas de los actores
políticos, misma que tiene efectos en la gobernabilidad. “Asimismo, el desánimo provocado por la alternancia que
no ha permitido ver cambios sustanciales en la manera de hacer política y en la
realidad cotidiana de la gente; la actitud beligerante y poco comprendida de
los legisladores, más la crisis de los partidos por problemas de identidad y
deficiencias en sus procesos para renovar dirigentes, todos con fallas
lamentables, unos por fraudulentos, otros por excluyentes –que no permiten
verlos como ejemplos congruentes de lo que proponen--, hacen percibir un cuadro
poco halagador para la consolidación de una nueva cultura democrática. “Estos tres fenómenos --el abuso de la mercadotecnia, la
sensación ciudadana de que el voto no necesariamente está ligado a convicciones
sino que se puede mudar y el desencanto de la expectativa que generó la
alternancia--, influirán en el juicio, votando o no, que la sociedad aplique a
conductas del gobierno y de los partidos y sus candidatos. Esto hace que cada
elección los actores políticos tengan que avivarse y buscar ganar a un número
cada vez más importante de electores volubles y pragmáticos, que son los que
deciden. “Cuando esta tarea no se realiza adecuadamente, entonces
gana la abstención, todas las abstenciones, y se merma la legitimidad, la
aceptación voluntaria del gobernante.” Un fenómeno
natural Para el sociólogo José Antonio Crespo, el abstencionismo
es un fenómeno natural porque a la mayor parte de la población no le interesa
la política ni ésta va ligada a su quehacer cotidiano. Sin embargo aclara: “Aunque en términos de legitimidad
es preferible una copiosa asistencia a las urnas, se considera que quien
voluntariamente desiste de su derecho a votar, por la razón que sea,
automáticamente transfiere ese derecho a quien sí acepta ir a las urnas. “Es decir, el derecho de los abstencionistas a elegir a
sus gobernantes no es conculcado en ese caso, sino voluntariamente transferido
a otros. Así, las democracias actuales pueden soportar, tanto en términos
operativos como de legitimidad, un alto grado de abstención, siempre y cuando
éste no sea abrumador. Difícilmente podría sostenerse en pie una democracia en
la que sólo un 5% de la ciudadanía asistiera a las urnas”, dice. Enseguida puntualiza: “El abstencionismo es hasta cierto
punto natural. En realidad la mayoría de los ciudadanos en las democracias
tiene pocas motivaciones para asistir a las urnas, incluso cuando el costo de
hacerlo es menor. Por un lado, a la gran mayoría de los ciudadanos no les
interesa la política como prioridad; otras actividades e intereses ocupan su
atención antes que la política. La actividad política se verá, en ciertas
condiciones, como un medio necesario y a veces inevitable para promover o
defender los intereses ciudadanos en otros ámbitos, como la seguridad pública,
el empleo, la educación, el ocio, la sanidad, el crecimiento económico,
etcétera…” Corolario Como habrá podido observarse, el abstencionismo contiene
muchas aristas que dificultan su estudio. Pero ello no impide que podamos
alertar a las instituciones involucradas en esta justa electoral, a los
candidatos y a los sufragantes, para enfrentar este fenómeno que tanto daña a
Tamaulipas y a quienes en la entidad vivimos. E-m@il golpeagolpe@prodigy.net.mx jusam_gg@hotmail.com
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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