En esta etapa de jolgorio político para los personajes que ambicionan conservar sus ínsulas de poder dentro de la administración pública estatal, es pertinente advertir que el doble ...
Por: Juan Sánchez-Mendoza31/05/2010 | Actualizada a las 23:31h
La Nota se ha leído 1816 Veces
+ Aprovechan la coyuntura para buscar nuevos espacios +
No comprenden qué tan malo resulta servir a dos amos +
Restan siete meses al régimen, pero de trabajo intenso +
Hay que cuidarse más de los amigos que de enemigos En esta etapa de jolgorio
político para los personajes que ambicionan conservar sus ínsulas de poder
dentro de la administración pública estatal, es pertinente advertir que el
doble juego no conduce a nada bueno; y que el chaqueteo (de servir a dos amos a
la vez) más temprano que tarde habrá de cobrarles la factura.
Surge este comentario por saber
que en los siete meses sucesivos –los mismos que restan al régimen de Eugenio
Hernández Flores--, las expectativas trazadas sólo podrían cumplirse en tiempo
y forma si el gabinete en pleno se moviera en una misma dirección. Es decir, si
trabajara en frecuencia.
Por eso quienes siguen formando
parte de su estructura deben ser leales y estar comprometidos con la misión
encomendada por el jefe del Ejecutivo estatal.
Y además esos funcionarios
obligados están a asimilar cualquier cambio estructural y programático que se
realice en aras de la unidad y el fortalecimiento del equipo; aparte de
agudizar su comportamiento estratégico en pleno cierre de la administración
pública, porque esto es, precisamente, lo que marcaría la diferencia
entre el éxito y una transición accidentada.
Igual (los hoy colaboradores
más cercanos de Eugenio) tienen la responsabilidad de aportar lo más valioso de
sí mismos a la tarea colectiva, a fin de que su patrón avale y reconozca su
desempeño particular y de grupo basado en la articulación que logren en los
planes, proyectos y acciones establecidos.
Obviamente esto sólo podría
darse cuando los actores conciban el ejercicio público como la oportunidad de
sobresalir en conjunto y no como un espacio para librar batallas estériles en
aras de asegurar un cargo en la administración pública en los años posteriores,
como tanto se ve en algunas dependencias públicas.
Ciertamente sólo las grandes
empresas y organizaciones cuentan con elementos probados que llevan la camiseta
bien puesta y anteponen los intereses de grupo a los personales, a diferencia
de las instituciones que son prácticamente incubadoras de saltimbanquis,
trepadores y oportunistas, aun cuando el líder en turno se empeñe en desterrar
esas nocivas actitudes. Falta de congruencia Entre los grupos coyunturales
que buscan mantener el control al menos en sus ahora ínsulas de poder –es
decir, en las secretarías de la administración pública estatal y en las
dependencias cuya dirección depende directamente del mandatario--, la
conformación de los grupos de trabajo y la lealtad de sus integrantes son
asuntos harto complicados.
Ahí, por desgracia, ocurre que
los individuos comúnmente carecen de sensibilidad, talento e identidad con la
causa a la que se mantienen afiliados --de motu proprio o mediante
recomendación expresa--; desdeñan la importancia de manejarse con sencillez y
ecuanimidad, pero cantan loas por sus hazañas y arropan sus complejos en los
mitos de eficiencia y calidad, que, en apariencia, les distinguen, según se ha
visto en los últimos años.
Y es que en la administración
pública encontramos a muy pocos individuos que muestran congruencia y
autenticidad.
Generalmente los equipos no pasan
de ser una suma de facciones que son incorporados a una misión, cavan su
trinchera y esperan a que transcurra el tiempo para cobrar sus servicios. Con marrullerías, algo de labor
partidista y uno que otro acierto en el área que dominan, lograron llegar a lo
más selecto del grupo de interés.
Y una vez ahí afianzaron su
egolatría y hoy se ostentan como gurús.
“Soy del equipo original, amigo
del Gobernador desde antes que entrara al mundo de la política”, dicen con toda
seguridad.
Lo peor es que una vez reconocidos
como virreyes --al menos así actúan--, dieron por sacar a relucir las prendas y
debilidades que les distinguen. Por ejemplo, siempre han hablado a nombre de su
líder, del que afirman ser confidentes y compañeros de parrandas y mil
batallas.
Esos trepadores, en su pisada,
han aplastado callos de quienes consideran sus adversarios dentro del equipo,
aun sabiendo que con esa actitud una y otra vez han puesto en riesgo el
proyecto gubernamental.
Pero les vale. Ellos se solazan
grillando, injuriando y filtrando rumores. Incluso cuando asestan puñaladas
traperas a sus mismos compañeros de travesía.
Por lo regular esos personajes
no arribaron solos al equipo.
Dependiendo de su jerarquía
arribaron flanqueados por la secretaria, el asistente, el chofer, el asesor, el
encargado de informática y otros subordinados y seguidores, que siempre han
estado dispuestos a cumplir cualquier deseo de su benefactor.
Muchos de los que hoy son parte
del staff, todavía, antes que cumplirle al mandatario --quien por cierto les
dio la oportunidad de figurar en la administración pública estatal--, se
autopromueven en busca de posiciones en el régimen que viene, perdiendo la
perspectiva y la proporción.
Incluso son seducidos por el
halago y según preveo difícilmente concretarían sus ambiciones en el 2011, como
respuesta a sus propias conjuras, complots y truculencias.
Lo advierto porque esos
aventureros más tardaron en recibir una encomienda que en confrontarse con
otras tribus que buscan exactamente lo mismo –el poder transexenal--, y de esas
luchas intestinas emergen las filtraciones públicas y muchos de los argumentos
que caen en manos de la oposición.
Otro rasgo distintivo de los
oportunistas es que aún sin haberse horneado el pastel –es decir, sin haber
todavía elecciones que permitan conocer oficialmente el nombre del relevo
sexenal--, ya se reparten grandes tajadas, imaginándose al frente de áreas
importantes y flanqueados por sus amigos, compadres, socios, parentela y
“caprichos”.
Comentario aparte merece la
“exquisitez” de su comportamiento que contrasta con el desprecio inocultable
que les causan los sectores populares, pues tan mareados están con el poder que
incapaces son de mirar hacia abajo.
También consideran a la ciudad
y al estado en que viven y laboran como pueblos pequeños que no los merecen,
por su complejo mismo de aristócratas.
Sin embargo todo su frenesí,
aplomo y calentura, habrá de culminar cuando el líder les llame la atención y
les exija seriedad, responsabilidad y trabajo, so pena de prescindir de sus
mediocres servicios en pleno cierre de esta administración, en el mejor de los
casos, o se decida a fincarles responsabilidad sobre ilícitos sencillos de
documentar.
Lo anterior bien podría
adaptarse a más de uno de los integrantes del equipo que despachan en las
distintas áreas.
Pero afortunadamente el
gobernador también cuenta con profesionales de la política; con personas serias
y talentosas que a su paso construyen y tienen miras de largo alcance, sin
padecer el vértigo que un ladrillo les provoca a los improvisados.
De cualquier forma son los
menos y poco han podido hacer, casi nada, para evitar que los gambusinos
sexenales echen a perder cuanto bueno ha realizado el gobernador…
En análisis por separado
hablaré de ello. Amigos y enemigos El libro intitulado Las 48
leyes del poder --de Robert Greene--, nos ilustra sobre diversos temas de
política práctica; y uno de ellos, en especial, se recomienda a la nueva clase
política. Leamos: “Nunca confíe demasiado en sus
amigos; aprenda a utilizar a sus enemigos. “Desconfíe de los amigos;
suelen ser los primeros en traicionarlo, ya que caen fácilmente presa de la
envidia. “También suelen convertirse en
irrespetuosos y tiranos. “En cambio, emplee a quien haya sido su enemigo, y le
será más leal que un amigo, ya que deberá hacer mayores esfuerzos para
demostrar su adhesión. ”Lo cierto es que usted debe
temer más a sus amigos que a sus enemigos. “Si no tiene enemigos, busque
la forma de creárselos”. Al respecto, Voltaire plasmó: “Señor, protégeme de mis
amigos, que de mis enemigos me protejo yo mismo”. Recomendación A quienes integran el equipo de
Eugenio Hernández Flores, a siete meses de concluir su mandato constitucional,
dedico un pensamiento de Thomas Hubbard: “Si usted trabaja para un
hombre, por Dios, trabaje por él; hable bien de él y sea fiel a la institución
que él representa. “Si usted quiere murmurar,
condenar o encontrar faltas constantes, entonces es mejor que renuncie a su
puesto, y cuando esté fuera dé rienda suelta a la maldad de su corazón. “Pero mientras sea parte de la
institución, ¡no censure!, si lo hace la primera ráfaga de viento que pase se
lo llevará, y probablemente usted nunca sabrá por qué.” E-m@il golpeagolpe@prodigy.net.mx jusam_gg@hotmail.com
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
Síguenos y entérate de lo que ocurre en #Tamaulipas