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Gambusinos transexenales

En esta etapa de jolgorio político para los personajes que ambicionan conservar sus ínsulas de poder dentro de la administración pública estatal, es pertinente advertir que el doble ...

Por: Juan Sánchez-Mendoza 31/05/2010 | Actualizada a las 23:31h
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+ Aprovechan la coyuntura para buscar nuevos espacios
+ No comprenden qué tan malo resulta servir a dos amos
+ Restan siete meses al régimen, pero de trabajo intenso
+ Hay que cuidarse más de los amigos que de enemigos
 
En esta etapa de jolgorio político para los personajes que ambicionan conservar sus ínsulas de poder dentro de la administración pública estatal, es pertinente advertir que el doble juego no conduce a nada bueno; y que el chaqueteo (de servir a dos amos a la vez) más temprano que tarde habrá de cobrarles la factura.
 
Surge este comentario por saber que en los siete meses sucesivos –los mismos que restan al régimen de Eugenio Hernández Flores--, las expectativas trazadas sólo podrían cumplirse en tiempo y forma si el gabinete en pleno se moviera en una misma dirección. Es decir, si trabajara en frecuencia.
 
Por eso quienes siguen formando parte de su estructura deben ser leales y estar comprometidos con la misión encomendada por el jefe del Ejecutivo estatal.
 
Y además esos funcionarios obligados están a asimilar cualquier cambio estructural y programático que se realice en aras de la unidad y el fortalecimiento del equipo; aparte de agudizar su comportamiento estratégico en pleno cierre de la administración pública, porque esto es, precisamente,  lo que marcaría la diferencia entre el éxito y una transición accidentada.
 
Igual (los hoy colaboradores más cercanos de Eugenio) tienen la responsabilidad de aportar lo más valioso de sí mismos a la tarea colectiva, a fin de que su patrón avale y reconozca su desempeño particular y de grupo basado en la articulación que logren en los planes, proyectos y acciones establecidos.
 
Obviamente esto sólo podría darse cuando los actores conciban el ejercicio público como la oportunidad de sobresalir en conjunto y no como un espacio para librar batallas estériles en aras de asegurar un cargo en la administración pública en los años posteriores, como tanto se ve en algunas dependencias públicas.
 
Ciertamente sólo las grandes empresas y organizaciones cuentan con elementos probados que llevan la camiseta bien puesta y anteponen los intereses de grupo a los personales, a diferencia de las instituciones que son prácticamente incubadoras de saltimbanquis, trepadores y oportunistas, aun cuando el líder en turno se empeñe en desterrar esas nocivas actitudes.
 
Falta de congruencia
Entre los grupos coyunturales que buscan mantener el control al menos en sus ahora ínsulas de poder –es decir, en las secretarías de la administración pública estatal y en las dependencias cuya dirección depende directamente del mandatario--, la conformación de los grupos de trabajo y la lealtad de sus integrantes son asuntos harto complicados.
 
Ahí, por desgracia, ocurre que los individuos comúnmente carecen de sensibilidad, talento e identidad con la causa a la que se mantienen afiliados --de motu proprio o mediante recomendación expresa--; desdeñan la importancia de manejarse con sencillez y ecuanimidad, pero cantan loas por sus hazañas y arropan sus complejos en los mitos de eficiencia y calidad, que, en apariencia, les distinguen, según se ha visto en los últimos años.
 
Y es que en la administración pública encontramos a muy pocos individuos que muestran congruencia y autenticidad.
 
Generalmente los equipos no pasan de ser una suma de facciones que son incorporados a una misión, cavan su trinchera y esperan a que transcurra el tiempo para cobrar sus servicios.
Con marrullerías, algo de labor partidista y uno que otro acierto en el área que dominan, lograron llegar a lo más selecto del grupo de interés.
 
Y una vez ahí afianzaron su egolatría y hoy se ostentan como gurús.
 
“Soy del equipo original, amigo del Gobernador desde antes que entrara al mundo de la política”, dicen con toda seguridad.
 
Lo peor es que una vez reconocidos como virreyes --al menos así actúan--, dieron por sacar a relucir las prendas y debilidades que les distinguen. Por ejemplo, siempre han hablado a nombre de su líder, del que afirman ser confidentes y compañeros de parrandas y mil batallas.
 
Esos trepadores, en su pisada, han aplastado callos de quienes consideran sus adversarios dentro del equipo, aun sabiendo que con esa actitud una y otra vez han puesto en riesgo el proyecto gubernamental.
 
Pero les vale. Ellos se solazan grillando, injuriando y filtrando rumores. Incluso cuando asestan puñaladas traperas a sus mismos compañeros de travesía.
 
Por lo regular esos personajes no arribaron solos al equipo.
 
Dependiendo de su jerarquía arribaron flanqueados por la secretaria, el asistente, el chofer, el asesor, el encargado de informática y otros subordinados y seguidores, que siempre han estado dispuestos a cumplir cualquier deseo de su benefactor.
 
Muchos de los que hoy son parte del staff, todavía, antes que cumplirle al mandatario --quien por cierto les dio la oportunidad de figurar en la administración pública estatal--, se autopromueven en busca de posiciones en el régimen que viene, perdiendo la perspectiva y la proporción.
 
Incluso son seducidos por el halago y según preveo difícilmente concretarían sus ambiciones en el 2011, como respuesta a sus propias conjuras, complots y truculencias.
 
Lo advierto porque esos aventureros más tardaron en recibir una encomienda que en confrontarse con otras tribus que buscan exactamente lo mismo –el poder transexenal--, y de esas luchas intestinas emergen las filtraciones públicas y muchos de los argumentos que caen en manos de la oposición.
 
Otro rasgo distintivo de los oportunistas es que aún sin haberse horneado el pastel –es decir, sin haber todavía elecciones que permitan conocer oficialmente el nombre del relevo sexenal--, ya se reparten grandes tajadas, imaginándose al frente de áreas importantes y flanqueados por sus amigos, compadres, socios, parentela y “caprichos”.
 
Comentario aparte merece la “exquisitez” de su comportamiento que contrasta con el desprecio inocultable que les causan los sectores populares, pues tan mareados están con el poder que incapaces son de mirar hacia abajo.
 
También consideran a la ciudad y al estado en que viven y laboran como pueblos pequeños que no los merecen, por su complejo mismo de aristócratas.
 
Sin embargo todo su frenesí, aplomo y calentura, habrá de culminar cuando el líder les llame la atención y les exija seriedad, responsabilidad y trabajo, so pena de prescindir de sus mediocres servicios en pleno cierre de esta administración, en el mejor de los casos, o se decida a fincarles responsabilidad sobre ilícitos sencillos de documentar.
 
Lo anterior bien podría adaptarse a más de uno de los integrantes del equipo que despachan en las distintas áreas.
 
Pero afortunadamente el gobernador también cuenta con profesionales de la política; con personas serias y talentosas que a su paso construyen y tienen miras de largo alcance, sin padecer el vértigo que un ladrillo les provoca a los improvisados.
 
De cualquier forma son los menos y poco han podido hacer, casi nada, para evitar que los gambusinos sexenales echen a perder cuanto bueno ha realizado el gobernador…
 
En análisis por separado hablaré de ello.
 
Amigos y enemigos
El libro intitulado Las 48 leyes del poder --de Robert Greene--, nos ilustra sobre diversos temas de política práctica; y uno de ellos, en especial, se recomienda a la nueva clase política. Leamos:
“Nunca confíe demasiado en sus amigos; aprenda a utilizar a sus enemigos.
“Desconfíe de los amigos; suelen ser los primeros en traicionarlo, ya que caen fácilmente presa de la envidia.
“También suelen convertirse en irrespetuosos y tiranos. “En cambio, emplee a quien haya sido su enemigo, y le será más leal que un amigo, ya que deberá hacer mayores esfuerzos para demostrar su adhesión.
”Lo cierto es que usted debe temer más a sus amigos que a sus enemigos.
“Si no tiene enemigos, busque la forma de creárselos”.
Al respecto, Voltaire plasmó:
“Señor, protégeme de mis amigos, que de mis enemigos me protejo yo mismo”.
 
Recomendación
A quienes integran el equipo de Eugenio Hernández Flores, a siete meses de concluir su mandato constitucional, dedico un pensamiento de Thomas Hubbard:
“Si usted trabaja para un hombre, por Dios, trabaje por él; hable bien de él y sea fiel a la institución que él representa.
“Si usted quiere murmurar, condenar o encontrar faltas constantes, entonces es mejor que renuncie a su puesto, y cuando esté fuera dé rienda suelta a la maldad de su corazón.
“Pero mientras sea parte de la institución, ¡no censure!, si lo hace la primera ráfaga de viento que pase se lo llevará, y probablemente usted nunca sabrá por qué.”
 
E-m@il
golpeagolpe@prodigy.net.mx
jusam_gg@hotmail.com
   

Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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