Junto al desempleo y la pobreza, es la inseguridad pública uno de los problemas que más lastiman a la sociedad...
Por: Juan Sánchez-Mendoza25/05/2010 | Actualizada a las 23:18h
La Nota se ha leído 2378 Veces
+
Del tema se discute cotidianamente en todo México +
La autoridad responsable no da soluciones, todavía +
Foro priísta recoge demandas y propone soluciones +
La familia es el pilar pa’ rescatar los valores cívicos Junto al
desempleo y la pobreza, es la inseguridad pública uno de los problemas que más
lastiman a la sociedad.
El cáncer
penetra hasta los rincones más apartados de la geografía nacional, evidenciando
yerros en la materia por parte de la autoridad responsable. O sea, el Gobierno
Federal.
Paso a paso el
hampa ha sentado sus reales y defiende “a sangre y fuego” los territorios
“conquistados”, mientras que la Federación (hasta la fecha) no logra encontrar
la fórmula para atenuar, al menos, ese lastre que atenta contra individuos y
familias tanto en su patrimonio como en su integridad física y moral.
Ciudades y
comunidades otrora pacíficas han pasado a constituirse en espacios de alto
riesgo donde impera la “ley de la selva”, sin que exista poder humano capaz de
establecer el orden y satisfacer las demandas ciudadanas.
Por el
contrario, es palpable el tropiezo de las estrategias implementadas para frenar
los índices delictivos, como bien lo demuestran los acontecimientos que tienen
lugar de manera cotidiana; y eso permite suponer que se cometen en un marco de
impunidad constituyendo, además, uno de los principales ingredientes que
permiten la propagación del fenómeno a lo largo y ancho de toda la República
Mexicana.
En reiteradas
ocasiones se ha comprobado que el hampa teje relaciones y logra penetrar las
esferas encargadas de combatirla, lo que ha sido demostrado cuando se logra
detener a facinerosos de alto rango, quienes muchas veces son servidores
públicos en activo, lo fueron o sostienen relaciones de complicidad con los
mandos encargados de la seguridad pública.
Es más, en el
pasado reciente resultaba común enterarse de cómo delincuentes disfrazados de
policías, mediante estipendio, lograban colarse a las mejores “plazas” --este
mal quizá aún se practica-- a fin de estar cerca de los “patrones” y poder
servirles adecuadamente.
Secuestros,
violaciones, robos, tráfico y venta de estupefacientes, así como viles y
cobardes asesinatos, forman parte de una larga lista de modalidades criminales
que llenan a diario los espacios y tiempos de los medios de comunicación masiva
y siguen al alza.
Todo ello daña
la credibilidad hacia las instituciones encargadas de la seguridad, hasta el
grado de que la población agraviada ya está harta de tantas promesas y hoy se
habla de incapacidad, ineptitud e ineficiencia.
Sólo cifras
alegres y pretextos escuchamos por doquier por parte de los encargados de
combatir el crimen, que desafortunadamente avanza a pasos firmes en nuestro
país sin que logren detenerlo las autoridades federales ni las estatales.
Entonces, hay
que animar la participación de la ciudadanía a fin de que entre al quite y
enjuicie a los malos servidores públicos, a la vez que determine el camino a
seguir.
De ninguna
manera es sano continuar inmersos en el círculo vicioso donde empieza a
borrarse la distinción entre maleantes y policías; autoridades y capos.
Plano doméstico Todo homicidio
es deplorable, pero más si es resultado de una agresión del crimen organizado
que opera en la clandestinidad y actúa impunemente.
El hecho
ofende sobre manera a quienes creemos en el estado de derecho y las garantías
individuales.
Nadie debe
permanecer impasible ante un atentado de tal magnitud porque parece ser una
práctica sistemática orientada a aterrorizar las voces que, en ejercicio de la
libertad, practicamos el periodismo. Tendencia a minimizar Las
declaraciones de altos funcionarios gubernamentales que tratan de minimizar el
caso, señalando que es un hecho aislado, podría formar parte del guión al que
hay que acudir frente a los acontecimientos de esta índole, eso lo entiendo
perfectamente, pero de ninguna manera se puede convenir que en ello vaya
implícita la tentación de negar una realidad que se palpa a diario, como es la
inseguridad pública.
Bajo esta
óptica tendríamos que aceptar que los crímenes que se cometen de manera
frecuente en la entidad son algo normal; “cosas naturales que no trastocan la
vida de la gente y ocurren de manera circunstancial”, aunque los sicarios
tomen como escenario para dirimir sus desacuerdos las principales arterias de
las cabeceras municipales y las carreteras de todo el estado.
Igual
tendríamos que convencernos que las armas y balas de grueso calibre --con que
los hampones quitan la vida a personas, estén o no en el tejemaneje de la
“maña”--, son artefactos que llegaron a sus manos de pura casualidad.
Sugerir esto
es como una aceptación tácita para que los encargados de la seguridad ciudadana
se crucen de brazos y no vean ni oigan absolutamente nada que ponga en riesgo
el trabajo que desempeñan.
Es, también,
como una invitación abierta a vivir en la resignación e indolencia.
Bajo esa
óptica tendríamos que admitir que los delincuentes operan a ratos, de manera
individual y sólo porque tuvieron la oportunidad de cobrar afrentas, las más de
las veces personales o pasionales.
¿Y qué están
esperando los funcionarios encargados de la prevención y procuración y de
justicia para actuar?
¿Porqué no hay
resultados tangibles de su actuación en la zona fronteriza, acá en el centro y
en el sur de la entidad?
Priva la idea
de que el Gobierno Federal, una vez más, quiere ganar tiempo para justificar su
tropiezo en la materia. Foro que contribuye En la víspera,
aquí en el llamado “Corazón de Tamaulipas”, se realizó un foro en materia de
seguridad, organizado por el equipo de campaña de Rodolfo Torre Cantú, donde de
viva voz los ponentes exteriorizaron sus análisis y propuestas al respecto.
Igual lo hizo
el candidato a la gubernatura estatal, exponiendo su propuesta de manera clara
y contundente.
Ahí se habló
sin tapujos de esta problemática.
Pero en lo
particular atrapa mi atención la sugerencia de que la inseguridad pública
avanza por la falta de valores que en la propia familia debieran prevalecer; la
falta de capacitación policial y, sobre todo, la corrupción que priva en las
corporaciones.
Y es aquí,
precisamente, donde hay que profundizar para (primero) localizar las causas que
motivan a nuestros jóvenes a delinquir, y (luego) buscar las estrategias
adecuadas con qué impedir que el fenómeno se propague, como podrían ser la
inculcación de una auténtica cultura cívica y de valores.
En el segundo
plano va implícita la profesionalización de los policías y la necesidad de
reincorporarlos a la sociedad como servidores públicos para quitarles la
etiqueta de asaltantes del pueblo; gánsteres que al amparo de una pistola y una
charola se tornan impunes y abusivos, por lo que han perdido todo respeto entre
la ciudadanía que ya no los ve como garantes de su seguridad, sino como
delincuentes con permiso para robar y hasta matar.
De otra forma
la lucha contra la inseguridad pública estaría perdida. Se hace camino al andar *** La crisis
del Partido Acción Nacional (PAN), en el actual proceso electoral, crece y se
magnifica por los desprendimientos que siguen dándose para causar alta en el
Partido de la Revolución Democrática (PRD).
*** Ayer causó
baja del membrete albiceleste Alberto Alanís, quien fuera alcalde de Valle
Hermoso, para buscar la misma posición pero ahora cobijado por el partido del
Sol Azteca, y reprochando Francisco Javier Garza de Coss y César Nava Vázquez
de agraviar a los militantes panistas con imposiciones y componendas. E-m@il golpeagolpe@prodigy.net.mx jusam_gg@hotmail.com
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
Síguenos y entérate de lo que ocurre en #Tamaulipas