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Sección: Editoriales / Golpe a golpe

Inseguridad que lastima

Junto al desempleo y la pobreza, es la inseguridad pública uno de los problemas que más lastiman a la sociedad...

Por: Juan Sánchez-Mendoza 25/05/2010 | Actualizada a las 23:18h
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+ Del tema se discute cotidianamente en todo México
+ La autoridad responsable no da soluciones, todavía
+ Foro priísta recoge demandas y propone soluciones
+ La familia es el pilar pa’ rescatar los valores cívicos
 
Junto al desempleo y la pobreza, es la inseguridad pública uno de los problemas que más lastiman a la sociedad.
 
El cáncer penetra hasta los rincones más apartados de la geografía nacional, evidenciando yerros en la materia por parte de la autoridad responsable. O sea, el Gobierno Federal.
 
Paso a paso el hampa ha sentado sus reales y defiende “a sangre y fuego” los territorios “conquistados”, mientras que la Federación (hasta la fecha) no logra encontrar la fórmula para atenuar, al menos, ese lastre que atenta contra individuos y familias tanto en su patrimonio como en su integridad física y moral.
 
Ciudades y comunidades otrora pacíficas han pasado a constituirse en espacios de alto riesgo donde impera la “ley de la selva”, sin que exista poder humano capaz de establecer el orden y satisfacer las demandas ciudadanas.
 
Por el contrario, es palpable el tropiezo de las estrategias implementadas para frenar los índices delictivos, como bien lo demuestran los acontecimientos que tienen lugar de manera cotidiana; y eso permite suponer que se cometen en un marco de impunidad constituyendo, además, uno de los principales ingredientes que permiten la propagación del fenómeno a lo largo y ancho de toda la República Mexicana.
 
En reiteradas ocasiones se ha comprobado que el hampa teje relaciones y logra penetrar las esferas encargadas de combatirla, lo que ha sido demostrado cuando se logra detener a facinerosos de alto rango, quienes muchas veces son servidores públicos en activo, lo fueron o sostienen relaciones de complicidad con los mandos encargados de la seguridad pública.
 
Es más, en el pasado reciente resultaba común enterarse de cómo delincuentes disfrazados de policías, mediante estipendio, lograban colarse a las mejores “plazas” --este mal quizá aún se practica-- a fin de estar cerca de los “patrones” y poder servirles adecuadamente.
 
Secuestros, violaciones, robos, tráfico y venta de estupefacientes, así como viles y cobardes asesinatos, forman parte de una larga lista de modalidades criminales que llenan a diario los espacios y tiempos de los medios de comunicación masiva y siguen al alza.
 
Todo ello daña la credibilidad hacia las instituciones encargadas de la seguridad, hasta el grado de que la población agraviada ya está harta de tantas promesas y hoy se habla de incapacidad, ineptitud e ineficiencia.
 
Sólo cifras alegres y pretextos escuchamos por doquier por parte de los encargados de combatir el crimen, que desafortunadamente avanza a pasos firmes en nuestro país sin que logren detenerlo las autoridades federales ni las estatales.
 
Entonces, hay que animar la participación de la ciudadanía a fin de que entre al quite y enjuicie a los malos servidores públicos, a la vez que determine el camino a seguir.
 
De ninguna manera es sano continuar inmersos en el círculo vicioso donde empieza a borrarse la distinción entre maleantes y policías; autoridades y capos.
 
Plano doméstico
Todo homicidio es deplorable, pero más si es resultado de una agresión del crimen organizado que opera en la clandestinidad y actúa impunemente.
 
El hecho ofende sobre manera a quienes creemos en el estado de derecho y las garantías individuales.
 
Nadie debe permanecer impasible ante un atentado de tal magnitud porque parece ser una práctica sistemática orientada a aterrorizar las voces que, en ejercicio de la libertad, practicamos el periodismo.
 
Tendencia a minimizar
Las declaraciones de altos funcionarios gubernamentales que tratan de minimizar el caso, señalando que es un hecho aislado, podría formar parte del guión al que hay que acudir frente a los acontecimientos de esta índole, eso lo entiendo perfectamente, pero de ninguna manera se puede convenir que en ello vaya implícita la tentación de negar una realidad que se palpa a diario, como es la inseguridad pública.
 
Bajo esta óptica tendríamos que aceptar que los crímenes que se cometen de manera frecuente en la entidad son algo normal; “cosas naturales que no trastocan la vida de la gente y ocurren de  manera circunstancial”, aunque los sicarios tomen como escenario para dirimir sus desacuerdos las principales arterias de las cabeceras municipales y las carreteras de todo el estado.
 
Igual tendríamos que convencernos que las armas y balas de grueso calibre --con que los hampones quitan la vida a personas, estén o no en el tejemaneje de la “maña”--, son artefactos que llegaron a sus manos  de pura casualidad.
 
Sugerir esto es como una aceptación tácita para que los encargados de la seguridad ciudadana se crucen de brazos y no vean ni oigan absolutamente nada que ponga en riesgo el trabajo que desempeñan.
 
Es, también, como una invitación abierta a vivir en la resignación e indolencia.
 
Bajo esa óptica tendríamos que admitir que los delincuentes operan a ratos, de manera individual y sólo porque tuvieron la oportunidad de cobrar afrentas, las más de las veces personales o pasionales.
 
¿Y qué están esperando los funcionarios encargados de la prevención y procuración y de justicia para  actuar?
 
¿Porqué no hay resultados tangibles de su actuación en la zona fronteriza, acá en el centro y en el sur de la entidad?
 
Priva la idea de que el Gobierno Federal, una vez más, quiere ganar tiempo para justificar su tropiezo en la materia.
 
Foro que contribuye
En la víspera, aquí en el llamado “Corazón de Tamaulipas”, se realizó un foro en materia de seguridad, organizado por el equipo de campaña de Rodolfo Torre Cantú, donde de viva voz los ponentes exteriorizaron sus análisis y propuestas al respecto.
 
Igual lo hizo el candidato a la gubernatura estatal, exponiendo su propuesta de manera clara y contundente.
 
Ahí se habló sin tapujos de esta problemática.
 
Pero en lo particular atrapa mi atención la sugerencia de que la inseguridad pública avanza por la falta de valores que en la propia familia debieran prevalecer; la falta de capacitación policial y, sobre todo, la corrupción que priva en las corporaciones.
 
Y es aquí, precisamente, donde hay que profundizar para (primero) localizar las causas que motivan a nuestros jóvenes a delinquir, y (luego) buscar las estrategias adecuadas con qué impedir que el fenómeno se propague, como podrían ser la inculcación de una auténtica cultura cívica y de valores.
 
En el segundo plano va implícita la profesionalización de los policías y la necesidad de reincorporarlos a la sociedad como servidores públicos para quitarles la etiqueta de asaltantes del pueblo; gánsteres que al amparo de una pistola y una charola se tornan impunes y abusivos, por lo que han perdido todo respeto entre la ciudadanía que ya no los ve como garantes de su seguridad, sino como delincuentes con permiso para robar y hasta matar.
 
De otra forma la lucha contra la inseguridad pública estaría perdida.
 
Se hace camino al andar
*** La crisis del Partido Acción Nacional (PAN), en el actual proceso electoral, crece y se magnifica por los desprendimientos que siguen dándose para causar alta en el Partido de la Revolución Democrática (PRD).
 
*** Ayer causó baja del membrete albiceleste Alberto Alanís, quien fuera alcalde de Valle Hermoso, para buscar la misma posición pero ahora cobijado por el partido del Sol Azteca, y reprochando Francisco Javier Garza de Coss y César Nava Vázquez de agraviar a los militantes panistas con imposiciones y componendas.
 
E-m@il
golpeagolpe@prodigy.net.mx
jusam_gg@hotmail.com  

Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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