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Privatización estigmatizada 

Por: Sandro Cappello El Día Martes 10 de Marzo del 2020 a las 09:00

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Ahora que se ha popularizado la ignorante y desacertada idea que todos los males que padece México son consecuencia del periodo “neoliberal” y su capitalismo, se ha vuelto a presentar la privatización como una amenaza para el desarrollo del país. Y digo ignorante, porque nunca ha existido un liberalismo, por consecuencia menos uno nuevo. Mucho menos ha existido un capitalismo en el concepto real del mismo, siempre ha habido un Estado sobre regulador, que en lugar de estimular la inversión, la impide con procesos rígidos, parciales y corruptos.

¿De dónde proviene la estigmatización de la privatización, el capitalismo, el “neoliberalismo” y la globalización, que tanto han aprovechado para su discurso los gobiernos de “izquierda” más bien populistas para encumbrarse en el poder?

La respuesta es sencilla: de la gran concentración de poder que tenían los gobiernos del siglo pasado y el abuso del mismo en los procesos de privatización para beneficiarse y beneficiar a sus cercanos. De ahí la tan sonada cantaleta de las élites políticas y económicas. 

Dichos procesos de privatización estuvieron plagados de un conjunto de vicios que sería injusto endilgar directamente al liberalismo económico, y para mostrar esto, analizaremos brevemente el proceso de privatización de la industria siderúrgica, telefónica y bancaria, solo por mencionar algunas, aunque cabe mencionar que ninguna industria privatizada tuvo excepciones con respecto a dichos defectos. 

El conjunto de empresas siderúrgicas en manos del gobierno era conocido como SIDERMEX y estaba constituido por: Altos Hornos, S.A., Fundidora Monterrey, S.A. y Siderúrgica Lázaro Cárdenas-Las Truchas, S.A. de C.V. Las dos primeras de inicio eran de promoción privada; Altos Hornos fue tomada por gobierno sin mayor explicación; Fundidora Monterrey, tras un rescate financiero fue absorbida por el Estado; y Lázaro Cárdenas siempre perteneció al Estado.

Las tres empresas sufrieron terriblemente tras las devaluaciones de 1976 y 1982, al grado que el Estado no pudo rescatarlas. Fundidora Monterrey entró en liquidación y las otras dos empresas fueron puestas en venta unos años después. Tras una inexplicable absorción de pasivos por 8000 millones de dólares por parte del gobierno se liquidó Fundidora Monterrey y se vendieron Altos Hornos y Lázaro Cárdenas por la irrisoria cantidad de 755 millones de dólares contando aún aproximadamente con un capital contable de 6,000 millones de dólares. 

La privatización de Teléfonos de México primero estableció en la empresa un título de comisión donde se especificaba ajustes y metas de sus servicios. Asimismo se reestructuró su capital y sus tarifas entre otros. La venta se realizó en dos etapas; en la primera se vendió el capital social por 2,085 millones de dólares a un grupo constituido por Grupo Carso, Southwestern Bell y France Cables et Radio, reservando el 4.4% del total al sindicato; en la segunda se colocó en diversas bolsas del mundo 4,240 millones de dólares de acciones preferentes.

Es digno mencionar que todo lo estipulado en el título de comisión se cumplió a cabalidad y que es muy complicado determinar si la cifra conseguida con la venta de las acciones fue justa o no, pero lo que es incuestionable es que gozaron durante un prolongado tiempo el monopolio del servicio de telefonía. Aún recuerdo que el recibo de teléfono era el más temido, incluso por encima del de la luz eléctrica.

El procedimiento de privatización de la banca en México es sin duda una de las cuestiones políticas más absurdas que he conocido. De inicio López Portillo realizó una nacionalización de los bancos, los cuales funcionaron bien por algunos años. Para cumplir con una nueva doctrina económica se anunció la privatización en 1990.

Para realizar la subasta de cada uno de los bancos se determinaron dos restricciones: los bancos no podían ser vendidos a intereses extranjeros y no podían ser adquiridos por sus antiguos propietarios. 

El precio obtenido en las subastas fue por encima de la valuación de los mismos, juntando casi los 10,000 millones de dólares, sin embargo, posiblemente por la poca experiencia de los nuevos grupos que adquirieron los bancos o el gran apalancamiento utilizado para hacerse de los mismos los llevó a un vertiginoso fracaso, por el cual debieron de ser rescatados, gastando el gobierno de 2 a 3 veces lo obtenido en su venta.

Salvo algunas excepciones los bancos se volvieron a nacionalizar, lo que nunca se terminó por reconocer. Posteriormente, el Estado mexicano permitió que bancos extranjeros compraran ese capital y así, la gran mayoría de los bancos pasaron a ser extranjeros, justo lo que no querían que pasara con la privatización de 1990.

Estamos observando que durante el proceso de privatización de estas industrias se incurrió de manera recurrente en vicios como: rescates financieros, monopolio, apoyos ilógicos a sindicatos, ventas de activos públicos por debajo de su valor y una desigualdad ante la ley. 

Sin embargo, para ser precisos, debemos mencionar que lo sucedido durante los procesos de privatización del siglo pasado no fueron fruto ni de un sistema socialista o capitalista, sino de un sistema económico mixto: una parcialidad de distintas ideas que conviven en un constante conflicto entre ellas mismas. Incluso países con un alto reconocimiento como estados capitalistas funcionan con un sistema político y económico mixto, por mencionar alguno EEUU.

Decidí escribir sobre este tema ya que en el actual cabildo de Ciudad Victoria se debate la privatización del servicio de recolección de basura, medida con la cual estoy completamente de acuerdo, siempre y cuando no se incurra en los muchos vicios arriba mencionados, en especial que dicha privatización o concesión no sea otorgada de manera arbitraria a un tercero para aprovechar un monopolio, y que no exista un doble cobro, ya que dicho servicio está incluído en el cobro de prediales.

Lo que resulta un axioma es que el Estado, la gran mayoría de las veces, es un pésimo administrador de recursos y servicios, salvo que desee negar con tozudez los miles de ejemplos que nos ha regalado la historia. Esto aplica en todos los tipos de gobiernos e ideologías

"Muchas personas quieren que el gobierno proteja al consumidor. Un problema mucho más urgente es proteger al consumidor del gobierno". 

Milton Friedman.

Sandro Cappello

Es Director de Investigación Político Sociales en Consultores y Asociados ESTATAM, con presencia en el noreste de México. Además es docente a nivel Maestría.


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