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Ismael vs el nuevo Coliseo

Por: Heberardo González Garza El Día Jueves 27 de Septiembre del 2018 a las 13:16

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“No hace falta que nuestras ideas estén perfectamente cocinadas

para compartirlas porque sabemos que nunca alcanzarán su punto [...]

Un lector inteligente sentiría como un insulto que le digan qué pensar

 ¿Escribir con la ambición de que el lector piense como uno? ¡Qué indigno!“.

Charles Lamb

Usuario de trata. Día Naranja. Qué vergüenza. Lord Padrote. Misógino. Explotación sexual. Cobarde. Delincuente. Cínico. Doble moral. Renuncia. Un largo etcétera de adjetivos y términos que en las últimas horas han señalado al Senador panista Ismael García Cabeza de Vaca por la conversación privada captada por el lente de una cámara que buscaba nota y encontró más que eso: ¨oro mediático¨ al viralizarse las imágenes a través de un grupo de WhatsApp del Senador.

Conozco al hoy Senador desde que él era regidor en la administración priista del Ayuntamiento de Reynosa, Tamaulipas, (2013-2016). En ese momento yo era el presidente del Comité Directivo Municipal del PRI en la localidad; desde ese entonces a la fecha lo he saludado una docena de veces (literalmente) y nunca he cruzado conversación más allá de los 4 o 7 segundos que un saludo cordial requiere; en pocas palabras, no tengo una relación personal, ni profesional, que permita que mi opinión se encuentre viciada de parcialidad.

El título de este texto es producto de la lectura del extraordinario artículo que publicara el doctor Pedro Salazar Ugarte, hoy reelecto por otro periodo de cuatro años como director del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM,[1] de donde se desprende todo: ¨Molotov de intransigencias¨, en donde denomina a Twitter como el ¨Coliseo moderno¨, en donde los insultos son brutales y las retóricas impermeables, en donde las redes sociales se han convertido en un verdadero campo de batalla en donde los gladiadores salen a la arena entre gritos de un público deseoso de ver sangre a través de las luchas campales.

En el Coliseo lo atestiguaba un grandioso anfiteatro, equivalente a su majestuosidad y dimensiones de la época a las redes sociales de hoy en día, teniendo en aquella época como ¨evento estelar¨ la lucha entre animales y con los propios guerreros.

Algo parecido con nuestra actualidad está sucediendo con las redes sociales, en donde la arena política forma la principal herramienta de ataques y golpes bajos, siendo éste el pan de todos los días, lo que ha provocado que la sociedad vaya perdiendo credibilidad con sus instituciones y por ende de la clase política; es el propio cúmulo de detalles los que permiten el desprestigio de la política.

El tema del Senador García Cabeza de Vaca me llamó tanto la atención en la manera en que se fue tornando y cómo poco a poco crecía a pasos agigantados en cuestión de minutos y horas; ese mismo día la dama de la imagen ya estaba dando entrevistas, y el propio legislador ofreciendo una disculpa a través de sus redes sociales.

En los grupos de WhatsApp, en cuestión de minutos, inició la lluvia de memes, videos, todo el camino para llegar al destino del escarnio popular. He dudado mucho en escribir este texto, es como tener un angelito y un demonio que te guían por caminos diversos; por una parte, en la lucha electoral, es el mejor escenario para golpear a quien tiene la guardia descuidada, pero por el otro aspecto, estoy convencido que la política es la oportunidad de mostrar y demostrar nuestras capacidades, no a costa del golpear a los demás.

Por supuesto que hay víctimas, iniciando con la propia dama que aparece en la imagen, así como la esposa del legislador, convirtiéndose en tal desde el momento que se hizo pública la otrora conversación privada, son el resultado del nuevo Coliseo y no merecen estar en boca de una sociedad sedienta de venganza.

Aceptar el nuevo Coliseo es reconocer que no hemos avanzado como seres pensantes, es ratificar que el hombre de la prehistoria era el líder por ser el más fuerte y así gobernaba a su tribu; es reconocer que el que tenga mayor capacidad de explotar los errores de enfrente es la manera directa del ascenso al poder.

Alejandro Hope, un distinguido investigador del área de seguridad, publicó un artículo denominado: ¨Un tuit¨[2] en donde hace referencia a la batalla campal de la que fue objeto a través de un breve análisis que realizó en ¨un tuit¨ en donde se desprendía que el promedio de la edad del gabinete del presidente electo era ¨viejo¨, es decir, mayor de edad. Ese tuit bastó para desatar la tormenta, como él mismo lo refiere, en donde fue acusado de gerontofobia y de discriminar a los adultos mayores, y sentencia que estamos en presencia de ¨la muerte de los hechos naturales¨, en donde toda la avalancha de comentarios nadie impugnó la veracidad de la información.

 

Si por un tuit un hombre brillante como Hope fue catalogado de todo, ahora con mayor razón a un tema del tipo sexual. En el 2006, el hoy presidente electo era considerado un peligro para la nación, así lo hizo ver la estrategia política de su principal adversario y ganador de la elección, hoy, doce años después, ya no representa ese peligro.  

Quise conocer el punto de vista de diez mujeres cercanas a mí, de diversas profesiones, culturas, pensamientos, porque me interesaba saber qué opinaban al respecto de esta situación. En su gran mayoría no consideraban que la conversación demostrara que el legislador federal fuera un miembro de la trata de personas; sí coincidieron todas que fue un error garrafal y que demostraba una falta de respecto grave.

En ese tenor no creo que la conversación del Senador lo convierta en todos los adjetivos del primer renglón; por supuesto que tampoco su actuar fue el correcto; sin duda, puede haber gente indignada, eso me queda claro.

 No fundamento mi argumento en mi trato casi inexistente con el legislador, lo sustento simple y sencillamente en lo que representan las redes sociales, en especial los grupos de WhatsApp que se han convertido en herramientas para el bien y para el mal; como puede ser un salvavidas humano al prevenir una lucha entre la delincuencia (como sucede en Tamaulipas y otras entidades) también se convierte en el escarnio popular, ejemplos hay miles, ¿Cuántos videos les llegaron del futbolista Zague? ¿Cuántas veces abrías una imagen y salía “el negro del WhatsApp”? (El apodo no lo puse yo) ¿Cuántas veces has abierto en público un audio y se escuchan gemidos de una mujer? ningún género se ha escapado de imágenes, videos a través de los contactos de mensajería, la lista es interminable. Si mandó o recibió o reenvío la imagen sin dolo, (como lo ha manifestado) no representa personalidad o el actuar de la persona ¿o seremos juzgados por la información de nuestro móvil?

 Me enfrentó a un escrutinio innecesario, en donde puedo molestar a quienes están disfrutando desde la barrera esta historia y quienes se sienten dueños de la verdad absoluta; sería muy cómodo ser un simple espectador de cómo se va consumiendo en la hoguera el rencor popular en las redes sociales. Esta es otra óptica de lo sucedido, en donde tampoco tengo la franquicia de la verdad.

 No creo en la política del desprestigio, aunque es más que evidente su existencia, y quiero combatirla con este texto, no importa que parezca una gota en un océano.

 

 

 

 

 

Dr. Heberardo González Garza

Originario de Reynosa, Tamaulipas, es Doctor en Derecho por la UANL

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