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Ni los cigarros le llevan…

Por: Jorge Alonso Infante El Día Jueves 09 de Noviembre del 2017 a las 22:04

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Mientras leía noticias y artículos sobre los acontecimientos en el ámbito internacional, nacional pero sobre todo estatal, me encontré diversos medios dedicando alguna nota en sus portales y en redes sociales ni se diga, para el caso del ex gobernador Eugenio Hernandez Flores. El caso del ex mandatario estatal en verdad está para hacer un análisis pero no solo de las causas o probables causas por las cuales el día de hoy se encuentra recluido en el penal de la ciudad en donde también fue alcalde y diputado federal del distrito, sino también en este caso del comportamiento social alrededor de dicho tema. El alguna vez vitoreado político que muchos llamaban el “güero de oro”, pasó de ser un pujante empresario del ramo de la construcción a estar en las ligas grandes de la política estatal e incluso nacional.  Un paso meteórico fue el que lo catapultó para llegar a ser gobernador del estado de Tamaulipas, claro con un apoyo de los que en aquel entonces tomaban las decisiones, pero en esos casos hay que decirlo tal cual, que para llegar a encumbrarse y más en el ámbito político, se tiene que contar con algo especial o singular que te haga resaltar y/o conseguir tales espacios.

La cuestión es que en aquellas épocas era el hombre del momento y hasta parecía a veces más una estrella de la farándula, un “rockstar” diría un amigo, que un político, su carisma y porte quizá lo hacían un personaje difícil de no prestarle atención, siempre afable y con una sonrisa amigable. Disfrutaba de gran aceptación popular, muchos periodistas, medios informativos, etc. lo adulaban, (a diferencia de ahora) muchos de ellos fueron participes de levantarle no solo el ego sino su imagen, los mismos que ahora en desgracia lo vapulean y señalan por demás negativamente. Ayudó a empoderar al llamado grupo Victoria, reanimó a muertos, sacó del duro diario trajinar laboral a muchos que después se convirtieron en los “nuevos ricos”, los mismos que no solo se paseaban pomposamente como si fueran intocables, sino que amasaron fortunas para ellos y los cercanos a ellos que les permitieron darse una vida de hasta excesivos lujos.

Fiestas donde nada faltaba, la música y carcajadas retumbaban en el campestre, en el casino, o en las nuevas casas, palapas y ranchos de los que fueron muchos adquiriendo, entre el whisky, coñac, puros y hasta otras sustancias para aderezar las fiestas, aquellos (“de la alta sociedad”) disfrutaban de la “buena vida”. Por supuesto que viviendo en un país permisivo de tanta rapacería, cuando se iban a imaginar que un día la misma benévola vida iba a dar un giro contundente e inesperado, que ahora a muchos los trae sudando la gota gorda, mordiéndose las uñas y hasta varios ya habiéndose mudado de la capital, por aquello del no vaya a ser. Esta nota en particular no va enfocada para enjuiciar al Ing. Hernandez Flores, él está actualmente inmerso en un proceso en donde las autoridades correspondientes tendrán que comprobar las imputaciones y por ende después dictaminarán su futuro o se nulificará el proceso, eso ya está en mano de ellos; esta columna va dirigida para poner un énfasis en el singular comportamiento de los seres humanos, en como en un  momento pueden llegar a ser tus compadres del alma y después simplemente olvidarse de quien fue quien no solo les tendió la mano sino la persona responsable de haberles cambiado la vida a muchos.

Los mismos que se peleaban por un abrazo de él, por estar a su lado, por servirle una copa, ahora ni los cigarros le llevan, cual reza popular dicho mexicano referente al estar recluido. “No te preocupes compadre, cuando te atoren yo te llevo los cigarros”. Por un lado obviamente muchos ni quieren arrimarse, por que no vaya a ser que no los dejen salir a los sinvergüenzas, otros fingen brutal demencia, otros apelan al qué van a decir y hasta existen los que no tienen madre y dicen que ni modo, “el que la hace la paga”. ¡Caramba! ni el ahora impoluto y súper defensor de las causas ciudadanas Fernando Arizpe quien ya había pisado allí, hace por tratar de regresarle el favor, recordando que fue el mismo Hernandez Flores quien evitó que él purgara sentencia, para ahora (quisiera decir increíblemente pero en la mierda que se ha convertido la política ya nada parece asombrar) estar no solo gozando de libertad sino encabezando (jejejejejeje) las causas más sentidas del pueblo.

Así es la vida y así son los “amigos” ni unos delincuentes sin filtro (terminología para cierta marca de cigarros) se dignan a llevar.

Gancho al hígado

Hablando de gente que no conoce la vergüenza y en especial habiendo nombrado al regidor Arizpe, haría bien en dejar de decir que la ciudad capital está muy mal y que muchos servicios son pésimos, por ejemplo el del agua al que varias veces ha hecho referencia. Y no porque no pueda tener razón en alguno de sus argumentos pero el caso es que en muchas ocasiones no solo despotrica sin saber sino es él mismo quien no pone el ejemplo. Por qué hablando de servicios así como de ser un buen ciudadano, los organismos como COMAPA subsisten de la recaudación ciudadana para tener mayores recursos y por ende brindar mejores servicios. Entonces, en ese contexto tendría que explicar él, ¿porque fue a pedir que le condonaran miles de pesos que tenía de deuda por no haber pagado los servicios de agua y drenaje por años de su hotel y otras propiedades?

¿O apoco eso también lo dice con singular ahínco y ganas de redención popular en las reuniones de cabildo o cuando lo entrevistan? ¿No le quedó dinero de aquella época universitaria en donde amasó una fortuna haciendo pingues y turbios negocios? ¿No le pagan como regidor?

En este caso aplicaría la frase que un dicharachero cuate siempre comenta: “Una vez marrana, siempre marrana” 

Jorge Alonso Infante Alarcón  

Carrera Licenciado en Relaciones Internacionales.

Maestría en Administración Pública en la U.A.M. Francisco Hernández García (U.A.T.)   

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