Mucha gente piensa que el talón de Aquiles de las administraciones, estatales y municipales lo constituye el aspecto referente a los servicios públicos, en los que se plasma una muy buena administración
Por: Carlos Santamaría Ochoa19/05/2010 | Actualizada a las 18:01h
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Mucha gente piensa que el talón de Aquiles de
las administraciones, estatales y municipales lo constituye el aspecto
referente a los servicios públicos, en los que se plasma una muy buena
administración… o se deja ver el cúmulo de errores existentes.
Sirve como parámetro de
medición, porque cuando nosotros vivimos en un sitio con calle pavimentada,
donde la basura no se acumula y es objeto de una atinada recolección, cuando
hay alumbrado suficiente y todo está adecuado, pensamos que tenemos al mejor
alcalde del mundo.
Lo contrario cuando los
servicios fallan: suponemos que el alcalde nunca tuvo idea de cómo hacer las
cosas.
Y aquí sucede lo mismo
que en el fútbol: siempre se culpa a una persona únicamente. En el caso del
deporte de nuestra pasión, siempre el entrenador es el que paga los platos
rotos, y en el caso de las administraciones, el presidente municipal fue el que
no supo tener la brillantez para gobernar. Falso en ambos casos.
En el primero, decía
–recordamos- Hugo Sánchez Márquez cuando lo destituyó Televisa y sus cómplices
de la selección, que él no jugaba, que daba las instrucciones, y que no podía hacer
más; en el caso del alcalde, hay que imaginar que está gobernando en todos los
rubros, pendiente de que la gente haga su trabajo, sin embargo, no faltará
algún colaborador “chambón”, de esos que no saben trabajar, que eche a perder
el trabajo de los demás, y por culpa de quien todo mundo hablará mal de la
administración.
También es importante
recordar que no existe a la fecha una administración perfecta, y que todos
tienen sus fallas, algunas, grandes, y otras menos significativas, pero
finalmente son fallas.
Y hemos de recordar lo
que comentábamos hace días, que para todos los que vivimos en una entidad,
ciudad o municipio, lo más importante es la obra que nos afecta directamente,
sin entender muchas veces que las otras son prioritarias o más urgentes. No: la
nuestra debe ser primero, y ahí entran los conflictos de prioridades, siempre
existentes, y nunca complacientes.
¿Qué pasa en Victoria?
Que de repente aquella
Victoria chiquita, la de cabellos de esmeralda y demás frases hermosas que
fueron finamente engalanadas y guardadas por las poetisas locales, por los
poetas y uno que otro compositor, pues sucede que creció, y como suele suceder
con los hijos: creció más de lo que esperábamos.
Victoria se ha hecho
adulta, pero solamente los que vivimos aquí entendemos que ha crecido en forma
probablemente desmesurada, desordenada: hay asentamientos humanos que han
surgido en sitios cuya ubicación hace inaccesible el atenderles con todos los
servicios públicos. Suele suceder en las grandes ciudades, y Victoria está en
el trance de pequeña a grande.
En algunas partes faltan
obras y muchas cosas, y como sucede en esos casos, el culpable es uno solo,
cuando la verdad, el desorden existente ha sido propiciado por nosotros mismos
y no ha podido ser atendido por nuestra autoridad. Viene la crítica entonces, y
condenamos a los que están, que se convierten en carne de cañón en época
electoral.
No podemos ser injustos
con quienes se han dedicado a tratar de gobernar. Insistimos: hay cosas buenas
y malas en la administración actual como en las que han pasado a formar parte
de la historia.
Unas han dejado grandes
superficies pavimentadas, otras, sin embargo, nos han tomado el pelo en ese
sentido y han forrado las calles de pequeñas superficies que en unos pocos años
han dejado salir los enormes baches que hoy nos afectan y que no son culpa de
quienes nos gobiernan, sino de la lluvia, la mala planeación, el extremoso
clima y otros factores, como también por la conformación de la superficie del
suelo.
No se gana nada con
estar condenando a un presidente municipal que ha llevado a cabo un programa de
administración municipal que ha cubierto muchas necesidades.
Quizá no se haya
orientado el recurso en la forma en que muchos hubiéramos querido, pero ahí
están muchas obras que tenemos que aprender a reconocer.
Cuando pensamos con otra
ideología política, nos vanagloriamos de los yerros de la autoridad, y cuando
somos afines a los que gobiernan, justificamos todo.
Ni una cosa ni la otra.
Queremos reconocer lo
que se ha hecho, y pedir que, en estos últimos meses se justifique el destino
del voto emitido hace tres años por la mayoría. Es aún tiempo de hacer las
cosas, de sacarse la espina, pues.
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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