Hay aspectos dentro de la administración pública que no van muy de acuerdo a lo que debiera tener como cualidades...
Por: Carlos Santamaría Ochoa13/01/2010 | Actualizada a las 16:44h
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Hay aspectos
dentro de la administración pública que no van muy de acuerdo a lo que debiera
tener como cualidades un servidor público, y uno de ellos, sin lugar a dudas,
es el aprender a dar a cada quien su lugar, porque no concebimos que una
persona que se debe a los demás tenga actitudes egoístas o de otro tipo que
choquen con su espíritu de servicio.
Y sin duda
alguna, quien no toma en cuenta lo que tienen o hacen los demás, no merecería
servir en algún cargo, como podría aplicar a ciertos secretarios que, en
actitudes poco congruentes con quien gobierna en la entidad, minimizan la
presencia de otros individuos, ciudadanos que tienen que verles para una
determinada acción que a veces es de tipo profesional, y en ocasiones como
simples ciudadanos.
Imagine el lector
que llega usted a ver a un secretario y como respuesta recibe un “espere ahí”,
típico de algunas empleadas sin el necesario bagaje de educación y formalidad.
Pasan horas –literal- y uno sigue esperando a que el señor pueda desocuparse.
Y no se le ocurra
preguntar si ya mero lo atenderán, porque entonces recibe como respuesta, en
tono regañón un “está muy ocupado”, haciendo pensar que todo es más importante
antes que nosotros.
Olvidan algunos
de esos individuos que llegaron porque los que estamos en las calles votamos
por una persona, y esa persona confió en ellos y los ubicó en esos puestos
donde deberían hacer honor a su definición de “servidores públicos”.
Recordamos cuando
un secretario particular dijo: “es que está atendiendo asuntos muy
importantes”, a lo que el ciudadano respondió: “o sea, ¿yo no soy importante”.
Es típico, nos
hacen sentir que es un honor el que nos atiendan. El hecho de afirmar que un
funcionario nos va a “conceder” audiencia suena petulante, porque finalmente,
no conceden nada, sino que están haciendo el trabajo por el que nosotros mismos
les pagamos.
Desgraciadamente,
hay algunos que no tienen una terrible idea de lo que es la formalidad, el
servir diligentemente y cumplir sus compromisos, culpando siempre al
gobernador, porque los empleados menores dicen: “es que le llamó el
gobernador”, o “está preparando un informe que le acaba de solicitar el
gobernador”. Siempre echan la culpa al gobernador que en la mayoría de las
veces no se entera que emplean su nombre para no cumplir.
Sucede también en
la UAT, donde muchos dicen: “por instrucciones del señor Rector”, o “Está
preparando un informe para el señor rector”, y baja a las unidades académicas,
en las que el secretario o empleados mucho menores utilizan el nombre del jefe.
En el caso del
secretario, ya sale a verificar asuntos de playas o de cabañas, de proyectos
que pueden significar ingresos al estado, pero eso no quiere decir que no se
puedan cumplir los compromisos contraídos, muchos de ellos, voluntariamente.
Resulta que te
dicen: “nos vemos a la una en la oficina”, y llegas y te encuentras con que el
secretario no está, porque se encuentra en una reunión, y luego te dicen que se
comunicará contigo. Claro, esto sucede luego de una estéril antesala de más de
30 minutos. No tienen el menor respeto hacia el tiempo de los demás, ni una
idea de lo que es formalidad.
Y además,
sabedores de la forma de conducirse del gobernador, entendemos que si alguno de
sus colaboradores le dice: “señor, tengo que ir a un compromiso de trabajo
contraído con un grupo de la comunidad”, el gobernador le agradecería mucho el
que cumpliera con su función.
Tienen pánico de
contradecir una indicación, y más, de decirle que tienen que cumplir un
compromiso oficial: cancelan lo que sea con tal de llegar con quien manda y
supeditarse a lo que se debe hacer.
Sin embargo,
sabemos que el gobernador de Tamaulipas ha enfatizado mucho que lo más
importante es la ciudadanía. Sería realmente interesante que sus colaboradores
entendieran la profundidad de estas palabras y se dieran a la tarea de cumplir.
Cierto, los
periodistas necesitamos de la información que emana de estos personajes, pero
no por eso se vale que nos quieran hacer perder más tiempo del debido. Exigen
respeto y no respetan nuestros tiempos ni nuestra profesión.
Algunos, torpes
en su forma de expresión verbal, se burlan de algunos comunicadores, sin
embargo, en tanto éstos no se quejen no se podrá hacer nada.
Es tiempo que los
servidores públicos realmente trabajen como tales, y que entiendan que son
parte de una estructura formada para servirnos a los ciudadanos.
Diego Navarro, ex
dirigente de la CTM y es diputado federal una vez dijo: “son los ciudadanos los
que nos pagan, somos sus empleados”, refiriéndose a la necesidad de atenderlos,
término que el secretario no entendió nunca, e insistió en dejar plantados a
los comunicadores y en pausa sus compromisos. ¿Y así es como suponemos que
promoverán la entidad? Difícil, sin duda alguna.
Comentarios: santamariaochoa@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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