El hecho de que se haya incrementado el precio de los medicamentos afecta a una gran parte de la población y propicia también, por parte de las autoridades federales, que se incremente la ilegalidad en cuanto a la forma en que se elabor
Por: Carlos Santamaría Ochoa12/05/2010 | Actualizada a las 16:59h
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El hecho de que se haya incrementado el precio de los
medicamentos afecta a una gran parte de la población y propicia también, por
parte de las autoridades federales, que se incremente la ilegalidad en cuanto a
la forma en que se elaboran, y también, cómo se distribuyen.
De todos es sabido que existen laboratorios denominados
por el pueblo como “piratas”.
Sucede lo que casi siempre: todos los conocemos, vemos sus marcas, pero
solamente una instancia no los ubica o capta: la autoridad. En este caso, la
Secretaría de Salud, regidora a nivel nacional de las formas en que debe
existir la medicina, no tiene una remota idea de cuáles son, aunque usted y yo
los podemos comprar prácticamente en cualquier farmacia.
El “presidente del empleo” ha asegurado que hay atención
médica para los más de 110 millones de mexicanos, pero no nos dijo qué tipo de
atención o no mencionó nunca la calidad que se exigiría a quienes se encargan
de llevarnos a casa una cajita de antibiótico que, aparte de que no cura igual
que las de patente, nos destroza el aparato digestivo, por la falta de sales
que protegen el organismo.
Hace años, un laboratorio cuya base se encuentra en el
estado de Jalisco tuvo medicinas de primera clase, que no es lo mismo que decir
de Primer Nivel, merced a que este concepto se lo ha apropiado un poderoso
funcionario federal para hacernos creer que nos están dando pastillas baratas.
Los laboratorios PiSA tenían mucho prestigio, y quienes
vivimos con diabetes conocíamos el tipo de insulina que comercializaban; de
hecho, la insulina existía a través de los laboratorios Lilly, de toda la vida,
y los laboratorios PiSA, cuya presentación inclusive era más agradable. Años
más tarde, la insulina de PiSA era distribuida por instituciones de bienestar
social federal, pero no hacían el mismo efecto.
Un prestigiado doctor victorense justificaba al Seguro
Social afirmando que seguramente la falta de resultado en la insulina “oficial”
era la mala forma en que se almacenaba, eximiendo a los laboratorios de toda
culpa.
Entre los antibióticos, la Cefalexina es muy popular por
su eficiencia. Se comercializa en medicamentos de patente bajo el nombre de
Keflex, y todos sabemos que es tan buena como cara. Mucho dinero por la salud.
Bien, los laboratorios PiSA han lanzado al mercado su Cefalexina, sin embargo,
hay un inconveniente: si usted comienza a tomarla, no tardará más de 48 horas
en entrar en crisis de gastroenterología, es decir, la gastritis no lo dejará
vivir tranquilo y tiene peligro de que se le desarrolle una úlcera.
No se vale, en otras palabras, que se autorice a los
laboratorios a que hagan medicinas sin la calidad necesaria. En España se
controlan de distintas maneras y todos los laboratorios tienen vía libre para
ser recetados por el Sector Salud de allá. No tienen problemas, y cualquier
persona tiene acceso a la mejor medicina, en aras de conservar la salud… y la
vida.
Hay cosas muy importantes para los pueblos, y la vida de
sus habitantes debiera ser primicia.
En este sentido, la Secretaría de Salud en el país ha
determinado qué laboratorios tienen prioridad y autorización para que se
compren sus medicinas, dejando la decisión únicamente a quienes desde el
Distrito Federal hacen oficios de ordenamiento sin siquiera saber qué tiene
cada caja de medicamentos.
El tema de las medicinas es muy cuidadoso, porque muchos
se sienten agredidos: hay farmacias genéricas que manejan los famosos “GI” que
no son más que una farsa para la salud, o los otros que se denominan
“Similares”, igual de malitos.
Por algo los medicamentos de patente se siguen ofertando
a esos precios.
En este sentido, debiera existir una ley que, por una
parte, obligue a los laboratorios serios a manejar precios competitivos para
todos, accesibles a la población, e instrumentar un programa en donde todos
participen por igual, sin ventajas para los típicos recomendados, y por otra
parte, obligar a penas corporales y económicas bastante elevadas, que pudieran
pasar de años en una cárcel, con multas de millones de pesos, a esos virtuales
asesinos en potencia que ofertan sales sin la calidad necesaria, ni el cuidado
adecuado, jugando con la salud de todos los mexicanos.
Quienes vivimos con diabetes somos víctimas de estos
vividores de las medicinas que, desgraciadamente, están arropados y solapados
por aquel hombre cuyo cargo reza: Secretario de Salud en el país. Grave, sin
duda alguna.
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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