Escuchar a gente como Marcelo Ebrard afirmar que están becando a cientos de miles de personas para estudiar nos hace reflexionar sobre los sistemas de educación...
Por: Carlos Santamaría Ochoa05/05/2010 | Actualizada a las 17:31h
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Escuchar
a gente como Marcelo Ebrard afirmar que están becando a cientos de miles de
personas para estudiar nos hace reflexionar sobre los sistemas de educación y
la forma en que las autoridades están haciendo su trabajo; en el caso de las
educativas, propiciando planes de estudio que se cumplan, que haya metas altas
y demás. En el caso de los gobiernos populistas, gritando a los cuatro vientos
que están becando prácticamente a toda la población.
Tenemos
que entender una cosa y no es un comentario que discrimine, sino es más
realista que demagogo: no todos nacimos para estudiar. En una nación se
requiere de médicos, investigadores, ingenieros, arquitectos, albañiles,
barrenderos, plomeros, mozos, secretarias, oficinistas y de todo, es decir,
¿qué haríamos si todos nuestros jóvenes son maestros o doctores? ¿Dónde les
ubicaríamos?.
Y
eso lo no entienden los políticos que pretenden ganar simpatías con un grito a
los jóvenes que inician en sus experiencias electorales, o sea, que votan por
primera vez, diciéndoles que les van a dar becas. ¿Sirven de algo estas becas?.
Cuando
hay merecimientos, son maravillosas, pero cuando se entregan a un grupo de
holgazanes o vividores, no sirven para nada.
Podemos
ver en muchas partes que hay “becarios” que no tienen un 8 siquiera por
equivocación, o que, de plano, no saben cómo se visualiza un 9 o 10 en la
boleta, porque nunca lo han obtenido.
Un
candidato en la entidad está prometiendo becas y dice que cuando fue regidor
dio becas a todo un CBTIS, y que cuando fue diputado también entregó cientos de
becas. Nosotros preguntaríamos: ¿Sirvió de algo?.
Hay
jóvenes que tienen la intención de estudiar y el trabajo u otra razón les
orilla y los hace dejar su plan inicial, para incorporarse al mercado laboral.
Inclusive, algunos de ellos se descubren como excelentes comerciantes y, lejos
de estudiar, se dedican a comerciar, haciendo capital que les permite vivir más
que cómodamente.
La
justificación de que el dinero no necesariamente está en la escuela, sino en la
forma en que lo busca y encuentra el que salió de la escuela, o el que de
plano, no fue a ella.
Existen
triunfadores en todas partes, todos ambientes, todos los niveles
socioculturales. No se necesita ser doctor para considerarse un triunfador. En
el periodismo hay muchos colegas que, en forma empírica han desarrollado esta
apasionada profesión durante décadas, con un gran éxito, y otros que han
estudiado y no logran consolidarse. Igualmente, tenemos grandes valores del
periodismo local egresados de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, que han
hecho una buena carrera, y seguramente serán excelentes comunicadores.
De
todo hay, como dice aquel refrán, en la Viña del Señor.
Las
becas se han convertido en algunas partes en botín de unos cuantos, que
reparten entre sus incondicionales. Ejemplos tenemos muchos, aunque
desgraciadamente no siempre se puede descubrir el velo porque vivimos en una
comunidad donde las represalias están a la orden del día, tanto hacia quien
denuncia como hacia su familia, y eso no es sano. Claro, alguien dirá: “para
qué te metes de periodista”. Tiene toda la razón.
Pero
de que hay trafiques, los hay, y hoy algunos candidatos ofrecen la beca como un
anticipo de la compra del voto.
Seguramente
con una beca vamos a mejorar en todo. Hay cosas muy importantes que han dejado
a un lado, y se refieren a vivir bien, vivir con salud y teniendo acceso a la
educación pero desde jóvenes.
Porque
luego resulta, y lo hemos comentado muchas veces, que llegan a las
universidades sin haber desarrollado la capacidad de hacer una síntesis o un
resumen, una investigación o simplemente una lectura, y piensan que la
ortografía es cosa del pasado.
La
responsabilidad y valores que nos enseñaban en la primaria y jardín de niños
eran básicos para llegar a la secundaria con nuevos impulsos, y con
responsabilidad, jugárnosla para sacar buenas calificaciones que se
consolidaban en la preparatoria.
Huelga
decir cómo llegábamos a la universidad: con disciplina para el estudio y las
tareas, sin buscar tantos pretextos por no hacer la tarea, sin tener que
matarnos una noche antes en aras de sacar “siquiera” un seis, como algunos lo
suplican al maestro, con tal de que no los repruebe.
Los
candidatos deben olvidar, de momento, prometer becas.
Lo
que deben prometer es meter mano en el sistema educativo y lograr que cada
estado maneje sus políticas correspondientes, porque desde el D.F., en un sucio
y viejo escritorio, está bien difícil determinar qué le hace falta a los
jóvenes tamaulipecos para ser aún más brillantes de lo que son.
No
se necesita prometer una beca, se necesita hacer las cosas, como dijo aquel
amigo: bien, y a la primera.
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entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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