Ahí sentando en un sillón, frente a un escritorio, con expedientes penales, aconseja a aquellas personas...
Por: Alejandro Paz/Ciudad Victoria05/05/2010 | Actualizada a las 09:30h
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Sólo uno de los
municipios de la zona fronteriza de Tamaulipas registra una deportación anual
de 700 mil personas.
En promedio se genera un gasto de más de 15 millones de pesos de los
presupuestos municipales.
Según la Secretaría de Desarrollo Social, en la Entidad el asentamiento de migrantes
se convierte en una problemática adicional a las que existen, porque del
total de personas que llegan de otras entidades, cerca del 60 por ciento se
queda.
Juan Antonio Sosa Sanabria, es el último de seis hijos. Nació en 1977 y es
extranjero, que vive en Ciudad Victoria. Hoy tras las rejas, cuenta su
historia.
A los tres años y medio de edad su padre decidió emigrar.
El motivo fue la presencia de la guerra hoy denominada “Guerra de Baja
Intensidad”, o “Guerra Popular Prolongada”.
Ese suceso lo marcó toda su vida, ya que en los enfrentamientos uno de sus
hermanos murió.
Él mismo cuenta que su padre logró llevarlo a los Estados Unidos, siendo aún
un niño.
Sin embargo, un día lluvioso, cuando él tenía 21 años de edad un accidente
automovilístico lo hizo volver a la tierra que lo vio nacer, de donde salió
siendo un infante.
“Yo soy extranjero, soy salvadoreño”, afirma Juan Antonio Sosa Sanabria, y lo
dice con orgullo y con la frente en alto.
El hombre de 33 años de edad da paso a una entrevista, y comenta que aunque
duró muchos años en Estados Unidos sólo sabe lo “básico” del inglés.
Recuerda que dos años después, junto a su padre lo deportaron de Estados
Unidos hacia su patria, decidió salir nuevamente de su casa, pero ahora él
sólo: Su motivo fue la pobreza de su país, la falta de trabajo, y su familia.
Dice que nunca pensó llegar a Estados Unidos, pero si ponerse a trabajar, por
ello viajó en tren, llegó a Orizaba, tomó un autobús hacia la Central
Camionera del Distrito Federal, después llegó a Querétaro, San Luis Potosí y
finalmente a Victoria, en donde conoció a una mujer, que hoy es su esposa.
Explica que cuando llegó a esta Ciudad le fue difícil adaptarse a las
comidas, la forma de hablar, “para nosotros el refresco es gaseosa, las
gorditas son popusas, el bolillo es pan francés, pero lo que me costó más
trabajo es adaptarme a el calor”.
Hoy tiene 14 años en México, además tiene una familia, un taller para
trabajar en lo que sabe hacer, aún cuando al llegar traía las manos vacías.
“Yo siempre he dicho que el que es perico donde quiera es verde, porque si mi
país me hubiera dado trabajo por el conocimiento que tengo, allá estuviera,
pero no lo hay, lo que existe es una pobreza, que existe tanto en Salvador,
Honduras y Guatemala”.
Asegura que si le toca regresar a su país lo hará, pero considera que el daño
se lo harán a sus hijos, ya que él está sirviendo a México para poder estar
cerca de su familia.
Y un poco nostálgico afirma que fue una tamaulipeca la que se quedó con más
que toda su juventud, “no me duele porque cuando yo llegue aquí ella estaba
sola, y entre los dos nos dimos apoyo”.
Sosa Sanabria, vive en la colonia Mainero, ha sido acusado en tres ocasiones,
y al momento de la entrevista se encontraba encarcelado.
“Nunca me he visto en la necesidad de cometer delitos, llevo 20 días aquí
pero aun estoy en espera de que me perdone mi esposa”.
Ahí sentando en un sillón, frente a un escritorio, con expedientes penales,
aconseja a aquellas personas que son deportadas de los Estados Unidos se
porten bien, y no anden cometiendo delitos.
“El andar de delincuente es una situación que perjudica a todos nosotros, ya
sea de El Salvador, Honduras, Guatemala del país que sean, porque aunque uno
no comete delito, lo señalan”.
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Juan Antonio Sosa Sanabria, es el último de seis hijos. Nació en 1977 y es extranjero, que vive en Ciudad Victoria. Hoy tras las rejas, cuenta su historia. Fotografía Alejandro Paz