Claro que recordamos aquella gesta histórica que se llevó a cabo en Puebla, cuando el general Ignacio Zaragoza encabezó a aquel Ejército que derrotó...
Por: Carlos Santamaría Ochoa04/05/2010 | Actualizada a las 14:28h
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Claro que recordamos aquella gesta histórica que se llevó
a cabo en Puebla, cuando el general Ignacio Zaragoza encabezó a aquel Ejército
que derrotó a los invasores franceses. No es la única batalla que recordamos hoy.
Históricamente, muchas cosas se han dicho acerca de este
acontecimiento y los historiadores manejan distintas teorías al respecto, como
suele suceder con quienes se dedican a la recopilación de datos y luego al
análisis correspondiente.
Las batallas que han seguido a la de Puebla, son las que
nos preocupan: las que el pueblo mexicano sostiene día a día con los salarios y
los precios, con la seguridad y la salud, con la educación y la dotación de servicios.
Esas son las batallas en las que debemos salir victoriosos.
Recordamos aquellos tiempos en que hubo necesidad de
quitar tres ceros al peso para ajustar un poco el nivel económico de la nación,
cuando una camisa costaba varios miles de pesos y, no se diga, un automóvil,
tasado entonces en millones.
Era común ganar 3 o 5 millones mensuales, y entonces,
todos presumíamos de ser millonarios, aunque una clase de millonarios pobres.
Luego vinieron ajustas que se han desarrollado a lo largo
de varias décadas, en los que la inflación sube determinados puntos y afecta en
mayor o menor escala la economía nacional, sin embargo, la familiar, la
economía de todos los días, de los pagos puntuales de tarjetas de crédito y
servicios como luz, agua, teléfono, celulares, cable e internet, entre muchos
otros, tienen que hacerse en tiempo y forma, so pena de ser cortados,
cancelados o suspendidos, que para el caso, es lo mismo.
Llama la atención, por ejemplo, que en pleno mes de abril
tengamos una inflación en precios -real- de más del 20 por ciento,
y si no nos cree, cheque usted los precios de artículos básicos y no
básicos, y se dará cuenta de la manera en que nos han incrementado el gasto en
las tiendas de autoservicio y el mercado, por mencionar solo dos cosas.
El salario, por su parte, en la eterna “batalla” de
líderes obreros y sindicales, subió menos del 2 por ciento, lo que ya refleja
un desequilibrio enorme, porque cuando ganamos 2 pesos más por cada cien,
gastamos 20 o 30 más que el año pasado, y cada ciclo sucede lo mismo, es decir:
ganamos un poco más y somos más pobres.
Este tipo de batallas son las que se llevan a cabo a
diario en las calles de nuestro México querido, donde algunos salen a vender
ilusiones y chacharitas, llaveros, frutas y jugos en cualquier crucero con tal
de llevar algo a casa.
La situación económica no es fácil, y cuando tenemos
problemas de seguridad que han hecho que le productividad caiga, es todavía más
difícil. Sin embargo, tenemos mucha confianza en que saldremos avante, porque
México es una nación “sui géneris”, que siempre ha tenido una forma de salir un
paso hacia adelante de cualquier adversidad.
Cierto es que no nos gusta lo que estamos viviendo, que
vemos muchas cosas que deben cambiarse cuanto antes, pero no podemos pensar que
las autoridades son las culpables, o que tal o cual gobernante es el causante
de todo el problema: los conflictos que vivimos en todos los ámbitos han sido
culpa de cada uno de esos “soldados” que tiene México en sus calles y
territorios. Somos todos los que hemos propiciado que estemos como estamos.
Pero algún día tenemos que entender qué es lo que debemos
hacer, y entonces, vamos a librar la mejor de las batallas (la madre de las
batallas, como dijeran en su tiempo los americanos) y seguramente, saldremos
victoriosos.
Y será cuando podamos ver a México en otro objetivo, con
una perspectiva mejor y los que conformamos esta nación sabremos que es la
oportunidad de nuestra vida para sacar el ingenio e inteligencia a favor de
nosotros mismos, porque al hacerlo, lo haremos a favor de un país que está
urgido de un cambio radical, real, no populista, sino congruente con las
necesidades de cada uno de nosotros.
Nos hablan de programas para paliar la pobreza, pero
nadie se atreve a establecer programas que hagan que esos beneficiarios no
reciban las limosnas oficiales, sino que salgan realmente de pobres, que tengan
forma de mejorar su calidad de vida.
Nos hablan de que se tiene que hacer tal o cual cosa a
favor de la salud, la educación o la seguridad, pero nadie queremos hacer más
q1ue culpar a las autoridades porque estamos gordos, porque no aprendemos o
porque tenemos miedo.
Todos en este contexto tenemos una tarea específica y es
bien sencillo: hay que hacerla, así de claro.
En tanto, recordando a don Ignacio Zaragoza y los héroes
que nos permitieron seguir siendo una nación libre, no olvidemos que es una
batalla constante la que tenemos que librar para que México mejore.
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entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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