No cabe duda que una de las “armas” predilectas de los políticos y politólogos sigue siendo el rumor: se dice que...
Por: Carlos Santamaría Ochoa12/01/2010 | Actualizada a las 16:07h
La Nota se ha leído 1904 Veces
No cabe duda que una de las “armas” predilectas de los
políticos y politólogos sigue siendo el rumor: se dice que “cuando el río suena
es que agua lleva”, sin embargo, hay muchas cosas que salen a la luz pública
sin ser precisamente verídicas.
En el mundillo del espectáculo es común ver este tipo de
comentarios que lastiman, lesionan y hieren a la gente propiciando en ocasiones
heridas incurables, o cicatrices que dolerán toda la vida. En la política, como en la farándula, muchos gustan de
hacer este tipo de comentarios sin la más remota idea de los alcances que puede
tener. El rumor es una estrategia de comunicación que se emplea
para muchos objetivos, siendo uno de ellos el provocar que la gente hable –bien
o mal- de un tema en específico. Expertos en comunicación han realizado estudios para
validar su penetración en la opinión pública, y eso lo sabemos todos: un rumor
puede convertirse en una “verdad” de tanto repetirse, o al menos eso se dice, y
la verdad, cuando se ufana la gente de un comentario de esa naturaleza, puede
ser motivo de decisión en algunas cosas, aunque en otras, perjudica en forma
irremediable a alguna persona o institución, provocando, como dijimos antes,
daños irreparables e irreversibles en muchas ocasiones. De tal forma que, en cualquier ambiente donde el ser
humano interviene, el rumor se convierte en una filosa arma para defender o
destruir. En el mundo donde se desenvuelven los políticos –que no
es el mismo de la sociedad- hay mucho de lo anterior, ya que algunas personas
buscan notoriedad haciendo llegar comentarios inexactos, o algunos se atreven a
darles forma de información real y verídica, cuando no se trata más que de una
historia armada para un fin específico. Y lo cierto es que el daño es tremendo, y lo vemos a
diario en medios de comunicación y mesas de café sobre la reputación de los
políticos, candidatos, aspirantes y demás, sitios en los que se juega con el prestigio
o se busca tener más presencia mediática. Ya se dice que tal o cual persona se ha dedicado a una
actividad determinada, o que dijo y tornó, que hizo o viajó, y eso se emplea
para descalificar a muchos, aunque otros, personajes sin escrúpulos, dedican
sus ácidos comentarios a fomentar la destrucción del prójimo, en actitudes poco
éticas y poco humanas. En estos tiempos en los que se espera que los partidos
políticos tengan listas sus asignaciones para los candidatos de elección
popular que juegan en este año, y que corresponde a diputados, alcaldes y
gobernador, hay un sinnúmero de comentarios sobre la virtual renuncia de uno u
otro servidor público, cuando la verdad, la gente no tiene a veces la más
remota idea de lo que habla. Recordemos que el plazo para que renuncien vence en marzo
próximo, y es una falta de sentido común el hecho de pensar que alguno de los
secretarios del gobierno estatal renunciará esta semana para preparar su
campaña correspondiente. Muchos son los que quieren, eso lo sabemos, pero de ahí a
que se estén dando las cosas, dista mucho de la realidad. Si fuéramos un poco más conscientes para emitir
comentarios no haríamos tanto daño a las personas. En instituciones y dependencias se juega con la
reputación de todos: ya se comenta que ella es de una honorabilidad determinada
o que el que llega al cargo es un “consumado ladrón”, bajo la premisa de que
todo servidor es un pillo. No son en su totalidad honestos, pero tampoco
sinvergüenzas: hay de todo y no se vale emitir comentarios dañinos. Ahora se preparan muchos para jugar los cargos, y otros,
simplemente, para llegar por la cómoda vía plurinominal, como suele suceder,
pero para que lo anterior se haga realidad hay que sortear innumerables
escollos, tales como el chisme cotidiano, el de café, el de banqueta, que no
deja de ser un desdichado rumor dañino y perjudicial. ¿Qué hacer en estos casos? Por una parte, saludable sería el hecho de pensar
constructivamente y de forma madura acerca de lo que compete a los demás, y
hacernos el propósito de no hablar de los demás sin pruebas previas. Cierto es también que en los cafés y oficinas deambulan
un grupo de holgazanes sin oficio ni beneficio –no todos, porque hay gente
valiosa y trabajadora- que no tienen otra cosa qué hacer que inventar. De esa forma, mandamos de viaje al funcionario, de
vacaciones al extranjero o le inventamos los castillos que posee en el
extranjero. Igual, al que puede ser candidato –y rival nuestro- le
podemos inventar algo sobre sus actividades profesionales o reputación, y de
esa manera cumplimos con la tarea de allanar el camino propio o del amigo. Sería saludable, sinceramente, que nos dedicáramos a
trabajar, a hacer lo nuestro, y proponernos en serio dejar en paz la vida de
los demás, en tanto no nos afecte. Comentarios: santamariaochoa@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
Síguenos y entérate de lo que ocurre en #Tamaulipas