Oscar Luebbert, el rebelde; y los enemigos de Torre Cantú
Oscar Luebbert fue quizá quien menos ganas tenía de ir a la fiesta de RODOLFO TORRE CANTÚ...
Por: Marco Antonio Torres de León03/05/2010 | Actualizada a las 08:42h
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Oscar
Luebbert fue quizá quien menos ganas tenía de ir a la fiesta de RODOLFO TORRE
CANTÚ. Pero fue, porque así lo exigían los cánones y porque tampoco había
motivos para crear falsas señales.
Luebbert
generalmente siempre luce pulcro, impecable para vestir.
Pero
ayer tuvo ganas de ir chengo al evento, sucio; aparentemente lo hizo con toda
intención de llamar la atención, de dejar asentada una señal.
Tal
vez fue su forma de manifestar disgusto, cierto enojo. Los motivos ya se saben,
para qué reabrir heridas ¿Para qué detallar?.
Fue
el primero en subir al templete, en un santiamén ya estaba arriba, enfundado en
camisa blanca sin fajar, sin planchar y también sin mangas.
Además
tenía otro distintivo en su vestimenta, no hizo lo que casi todos los
candidatos, vestir combinación blanco con caqui, el color predilecto del
candidato a gobernador RODOLFO TORRE CANTÚ.
Casi
todos los demás personajes del PRI arriba del templete lucían relucientes, con
camisa blanca manga larga y en general, combinados en pantalón caqui.
Exceptuado
algunos como el diputado federal Francisco Rábago Castillo, Ricardo Gamundi
Rosas y Everardo Villarreal, enfundados en mezclilla azul.
El
presunto acto de rebeldía de Luebbert por supuesto fue sutil.
Pero
por supuesto que fue notado por miles de asistentes, pues permaneció callado
durante los 25 o 30 minutos que se les concedió estar arriba del escenario. No
concedió ningún diálogo a nadie, salvo el abrazo y el saludo. A lo mucho se
puso a platicar menos de un minuto con Everardo Villarreal, candidato a alcalde
por Reynosa, su soldadito, su delfín.
Oscar
pareció no tenía motivos para festejar.
Las
mujeres candidatas también se metieron a la onda masculina de vestir pantalón
entallado al cuerpo y la consabida mezcla de colores.
Por
ejemplo GRISELDA CARRILLO, candidata a diputada local Altamira, como
siempre llegó enfundada en su combinación de siempre, blusa blanca y caqui.
Alejandro
Guevara Cobos fue otro que se mimetizó con la combinación en boga.
Fueron
varios detalles los que agriaron la fiesta, no precisamente la rudeza de cara
de Oscar Luebbert.
Uno
tuvo qué ver con falta de sensibilidad de gente a las órdenes de MANUEL MUÑOZ
CANO, quien como coordinador de la campaña del candidato a gobernador, no
ordenó a tiempo respeto para la militancia del PRI, contra quien se arremetió
en momentos álgidos.
Tras
el arribo de RODOLFO TORRE CANTÚ al quicio de la puerta del IEETAM comenzó el
empuje y la arremetida contra la muchedumbre.
La
llevaron hasta algunos candidatos a alcaldías y a diputaciones, quienes vieron
estupefactos lo ocurrido. Había rudeza, actitud grotesca.
Una
especie de porrismo, quien sabe para qué fregados, pero porrismo al fin.
Tal
parecía que a la vista de HUGO VALLE, coordinador de los mandarriazos y empujones
–inclusive ordenados contra varios candidatos a alcaldías- la militancia
que rodeaba al candidato RODOLFO TORRE CANTÚ no pertenecía al PRI sino al PAN.
Y
es que nunca se había visto tal acoso a la prensa.
El
diputado federal EDGAR MELHEM por su parte, decidió de plano quedarse abajo del
templete viendo todo. Ya no quiso moverse, pues temía ser agraviado por la
clase porril del área de protección a la imagen del candidato.
Fueron
más de 5 mil almas las que se dieron cita atendiendo la cortesía de la
invitación.
Vinieron
desde muy lejos, la mayoría con gastos pagados por ellos mismos.
Así
que nunca se logró entender la actitud ofensiva del equipo organizador.
Un
guardia personal del candidato del PRI, asimismo, merece señalamiento especial.
Hombre
nervioso como caballo corriente, tez morena, camisa siempre blanca, suele
gritar a reporteros casi ordenándoles.
¿Su
nombre? ¿Para qué decirlo? Ya todo mundo debe saber quién es.
Quizá
necesita un tranquilizante, como el que le dan a los burros rejegos.
Y
es que son reiterados sus desencuentros con prensa.
Ayer
volvió a hacer lo mismo.
Y
es que es extraño su proceder, él mismo ordena, nadie le contesta, él mismo se
responde.
“¿Te
bajas por favor?”- pregunta, pero no transcurren ni 3 segundos cuando él mismo
responde en voz alta: “Sí, está bien, gracias, gracias”. Es cuando comienzan
los empellones, los jaloneos de camisa.
La
suya es una extraña forma de inducir respuestas del periodista. Aunque el
periodista esté dedicado a cumplir su trabajo, tomar datos, imágenes, ver
detalles.
Y
es que este guardia ignora que algunos “fotógrafos” que en su propia visión
considera humildes por cargar cámara fotográfica, son en realidad peligrosos en
potencia con la pluma.
Son
verdaderos estrategas de las letras, a quienes él se echa de enemigo.
Ahí
su error.
El
registro del candidato se celebró sin más novedades que las ya mencionadas.
Por
allá en ambas orillas del escenario vimos a dos candidatos de dos municipios
aledaños al Mante, el de Nuevo Morelos y el de Xicoténcatl.
Se
trató de don ATANASIO SÁNCHEZ VÁZQUEZ con su cinturón pitiado, botas vaqueras y
su cuaco retinto amarrado en las cercanías del lugar; hombre ya entrado al
crepúsculo del día, con 60 y tantos de edad, aspira a ganarle a CÉSAR
VERÁSTEGUI OSTOS, panista.
Algunos
comparan el caso con el cuento de la hormiguita y el elefante, donde sus
hermanas hormiguitas le dicen: “ahórcalo hormiguita, ahórcalo”.
Es
un caso de risa, pero no tanto.
El
otro candidato del PRI que vimos fue al de Nuevo Morelos, don RENATO NÁJERA,
que no por haber perdido la pasada elección municipal dejará su terquedad a un
lado. Va por más.
Renato
Nájera sucumbió hace 3 años ante el PAN razón por lo cual Nuevo Morelos lo
gobierna PEPE MENDOZA MANDUJANO.
Ambos
aspirantes a alcaldes representaron, junto con FRANCISCO RÁBAGO CASTILLO,
diputado federal por Tampico, la románticamente llamada “experiencia
acumulada”.
Otros
la nombran “edad acumulada”.
Lo
cierto es que Renato y Atanasio simbolizan la sabiduría, aunque no
necesariamente la fuerza.
Tras
el discurso del candidato a gobernador RODOLFO TORRE CANTÚ la militancia no
cesó de gritar vivas, porras y para bienes.
Al
fin había llegado el día esperado, su registro a la candidatura a gobernador.
Rodolfo
Torre se fue contento, lo esperaba a él y a su familia la camioneta oficial de
los 3 colores.
Mientras
que los más de 5 mil testigos comenzaban a marcharse del lugar.
Bien, es todo, hasta mañana.
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