Por: Rosa Elena González19/06/2013 | Actualizada a las 08:43h
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Es
verdad que en un tiempo desesperadamente ansiaba tu llegada, deseaba verte
aparecer con tu gallardía, que entraras a mi recamara y sutilmente calentaras
mi lecho, pero todo en exceso termina por fastidiar y hoy quisiera no sentirte
nunca más.
Bueno, a menos hasta que nuevamente tenga necesidad de sentirme en tu regazo,
como diría el Buky, cuando el frio de mi cuerpo pregunte por ti, ahí, cuando
tenga deseos de sentir tu calor, tu caricia, tu abrazo ardiente.
Hoy el hostigamiento es demasiado, tanto, que para no despertar contigo procuro
por las noches cerrar puertas y ventanas para que no puedas entrar, por el día,
apenas llego a casa, corro a refugiarme en la misma recamara en la que tanto
deseaba tu presencia pero hoy es para esconderme de ti.
No cabe duda, eres ardiente, día a día siento tu beso en mi pelo y bajar por mi
cuello, mis manos se estremecen al sentirte cerca, apenas te aproximas y
comienzo a sudar, me robas el aliento hasta que se me dificulta respirar.
Tu calor me enloquece y sé que caro pagare tu presencia, te has convertido en
mi tormento, aunque lo intento no puedo escapar de ti, en todas partes te
encuentro, lamento decirte que ya no soporto tenerte sobre mi porque tu abrazo
me asfixia.
Ya no quiero sentir tu caricia en mi rostro ni tu beso en mi cuello, siento que
recorres y castigas mi cuerpo convirtiéndote en un martirio.
Contigo no hay dolor de cabeza que valga, incluso tu los provocas pero poco te
importa, hay días en los que ya no te aguanto más, entrecierro mis ojos para no
verte porque lastimas, enloqueces, castigas, aunque no dejo de reconocer que
también hay días que te necesito, que te deseo, que espero con ansia tu
llegada, sentir tu calor, que me llenes de ti, de tu energía, pero con medida
porque todo en exceso hace daño.
El costo de estar lejos de tu alcance resulta caro, es un dolor de cabeza pagar
los recibos de energía eléctrica para que las secuelas de tu presencia no me
quiten el sueño ni interrumpan mis tardes de tranquilidad.
Mi consuelo es que no soy la única que sufre contigo, no soy la única que en
estos tiempos te maldigo porque llegas más temprano y de vas más tarde y no me
dejas salir a la calle.
Eres famoso, tanto que hasta los noticieros hablan de ti, dicen que eres malo,
recomiendan usar protección contigo, porque puedes causar enfermedades, y
hasta ocasionar la muerte.
Esa es la razón por la que una debe protegerse de los ardientes rayos del sol
que provocan temperaturas de más de 40 grados en la capital tamaulipeca,
temperaturas capaces de volver loca a cualquier, y el riesgo es que los golpes
de calor pueden resultar peligrosos, además, el alza en los termómetros
provocan la descomposición de alimentos que pueden llevarnos hasta la muerte.
La exposición extrema a los rayos del sol es dañina, puede causar cáncer en la
piel si no se usa protector solar, amén de que en muchos hogares tendrán que
dejar de comer tres veces al día para pagar los recibos de energía eléctrica
para mitigar un poco el calor extremo que se registra en los últimos días en
Ciudad Victoria y sus alrededores, el sol es tan caliente que casi derrite a la
gente.
La naturaleza es caprichosa y el ser humano igual, en invierno deseamos
desesperadamente que los rayos del sol se asomen por la ventana y en
estos tiempos hasta lo maldecimos porque es tanto que ya no se soportan.
Es Licenciada en Relaciones Públicas. Ha colaborado con editoriales en El Mercurio. Fue jefa de Prensa en Ciudad Victoria y ocupó la jefatura del Departamento de Difusión y Comunicación Social de la Comapa.
Además ha colaborado en distintas campañas políticas.
Actualmente su columna Vida Diaria se publica en el Portal HOYTamaulipas y los periódicos La Verdad de Tamaulipas, Expreso, La Extra, La Voz de Tula, El Tiempo de Mante y Astronoticias
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