Por: Juan Sánchez-Mendoza17/06/2013 | Actualizada a las 09:10h
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Un comentario harto socorrido en las contiendas
políticas más recientes, subraya la existencia de una elección de Estado.
Pero más que eso, lo que realmente se pretende denunciar, es una serie de
problemas que impiden a las instituciones electorales cumplir a cabalidad su
encomienda. O bien desacreditar su participación en las justas por el
costumbrismo de pescar a río revuelto.
Leamos algunos motivos que alientan la hipótesis:
1) Existe la presunción de que los organismos electorales no actúan de manera
imparcial y que inclinan su preferencia hacia un segmento de los contendientes,
generalmente hacia el membrete del partido instalado en el poder;
2) Subyace la idea de que los órganos electorales que se dicen imparciales son
una prolongación del gobierno, y que por lo tanto defienden a ultranza los
intereses que representan; y
3) Se presume que la ley y las modificaciones que se llevan a cabo en materia
electoral, tienen por finalidad mejorar y transparentar los procesos
electorales, pero los opositores al régimen cuestionan en forma permanente esta
circunstancia, ya que afirman que ello se realiza en aras de favorecer al
partido que detenta el control institucional.
Lo señalado, repito, es parte de los que algunos políticos manejan como una
elección de Estado, misma que aparte de lo anterior consiste en utilizar la
fuerza del Gobierno Federal y sus recursos a favor de un membrete determinado.
Buscando imparcialidad
Con respecto al proceso electoral actual, todas las corrientes elevan su voz
con el propósito de ser escuchadas en sus demandas de imparcialidad.
Piden que el Gobierno Federal no incida en la contienda que se hoy vive a
través de sus delegados; y que las visitas que los colaboradores del señor de
Los Pinos hagan a las entidades federativas no estén orientadas a la manipulación
ciudadana.
Esto lo han denunciado hasta distinguidos militantes priistas, quienes
sostienen que en la provincia mexicana ya no es posible operar una elección de
Estado, como ocurrió hasta el 2012.
Al margen de la ley
Aun cuando en México existe una amplia y sólida estructura jurídica que norma
la conducta entre los individuos a través de instituciones diversas, se adolece
de cultura para acatar y respetar las leyes.
Tan pronto entra en vigor un nuevo ordenamiento, inmediatamente se incumple
pese a tener conciencia de estar actuando al margen de la ley; y que en razón
de ello podría venir una sanción.
Reza un principio jurídico que la ignorancia del precepto no exime de la culpa
al infractor, por lo que nadie se salva de verse inmerso en problemas legales,
en un momento dado, si como frecuentemente ocurre soslayamos nuestras
obligaciones como personas y ciudadanos., sea durante los procesos electorales
o fuera de éstos.
Lo peor del caso es que como “buenos mexicanos” tenemos especialización en
retorcer leyes y reglamentos, o en encontrarles las interpretaciones que más
nos favorezcan.
Otra salida es recurrir al “influyentismo” o de plano al cohecho, a fin de no
ser alcanzados por el brazo de la justicia ante un ilícito cometido.
En el colmo del cinismo, hemos oído hasta la saciedad la ordinaria frase que se
sostiene que las leyes se hicieron para violarlas; y a fuerza de tanto escuchar
el absurdo algo se queda en el colectivo social, como si fuera motivo de
orgullo.
De ahí que las autoridades todas, hoy quieran inculcar de manera sistemática
valores cívicos a los niños, adolescentes y adultos, porque tarde se han dado
cuenta de que la problemática corroe el tejido social y no encuentran la forma
de que la ley se respete.
La descomposición
En honor a la verdad, lejos estamos de alcanzar el ideal propuesto por los tres
niveles de gobierno –federal, estatal y municipal--, toda vez que el mal es
profundo.
Contribuyen a la descomposición las marcadas diferencias de clase, injusticias
y falta de oportunidades para importantes segmentos sociales que, en
definitiva, no ven por ninguna parte la famosa y pregonada equidad; menos el
respeto a sus elementales derechos.
Digamos a la salud, el trabajo y la educación.
Claro que el camino para el respeto a la legalidad no es la revuelta o la
desobediencia pública ante tanta marginación y desigualdad, pero sí la
exigencia de que la autoridad cumpla lo establecido en la ley y predique con el
ejemplo.
Ocurre que en reiteradas ocasiones los encargados de aplicar la ley ignoran
éstas, tanto o más que las organizaciones civiles y los partidos políticos.
Es aquí, entonces, cuando surge la necesidad de recomendarle a las autoridades
que abreven en la sentencia de que el juez, por su casa empieza.
Ya ve Usted que hay cuñados y hermanos, compadres, socios y hasta asesores que
cotidianamente quebrantan el marco legal y nadie dice ni hace nada pa’ meterlos
en cintura.
Promoción del voto
Los partidos políticos de oposición no prenden ni sus faroleros candidatos
aprenden a hacer proselitismo electoral.
Comento esto porque sé que los comités municipales no se mueven sin la línea
del centro del estado (y éstos de los nacionales), mientras que sus múltiples
abanderados ignoran qué hacer y dónde llevar a cabo su promoción del voto.
Tan es así que no es difícil observar a cuadrillas de jóvenes, a los dirigentes
partidistas y a los candidatos mismos en las avenidas y en las calles pegando
calcomanías a cuanto automóvil cruza frente a ellos, pese a muchas veces no
cuentan con el permiso del conductor.
Pero a ellos les vale, y ante la estructura de sus organizaciones quieren
justificarse aduciendo que si los automotores lucen pegotes alusivos a sus
candidatos es porque están convencidos de votar por ellos.
¡Pamplinas! El hecho de que un vehículo porte calcomanías de tal o cual partido
político no es garantía de nada; y mucho menos garantiza que el conductor de
éste simpatice con tal o cual candidato, pues por lo regular apenas si los ha
oído mentar y en su mayoría ni los conoce.
De cualquier forma no deja de ser divertido el juego.
Hartazgo beneficia al PRI
Tomando en cuenta que el Partido Acción Nacional (PAN) no puede o no sabe cómo
solucionar sus múltiples conflictos internos --por la añeja costumbre de al
mismo tiempo mamar y dar de topes--; que el Partido de la Revolución
Democrática (PRD) suele acercársele únicamente al electorado de las
municipalidades que le interesa gobernar; y que la “chiquillada” –como se le
llama peyorativamente al Movimiento Ciudadano y los partidos del Trabajo (PT),
Verde Ecologista de México (PVEM) y Nueva Alianza (Panal)--, pesca a río
revuelto, las expectativas de triunfo se allanan para el Revolucionario
Institucional (PRI).
No sólo por el trabajo del Comité Directivo Estatal (CDE) que preside Ramiro
ramos Salinas, aclaro, ni por las campañas de todos sus candidatos a cargos de
representación popular o por los miles de promotores del voto a favor del
tricolor, sino por el hartazgo del electorado que ya no cree en los partidos
opositores ni en la permanente campaña de los rebaños de Felipe Calderón
Hinojosa y Andrés Manuel López Obrador en contra del señor de Los Pinos.
A ello obedece la apatía electoral mostrada hasta el momento, y en eso,
también, se fundamenta la hipótesis de que los pocos votos que se registren el
próximo siete de julio surgirán en el campo y a través del corporativismo
político-partidista, dado que el sufragio duro, el que se da en la urbe, desde
hoy está negado para los membretes y muchos de sus orondos aspirantes a los
ayuntamientos y a Congreso local.
E-m@il:
jusam_gg@hotmail.com
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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