Por: Alejandro de Anda13/06/2013 | Actualizada a las 09:13h
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El México del siglo XIX y mitad del XX, cifraba su
economía en la astucia del gobernante que marcó la pauta para tal crecimiento.
Porfirio Díaz habría importado las tendencias económicas y los nombres de los
poderosos empleadores. De ahí, surgió el nombre del empréstito que reciben los
trabajadores a cambio de su jornada de trabajo.
La raya.
Su nombre, que aún se encuentra en uso, es derivado de que la gran mayoría de
la población laboral, se encontraba en condición de ‘analfabeta’. Y tras la
semana de arduo trabajo, llegaba la consabida nómina.
Ante la ausencia evidente de una firma, los trabajadores signaban la hoja donde
recibían su pago de emolumentos… con una raya.
Hoy conservamos el título y la denominación de día de paga, como ‘rayar’;
aunque el analfabetismo y la signatura de la hoja de nomina, no van ya más con
el nombre.
Hubo muchas derivaciones de tal especie; como las llamadas tiendas de raya, de
las cuales en muchos de los casos los mismos patrones canjeaban parte del
sueldo por comestibles o artículos perecederos.
En la actualidad, para eso y más… existe FONACOT (obligatorio, por ley).
Pero tampoco es el tema de hoy.
Hablamos de la percepción económica que reciben los trabajadores y que
significa también, el gasto y dinamismo económico de las regiones; de los
pueblos, de los estados y por ende, de la economía recaudatoria y de desarrollo
del país.
Llevamos a cuestas una pesada condena por falta de crecimiento económico. Quizá
nos quedamos en el porfiriato. México no crece, desde hace 30 años. Exactamente
desde 1983.
2.4% de incremento de la economía anualizada es el que registra en esta primera
mitad de año. En la riqueza individual de cada uno de los más de 110 millones
de mexicanos, esto significa menos del 1 por ciento en términos reales.
Un desempeño demasiado pobre para las empresas y por supuesto, para el salario
de los millones de mexicanos.
La recaudación por concepto de IVA, cayó en el presente año en más de un 7 por
ciento.
El IVA representa más del 20 por ciento de los ingresos con los que cuenta el
gobierno para ejercer el gasto público. En la misma proporción, disminuirá el
apoyo a los estados. Ni duda.
Por tales contracciones monetarias, el gobierno ha debido desestimar los
números muy negros y muy positivos que se preveían como crecimiento anual. No
habrá promoción a la inversión física pública.
De tal forma, los desarrolladores de negocios y creadores de empleo (PyMES)
deberán tomar labatuta con el obligado
respaldo gubernamental para garantizar el sano crecimiento, mediante la
creación de las condiciones necesarias para que la inversión privada, apueste a
que se desarrolle el país.
La propuesta de una de las cámaras empresariales COPARMEX, a través de su
presidente Juan Pablo Castañón, ha declarado en voz alta, que debieran
contemplar como medida urgente “el desestimar los pagos provisionales que
exigen hoy, en forma de IETU. Lo que garantizaría una mayor liquidez a los
PyMES; que urgen de igual manera, tengan la solidez para que mantengan la
planta productiva del país”. Y tomando tal medida, no afectan las finanzas
públicas, pues no se acuden a fondos públicos para solicitar rescate –como lo
hacen los municipios quebrados-.
4.5% es la inflación generalizada al mes de mayo. Y en los alimentos fue nada
menos que del doble; 8.15%. Recuerde que dijimos que menos del 1% es el
incremento a la ‘riqueza’ individual.
No habrá tienda de raya (ni mucho menos, raya para pagar) que aguante ese
ritmo, si no se trabaja en conjunción, gobierno, empleadores y empleados.
Un poco de la letra trastocada de Facundo Cabral: “Pobrecito mi patrón… ahora
sí somos pobres… los dos”.