Por: Juan Sánchez-Mendoza12/06/2013 | Actualizada a las 22:09h
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Cuatro
diputados federales, que forman parte de la Comisión Especial de Programas
Sociales, estuvieron (ayer) en Ciudad Victoria para evaluar el blindaje
electoral sobre la materia, establecido en el addendum del Pacto por México. Obviamente
no encontraron anomalías. Y
eso que el membrete albiceleste asegura tener pruebas en contra. Pero
no ha exhibido una sola que sea motivo de amonestación. De
ahí que el grupo legislativo que preside José Francisco Coronato Rodríguez (MC)
–y del que también son parte sus acompañantes Leonor Romero Sevilla (PAN), Ruth
Zavaleta Salgado (PVEM) y José Alejandro Montano Guzmán (PRI)--, no haya
emitido observación alguna durante la inspección realizada en diversas
instancias gubernamentales (del ámbito estatal como del federal). Al
menos no de manera oficial, aunque en lo particular Pepe Pancho –hoy le digo
así porque ya están autorizados los apodos en los procesos electorales--, haya
pretendido ganar espacios mediáticos al asegurar que “es exagerado el blindaje,
pues independientemente de lo que establece la ley electoral, éste podría
interpretarse como opacidad gubernamental”. En
eso tiene razón. También
cuando advierte que si las administraciones públicas de las entidades,
municipios y la Federación trabajaran con responsabilidad, no tendría que haber
una sobre vigilancia de las dependencias y (todos) sus funcionarios. ¡Vaya!,
el burro hablando de orejas. Se
lo digo porque si hay un Poder al que debe vigilarse por su claro exceso en el
gasto, es precisamente al Legislativo –incluso, al Judicial--, y aunque en
ambos sí es necesaria la sobre vigilancia, no hay todavía la voluntad para
cuidarle las manos a los diputados, senadores y ministros. En
fin, algo bueno dejó la visita de esos cuatro legisladores, durante las
reuniones que sostuvieron con Edgardo Melhem Salinas (el delegado federal de la
Sedesol), el Instituto Electoral de Tamaulipas (Ietam) y ante el gobernador
Egidio Torre Cantú. La
transparencia que hay en Tamaulipas en el proceso electoral. Lo
patético Lamentablemente
hay casos en que sí es necesaria la supervisión a cargo de instancias ajenas a
los gobiernos estatales y dependencias del Poder Judicial, para evitar excesos
en el ejercicio del poder. Como
sucedió en Tabasco, durante el mandato de Andrés Granier Melo; en Aguascalientes,
con Luis armando Reynoso Femat (PAN); en Coahuila con Humberto Moreira Valdés;
en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), con Genaro Góngora
Pimentel, por citar algunos. Pero
igual es escandaloso el gasto del Poder Legislativo y hasta eso de manera
impune e inmune, ya que al amparo de su investidura sé que hay legisladores
(senadores y diputados) que gastan a manos llenas, sin que ninguna autoridad
los moleste por gozar del ofensivo fuero. Lo
peor del caso es que igual se les permite “meter su cuchara” en donde mejor les
plazca –como ahora, en los procesos electorales--, sin importarles violentar el
marco jurídico de las entidades federativas, que, por disposición
constitucional, son autónomas en sus asuntos internos. En
fin, eso amerita análisis por separado, pues la soberanía, por sí misma, no
debe permitir intromisiones de ninguna índole. Mapaches
al acecho En
este proceso electoral, el Partido Acción Nacional (PAN), como membrete, no
influirá en los ciudadanos tanto como sus propios candidatos a las alcaldías y
diputaciones en juego. De
ahí que el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) haya enviado a uno de sus mejores
“mapaches” a Tamaulipas, dado que el grueso de sus candidatos no tienen
capacidad de convocatoria, madurez política ni tampoco quieren invertirle en
campañas de tal envergadura. No
obstante sus abanderados, tanto como su dirigente estatal, dan la apariencia de
padecer fiebre electoral premura. Es
decir, sufren un estado de tensión o agitación que obnubila sus mentes, agita
su respiración y hasta les provoca paranoia, por saber que los comicios ya
están a la vuelta de la esquina. Por
tanto, sus campañas insulsas conllevan la peculiaridad de dar cabida a quienes
gusten sumarse. Y si bien es cierto tampoco son garantía de nada, hasta donde
sé a los candidatos los sostiene el orgullo propio. Por
eso no me extrañan los pronunciamientos del delegado especial de Acción
Nacional, tendientes a divulgar falsas victorias. Tampoco
me extraña que sus mejores mapaches estén al acecho. Y
hasta eso, “importados” de Nuevo León. País
a la deriva Sin distingos de ninguna índole, la sociedad mexicana
acaricia la frontera del hartazgo, gracias a la incapacidad que muestran los
actores políticos para alcanzar acuerdos y establecer un diálogo responsable
que permita superar el peligroso estancamiento en que se encuentra el país. Vivimos un escenario de confrontación cotidiana, en el
que ninguna de las partes en litigio cede, y sí, por el contrario, se han dado
a la tarea de ahondar sus diferencias generando tristes y patéticos
espectáculos, que al mismo tiempo amenazan con salirse de cause y provocar una
real desestabilización social. La rebatinga y pelea de espacios de poder tiene lugar en
todos los frentes, sin que haya un árbitro confiable que reoriente y revierta
el estado de las cosas que ya se encuentran en un punto crítico y enredado en
demasía. A este clima enrarecido también contribuyen, de alguna
manera, los medios de comunicación masiva impresos y audiovisuales. Sobre todo la radio y la televisión, cuyos imperios se
localizan en las ciudades de México y Monterrey, porque en su afán de “ganar la
noticia” del diario acontecer nacional auspician, consciente o
inconscientemente, el linchamiento hacia una de las partes en pugna
favoreciendo a la otra, sin que les importe nada más que engrosar sus
auditorios mediante el amarillismo y la estridencia que también nos tienen
cansados. El ejemplo más claro de lo aquí plasmado, es que
socialmente existe la percepción de que el sistema se niega a transformarse y
que las promesas de cambio y profundización de la democracia --a las que acudió
el actual Presidente de la República para arribar al cargo--, no pasan de ser
artificios y mascaradas a los que tanto es proclive la clase política de
nuestro país. Ello propicia el despertar del “México bronco”, con toda
la frustración de un inconsciente colectivo al que no le importa quién lo hizo
y es culpable… sino quién la pague. Esto además ocurre en situaciones de la vida cotidiana,
donde la sociedad tiende a vulnerar las reglas y leyes establecidas mientras
que los poderes y encargados de hacer que éstas se cumplan se encuentran
enfrascados en una lucha sin cuartel que amenaza la seguridad nacional, en
tanto se privilegian posturas sectarias y partidistas en abono al caos y en
detrimento al orden y la justicia. Comento esto porque los recientes acontecimientos
cruentos que han tenido lugar en todo el país, merced a la lucha contra la
delincuencia organizada, son un llamado de atención a las autoridades para que distiendan
el clima de confrontación entre los tres poderes de la Unión y entre los
gobiernos federal y estatales, y se alcancen los acuerdos necesarios antes de
que el país se les vaya de las manos. Asimismo, hago un llamado para que los medios de comunicación
masiva, principalmente los electrónicos cuyos emporios se localizan en el
Distrito Federal y la llamada Sultana del Norte (repito), cumplan con su
obligación de actuar responsablemente, de manera objetiva y veraz, en el marco
de la pluralidad y dejen de lado el morbo, la violencia y el sensacionalismo
que distingue sus contenidos programáticos y contribuyen al clima de
linchamiento que se ha enseñoreado a lo largo y ancho de la patria. E-m@il:jusam_gg@hotmail.com
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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