Por: Alejandro de Anda10/06/2013 | Actualizada a las 09:25h
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“El hombre propone; Dios, dispone. Y la mujer… lo
descompone”. Lo escuché de mi abuela materna.
La máxima casa de estudios tamaulipeca, comparte un logro excepcional. Cuando a
nivel nacional se busca un grado mínimo de estandarización de estudios, pruebas
ENLACE y otras medidas que nos garanticen que a la postre, contaremos con
profesionistas exitosos, la UAT comunica los resultados de otro más de sus
egresados, con premio nacional en su presentación de CENEVAL. La destacada
alumna de enfermería a que hacen mención (Ana Victoria Ramírez), hace una
brillante presentación de su examen EGEL; que es una prueba nacional de
aprendizaje especializada por carrera. Esperemos que se conviertan en noticias
habituales. “Mujer que se arregla en 10 minutos… es hombre”.
No. No son frases de misoginia.
Hoy deseamos hacer un brevísimo análisis, de cómo en la escala evolutiva de la
sociedad mexicana, las damas han conseguido manifestarse y ser papel
protagónico en la vida de este país.
El 17 de octubre de 1953, se publicó en el Diario Oficial de la Federación, el
decreto mediante el cual se establecía el derecho inalienable de la mujer a
participar de manera activa en la emisión de sufragios –votos- en la vida
democrática de México.
60 años transcurridos, tras una lucha intestina de decenas o cientos anteriores
–Malintzin daría testimonio al respecto- donde la compañera, madre, hija de los
combatientes en la revolución mexicana, se hacía presente como la valiente
soldadera; que no tenía mayores derechos u obligaciones, que cargarle el
parque, alimentar, cuidar a los ‘chamacos’ de los guerreros de entonces.
El primer esbozo de buscar enfáticamente los espacios de participación activa,
la da Hermila Galindo, secretaria particular de Venustiano Carranza. Era 1914 y
la mujer enviaba un escrito de puño y letra al Congreso Constituyente: “Es de
estricta justicia que la mujer tenga el voto en las elecciones de las
autoridades; porque si ella tiene obligaciones con el grupo social, razonable
es que no carezca de derechos”. Y enfatizaba “Las leyes se aplican por igual a
hombres y mujeres. La mujer paga contribuciones, ayuda a los gastos de la
comunidad, obedece las disposiciones gubernativas. Y si delinque, sufre las
mismas penas que el hombre culpado. Para las obligaciones, es igual, pero a las
prerrogativas, no se le concede ninguna de las que goza el varón”.
Los legisladores de entonces, temían que se rompiera la “unidad familiar” con
la ‘necedad de la mujer’.
Curiosamente, en 1929 el PNR (abuelito del PRI) establecía en su declaración de
principios; precisamente en su primer capítulo: “…ayudará y estimulará el
acceso de la mujer mexicana a las actividades de la vida cívica”.
Estaba en cocimiento el PAN. No surgía aún con ésas siglas.
En 1937, Cárdenas (pro feminista) decía “En México, el hombre y la mujer
adolecen paralelamente de la misma deficiencia de preparación, de educación y
cultura. Sólo que aquél se ha reservado para sí, derechos que no se
justifican”.
Tras esas declaraciones, el panista (de los primeros) Aquiles Elorduy aseveró
ante el Congreso:
“(…) el hogar mexicano es perfecto, donde la ternura llena la casa de los
mexicanos, gracias a la abnegación, moralidad, mansedumbre, resignación de
éstas…” y continúa “ciertas costumbres venidas de fuera, están alejando a las
madres mexicanas de sus hijos, de su casa y de su esposo”.
Mire usted el remate: “las señoras muy modernas, juegan más que los hombres al póker,
despilfarran –aún a espaldas de los señores maridos- buenas fortunas en
frontón; fuman que da miedo (…) los jefes de familia tenemos en el hogar un
sitio en donde no tenemos defectos. Para la mujer, su marido, si es feo, es
guapo; si es gordo, es flaco; si es tonto, es sabio”.
“Si vamos perdiendo los hombres las pocas fuentes de superioridad, vamos a
empezar a hacer cosas que no son dignas de nosotros. Ya no hay méritos mayores
en el jefe de familia, como no sea que gane el dinero para sostener la casa y
en muchas ocasiones, lo ganan ellas a la par que los maridos”.
En sesenta años, han desfilado por las boletas electorales 5 féminas por la
presidencia del país. Rosario Ibarra, Cecilia Soto, Marcela Lombardo, Patricia
Mercado y Josefina Vázquez Mota.
Hoy en día, conforman las redes más importantes de la promoción del voto en
TODOS los partidos políticos.
El inglés dramaturgo William Sheakspeare atinó a
escribir: “La mujer es un manjar digno de los dioses… pero a veces lo guisa el
diablo”.