El 30 de abril es especial en México: se celebra el día del niño y por lo general hay fiestas, festivales y otro tipo de actividades, dirigidas, claro, a los bien...
Por: Carlos Santamaría Ochoa29/04/2010 | Actualizada a las 17:55h
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El 30 de abril es especial en México: se celebra el día
del niño y por lo general hay fiestas, festivales y otro tipo de actividades,
dirigidas, claro, a los bien llamados “reyes del hogar”. Recordamos aquellos festejos cuando niños, que tenían una
dosis de convivencia, alegría y pocos dulces, quizá porque la situación no era
igual a la que hoy vivimos, quizá, también, porque no había tal variedad de
dulces ni la facilidad de adquirirlos. Era clásico, por ejemplo, que nos dieran un vaso de
refresco con palomitas, pero no más. Los pastelitos eran un plato de lujo que
no podíamos adquirir a diario como hoy en día. Actualmente, en cualquier tienda de conveniencia vemos
las ofertas de gomitas con chocolate o dulces rellenos, de chocolates
confitados y muchas otras cosas más. La facilidad y abaratamiento de las
golosinas nos permite hoy disponer de prácticamente cualquier tipo de ellas,
aunque también nos tiene en un hilo entre la cuerda que separa la manera de
vivir: adecuadamente o con una obesidad de esa que hoy nos lleva a diagnósticos
de diabetes, hipertensión, o simplemente la obesidad que ya de por sí nos tiene
con un pie en el cementerio. También jugábamos a muchas otras cosas. No había videojuegos
ni juegos de consola con los que hoy se entretienen nuestros hijos. Eran otros
tiempos y juegos, otras costumbres. También, es justo decirlo, éramos menos gordos, y esta
situación física se reducía a uno o dos compañeros que sin lugar a dudas, en
algo que se ha vuelto hoy cotidianeidad, eran el centro de las burlas pro su
sobrepeso. Actualmente no se les dice mucho, quizá porque nos hemos
acostumbrado a ver esos abdómenes voluminosos, plenos de celulitis y cubiertos
a medias, con los que muchas veces justificamos nuestro exceso de trabajo… o la
falta de atención a ellos. Algo que quizá no ha cambiado es el ver la forma en que
los pequeños ríen. Con malicia o sin ella, con actitudes positivas o no muy
adecuadas, pero la risa del niño siempre es algo especial, y su sonrisa
podríamos decir que es de las más importantes llaves del mundo: abren un
corazón más duro que una montaña o un sentimiento más cerrado que un día
nublado. La sonrisa de los niños nos enseña que hay que ver las
cosas con una inteligente inocencia, sin dejar de ver lo que realmente sucede
en nuestro entorno, que nos recuerda también que las cosas en la vida tenemos
que tomarlas de una forma que resulte agradable: tomar las experiencias
necesarias y hacerlas vivencias personales, para que, en cuanto vivamos una
situación similar, tengamos la herramienta necesaria que nos permita salir
adelante. La forma en que los pequeños nos regalan una actitud
positiva es la mejor enseñanza que muchos –millones- de adultos tenemos que
aprender. Vemos a aquellos pequeños salir a las calles donde las
bombas son blanco de todo lo que se mueve: de guerras y guerrillas; niños que
no tienen idea de lo que es sentarse a comer un plato de sopa sin problemas. Pero ante todo, la actitud de los niños nos ayuda a aprender
a vivir la vida en una forma más positiva. Tratar de aprender, de experimentar
y aplicar lo nuevo a sus formas de vida, convertirlas en vivencias y en
experiencias que se comparten. El día del niño no es precisamente un recuerdo a los
“peques” para comprarles un juguete o una bolsa de dulces. No. Es algo más profundo, o al menos, debiéramos verlo
de una manera más integral. El día del niño, como sucede con los de la madre,
el padre, la secretaria y todos esos que festejamos en nuestro país, es un
pretexto para recordarnos que tenemos pendiente la asignatura de padres, que
nunca se termina de aprender en ella, y que siempre los hijos nos entregan un
pretexto nuevo para tratar de ser mejores compañeros, amigos, pero sobre todo,
guías. Un buen padre se desempeña con excelencia y amor. No
pueden ir separadas, porque una sin la otra no deja muchas cosas para
enriquecer sentimientos y experiencias. El día del niño es una buena razón para dedicarles
minutos a ellos, para recordar que todos hemos sido niños y sobre todo,
aprender a sonreír, inclusive en las adversidades mayúsculas, para ver con
alegría lo aprendido y tener un motivo que nos lleve a la superación. Es un buen día, el del niño, para aprender a vivir de
otra forma, y para que ellos nos enseñen a actuar como adultos, y sonreír como
niños. Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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